El justo regreso de Henry Miller

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Cubierta de la obra de Henry Miller.

Pere Sureda es un editor pertinaz que acaba de hacerse cargo de Navona, una editorial que comenzó a publicar libros muy curiosos y pertinentes pero últimamente había bajado algo el tono. Sureda es editor que indaga en varios frentes y por declaraciones suyas parece ser que la editorial comenzará su nueva andadura publicando libros imprescindibles, olvidados muchos de ellos, preteridos otros, inéditos, también, algunos. Esta nueva etapa nos ha sorprendido con la publicación de dos libros curiosos, una edición de Simone de Beauvoir, inédita en español, Malentendido en Moscú, publicado en revista y que sólo hasta 2012 conoció su edición en libro publicitado a bombo y platillo, que realizó cuando acompañó a Jean Paul Sartre a una visita a la URSS y se dio de bruces con el socialismo real, y Una pesadilla con aire acondicionado, de Henry Miller, que también se anuncia como inédita en España, pero desde luego no en nuestro idioma pues mientras escribo esto una edición argentina de la obra descansa al lado de mi mesa.

Henry Miller fue autor en que se reflejó buena parte de mi generación. Tanto que cuando Jaime Salinas, que estaba de director de Alfaguara, acompañada de Ymelda Navajo, nos preguntó a un amigo común y a mí quién podría presentar Sexus, que Salinas quería tuviera cierta repercusión mediática, no se nos ocurrió otra cosa que salir con una boutade y le dijimos que el hombre adecuado sería Tierno Galván, por aquel entonces alcalde de Madrid. Jaime, hombre de olfato, así lo hizo, y don Enrique nos dio una conferencia sobre Henry Miller, sagaz, culta y un tanto hipócrita, porque daba por sentado que ere mejor pasar ante los demás por saber menos de lo que realmente sabía y, según comprobé , a Henry Miller lo tenía muy estudiado... o leído o frecuentado, para el caso es lo mismo. La presentación fue un éxito.

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Cuento esto porque el contraste habido entre la consagración de ese escritor, paradigma de la transgresión, la sexual y la de las costumbres, del que muchos quisieron fabricar el primer hippy, y su posterior apagón, en consonancia con el auge del mundo posmoderno y la burbuja del dinero fácil , es brutal, enorme, tan brutal y enorme como la sociedad de hace treinta años y la de ahora. Creo que Sureda ha sido muy sagaz al publicar un Henry Miller que viene al pelo en estos tiempos de crisis y ha obviado los libros que le dieron fama por considerar que son ya suficientemente conocidos.

Y lo cierto es que, con los años, uno termina releyendo El coloso de Marussi, un hermoso y enorme libro de viajes, y postergando La crucifixión rosada, por ejemplo, trilogía que fuera banderín de la revolución sexual de los setenta. Una pesadilla con aire acondicionado es un libro que Miller escribió a resultas de un viaje que realizó por su país en 1941 durante tres años, después de haber vivido en París y vagabundear por una Europa prebélica, terminó en Grecia con Lawrence Durrell, de la que tuvo que salir poco antes de que estallara la guerra. Leer Una pesadilla con aire acondicionado es asistir a uno de los libros de viajes más intensos e inquietantes que se han escrito en los últimos años, en agudo contraste con ese otro, El coloso de Marussi, que escribió a raíz de su estancia en Grecia y es un canto a la vida, al amor y la libertad. Grecia... Estados Unidos, cielo e infierno de un mundo que se desintegraría poco tiempo después.

“Aquí todos están muertos, salvo los negros, los indios y los ocasionales inconformistas. El estilo de vida norteamericano ha creado una tierra de desechos espiritual y cultural”, ¿Por qué las grandes obras de arte en Estados Unidos son producto de la naturaleza?... entre la primera afirmación y esta pregunta se mueve este libro que es una crítica feroz a la sociedad norteamericana que seguía sumida en la depresión económica del 29 pero que ya se estaba preparando para la guerra con su consiguiente belicismo y es mérito de Miller haberse percatado de ello pero , lo que es más importante, dar cuenta del desmesurado auge del consumismo que esa mentalidad escondía, lo que a todas luces era muy difícil ver en ese momento. De ahí el carácter un tanto visionario que recorre todo el libro.

Miller es escritor que necesita un contraste para describir un estado de ánimo. En este libro el conveniente contraste se perfila en tres frentes. La América del Norte, industrializada, y, por otro, el lado luminoso que aún queda en América, algunos Estados del Sur, y, desde luego, el lado civilizado, que sabe vivir, París, cómo no, y el Mediterráneo, simbolizado en su caso en su estancia en Grecia con Durrell y donde conocieron al poeta griego Katsimbalis.

Todo lo descrito por Miller adquiere un aire premonitorio y sería un error adscribir el libro a ciertas posturas libertarias muy típicas de los años sesenta y setenta. Miller no era un hombre desesperado sino que había pasado por situaciones extremas y estaba dotado para saber lo que podía dar de sí la sociedad en la que vivía porque sabía de la vida, había convivido con el lado marginal y para él era así una obligación huir del autoengaño, algo recurrente en la clase media de su país. El libro es corrosivo y una clara advertencia, se publicó en 1945, de lo que podía esperarse de una sociedad abierta al patriotismo como sustituto de la religión, una sociedad en la que planea un cáncer terrible: el aburrimiento. Creo que es justo en ese modo de ver donde se encuentra el Miller más sutil con esta América que prefiguraba un futuro de consumismo desaforado: el aburrimiento como premisa para entender el enramado en que se basa el mundo de hoy. No es mal comienzo. Derrotismo, decrepitud... frente a todo esto habría que refugiarse algún día en “cavernas democráticas”.

Pesadilla con aire acondicionado es uno de los libros en que más y mejor se alude a la libertad y a las ganas de vivir. Quizás sea esa la razón de la pervivencia de este escritor a través de los años. No decae en momento alguno y ello sucede porque en realidad ahí se ha tocado algo de verdad. Siempre ocurre.

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