Gastón Baquero, el Grande, cumple 100 años

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Gastón_Baquero
Imagen de archivo del poeta cubano Gastón Baquero. / blogfundacionbancosantander.com

La Fundación Banco de Santander –con perdón- en sus Cuadernos de Obra Fundamental, acaba de editar un libro, Fabulaciones en prosa, que reúne trabajos y cartas de Gastón Baquero, poeta cubano exiliado en España, que nació hace cien años en Banes, el mismo pueblo que el dictador Fulgencio Batista, del que fue senador. Había salido tarifando de la Cuba castrista en 1959 y al llegar a España encontró que los poetas, novelistas, filósofos y demás intelectuales le hicieron el vacío por el tufillo a “gusano” que les parecía emanaba de su enorme humanidad. No en vano Ernesto Guevara, Che, lo llamó vocero de la reacción en un tono que no dejaba duda de lo que podría haber sido de él si llega a quedarse en Cuba.

El libro reúne escritos en prosa cargados de poesía, apenas divulgados o directamente inéditos. Ensayos literarios como el dedicado a su compatriota Guillermo Cabrera Infante, otros de Paul Valèry, Thomas Mann… También cartas a amigos y otros textos de literatura, filosofía, música y de tantas cosas que él conocía bien. El compilador del libro, Alberto Díaz-Díaz, ha dicho de él que era una figura renacentista, un humanista, lo que ahora, sin humanidades en la escuela, quizás ni se entienda.

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A contraluz, la figura gigante de Gastón Baquero, en los pasillos de la Casa de la Radio, donde trabajábamos, parecía salir de algún relato fantástico. Pero se trataba tan sólo de un poeta encerrado en un corpachón un tanto destartalado, que sobrevivía en España como podía, simulando bienestar, acomodo y un toque de burgués transterrado, cuando su auténtica biografía habla de un hombre que nació humilde y humilde murió.

Para cuando el Círculo de Bellas Artes, la Residencia de Estudiantes y RNE quisieron montarle un homenaje de postín, en mayo de 1997, Gastón expiraba en un hospital sin que sus ojos se alegraran con la gloria terrenal que, por otra parte sí había rozado en la Cuba de los años 40/50.

Si lo interceptabas en esos anchos pasillos de la radio, él te sacaba de la duda que fuera, desde una fecha clave en la producción poética de Víctor Hugo, hasta cómo salvar a la desdichada difenbaquia que languidecía en la ventana de la redacción, no en vano él iba para ingeniero agrónomo antes de que se le cruzara la poesía.

Pero las cosas de la vida convirtieron a Baquero, a los ojos de los hombres, en un simple reaccionario, lo que no le daba cuerda para ser escuchado en su propia patria, donde su nombre fue expurgado de los libros. Allí apenas lo conocen, a pesar de ser –lo dicen los que saben- el poeta más importante del siglo XX cubano. Como él mismo dejó escrito a propósito de Hugo, la ideología no debe suponer un obstáculo para conocer la valía de un poeta.

Quizás se produzca un poco de justicia histórica con este libro, qué ironía, publicado cuando se cumplen cien años de su nacimiento. A lo mejor, sirve para que lo lean en su Cuba querida que él anhelaba unida: izquierdas y derechas, barbudos y lampiños. Para exorcizar la muerte, como quiso él en un soneto que aquí queda. 

Soneto para no morirme
Escribiré un soneto que le oponga a mi muerte
Un muro construido de tan recia manera
Que pasará lo débil y pasará lo fuerte
Y quedará mi nombre igual que si viviera…

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