El aquelarre de Montoro

Cartel de la película 'Las brujas de Zugarramurdi".Al señor Montoro se le ha venido a llenar la boca de rabiosa espuma contra el cine patrio justo cuando dos espléndidas películas españolas se mantienen con honor en la cabeza de la lista de las de mayor recaudación, en dura competencia con las superproducciones estadounidenses. Hace poco hablamos de La gran familia española, hoy lo haremos de Las brujas de Zugarramurdi.

Después de sus dos fallidas cintas con guión en solitario (La chispa de la vida  y Balada triste de trompeta) Alex de la Iglesia ha vuelto a contar, afortunadamente, con su guionista habitual, Jorge Gurricaechevarría, responsable del libreto de casi todos los filmes del vasco y de Daniel Monzón (Celda 211 y La caja Kovak) y han compuesto a dos manos una historia muy trabada y homogénea, con diálogos divertidísimos y personajes extraordinarios enfrentados a situaciones extravagantes.

El director vasco, con su sentido del humor peculiar, es un especialista en cine de acción. Con Las brujas de Zugarramurdi  ha vuelto a los orígenes deslumbrantes de su película emblemática, El día de la bestia, para presentarnos una historia frenética de robo, huida y aquelarre, con ritmo imparable, espléndida realización y factura visual sobresaliente, en la que destacan hasta los títulos de crédito y la música.

Publicidad

En este caso no hay diablo sino brujas y el viaje es inverso, de Madrid al norte, tras un atraco en un negocio de compraventa de oro en la Puerta del Sol, cuyo botín son varios kilos de anillos de matrimonio empeñados. Con ese tesoro de karma tan nefasto los ladrones (un padre separado y su hijo y un guaperas enamorado de su novia abogada) emprenden la huida en taxi hacia Francia perseguidos por una pareja de policías y la ex mujer de uno de los atracadores. En el camino se cruzan con el pueblo de Zugarramurdi y sus enigmáticos habitantes complicarán las cosas hasta extremos inimaginables.

Con esta cinta Alex de la Iglesia ha conjurado de un plumazo y para siempre, como en un aquelarre, todas las dudas hacia la calidad del cine español que tiene el Ministro de Hacienda y ha forjado una película sobresaliente para todos los públicos apoyada en la calidad de sus ingredientes: guión, realización, fotografía, puesta en escena… y por supuesto la interpretación. Tanto Hugo Silva como Mario Casas (los atracadores) o Jaime Ordóñez (taxista), Enrique Villén (tonto del pueblo), Pepón Nieto y Secun de la Rosa (policías), los personajes masculinos, y sus compañeras: Carmen Maura, Terele Pávez y Carolina Bang (las brujas), Macarena Gómez (la ex mujer)... actúan de manera sobresaliente.

Además, sin perder su punto canalla, el director aprovecha para acercarse con humor a ciertos temas controvertidos como el feminismo, las relaciones entre padres separados, la homosexualidad, el amor como antídoto, etc. Son impagables los diálogos del atracador que interpreta Hugo Silva con su exmujer, el discurso del personaje de Carmen Maura en el aquelarre o los consejos de las mujeres del pueblo.

Personalmente, hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una película ni me reía con tantas ganas. Ha sido la reconciliación con Alex de la Iglesia, cineasta al que admiro desde hace muchos años por diversos motivos, entre otros, porque somos de la misma generación y hemos bebido en similares fuentes estéticas y morales.

Para terminar, dos consejos al Sr. Montoro: que vaya al cine a ver películas españolas, y que si pasa por Navarra no se pare en Zugarramurdi, no sea que le hagan un conjuro o se lo coman. Que igual se lo merece.