La Ley de Arrendamientos Urbanos barre las tiendas históricas de Barcelona

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La Colmena
Escaparate de La Colmena. / barcelona.salir.com

Hay en Barcelona algunos establecimientos centenarios, y otros, casi, que tienen escrita la fecha de caducidad debido a la entrada en vigor de la Ley de Arrendamientos Urbanos municipal que pretende actualizar unos alquileres anticuados. En algunos casos, como en el de la pastelería La Colmena, de la Plaza del Angel, el precio se dispara al 900 por ciento.

Un caso parecido es el del emblemático Colmado Quílez, en plena Rambla de Cataluña, al que el aumento del alquiler llega al 700 por ciento. En ambos casos, ese aumento es posible que comprometa la continuidad del negocio. De hecho, sus dueños han tirado la toalla y dicen que se van, que echan el cierre.

El Quílez no es una tienda de ultramarinos al uso, o sí lo es, ya que lo difícil es encontrar ahora una tienda de ultramarinos en España, convertidas todas en franquicias de más de lo mismo o en supermercados, hipermercados o chinomercados. El Quílez es un monumento ultramarino, con unos escaparates que muestran pequeñas joyas del comisqueo y suculentos paquetes de variado contenido. Parece que le esté haciendo un anuncio pero invito a quien quiera pasarse por Barcelona a que lo compruebe.

No son las primeras que caen ni serán las últimas. Por mucho que el progreso de las ciudades no oculte una motivación económica, a estas alturas del siglo XXI a nadie se le escapa la importancia económica, precisamente, de conservar los lugares históricos que dan carácter a una ciudad. Y si hay una ciudad que hasta ahora haya conservado más de estos sitios, ésa es Barcelona.

Este debate, no crean que se queda aquí. También en Gran Bretaña andan discutiendo si hay derecho a que los más señeros pubs del país, esas Public Houses que antiguamente no permitían la entrada de señoras, estén desapareciendo o bajo amenaza de hacerlo. No hace mucho tiempo -¿o tal vez sí?- hablábamos en cuartopoder.es de este tema a propósito del cierre de una librería barcelonesa  y hasta de un café histórico en Buenos Aires. 

No se trata de viejas nostalgias de viejos sino de señas de identidad de las ciudades, que se van perdiendo. A lo mejor no tiene que importar mucho, al fin y al cabo, la vida pasa y nosotros pasaremos igualmente, pero, en estos tiempos en los que hay cierta manía de conservar lo antiguo porque da dinero, a qué engañarse, resulta curioso que se dejen escapar tantos sitios de reunión de la gente: cafés, librerías, tiendas de ultramarinos, mercerías… que acaban indefectiblemente convertidos en bancos o en algo peoR, si es que esto existe.

Como toledana de pro, no puedo olvidar la desaparición del Café Español, un café de principios de siglo XX, que esquinaba entre la plaza de Zocodover y la Calle del Comercio, a la que todos llamábamos la Calle Ancha. La de tardes de presunto estudio de exámenes que habremos pasado allí generaciones enteras; la de discusiones políticas, la de lucubraciones metafísicas. Pues ahora es un banco, así que se acabaron las discusiones y la filosofía.

No es que perdamos un escaparate bonito o un salón de veladores de mármol y sillas tonet, es que se pierden plazas de encuentro, donde la gente se relaciona y charla. Son sitios de humanización.

Habrá algún madrileño que recuerde la cervecería Kühper, frente al Café Comercial, en la glorieta de Bilbao, que aún resiste. Era una cervecería coqueta y de sabor vienés que pasó a mejor vida a favor de adivinen ustedes qué.

A lo mejor no hay que rasgarse las vestiduras porque el ingenio humano y su necesidad de socializarse buscarán siempre nuevas vías y nuevos sitios. La excusa podrá ser intercambiar semillas o trabajar juntos en algún proyecto interesante. Quizás simplemente charlar de cualquier cosa, o puede que idear en grupo nuevas vías de entendimiento entre los homínidos que seguimos poblando esta Gea amenazada. Lo imprescindible es que no nos roben lo que nos pertenece a todos y que es intangible pero a veces depende de sitios físicos. A ver si se ponen las pilas los del Ayuntamiento de  Barcelona.


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4 Comments
  1. Silvia Padr says

    Esta muy bien la reflexión, que creo, todos compartimos, pero estaría bien completarla con el motivo por el cual los establecimientos centenarios, no sólo en Barcelona, sino en toda España cerrarán sus puertas, a menos que quieran pagar rentas que pueden ser 8, 10 o 20 veces superiores a las que ahora pagan.

    La ley de arrendamientos urbanos vigente ley 29/1994 estableció en su disposición transitoria tercera que los locales de negocio sujetos a la ley de arrendamientos urbanos de 1964, seguirían sujetos a esa ley (son los llamados «contratos de renta antigua) durante veinte años. Ese plazo, queridos amigos, termina este año, y los propietarios podrán fijar la renta que consideren con precios de mercado.

    Por ello la mayoría de bares y tiendas centenarios de nuestras ciudades desaparecerán y con ellos parte de nuestra historia. En su lugar, para nuestra desgracia, habrá un banco o una tienda de Zara o Mango.

    Adjunto aquí la normativa que lo hace posible.

    Disposición transitoria tercera. Contratos de arrendamiento de local de negocio, celebrados antes del 9 de mayo de 1985.

    B) Extinción y subrogación.

    3. Los arrendamientos cuyo arrendatario fuera una persona fisica se extinguirán por su jubilación o fallecimiento, salvo que se subrogue su cónyuge y continúe la misma actividad desarrollada en el local.

    En defecto de cónyuge supérstite que continúe la actividad o en caso de haberse subrogado éste, a su jubilación o fallecimiento, si en ese momento no hubieran transcurrido veinte años a contar desde la aprobación de la ley, podrá subrogarse en el contrato un descendiente del arrendatario que continúe la actividad desarrollada en el local. En este caso, el contrato durará por el número de años suficiente hasta completar veinte años a contar desde la entrada en vigor de la ley.

    4. Los arrendamientos de local de negocio cuyo arrendatario sea una persona jurídica se extinguirán de acuerdo con las reglas siguientes:

    1.ª Los arrendamientos de locales en los que se desarrollen actividades comerciales, en veinte años.

  2. Elvira Huelbes says

    Gracias por tan completa aclaración, Silvia. Seguramente, algunos de estos propietarios podrían rascarse el bolsillo para sacar adelante sus tiendas, pero el beneficio que se quiere sacar -tipo el 56 % de Cocacola- no da para repartir. La avaricia, y no la LAU, barre las tiendas bonitas, debería haber titulado, en efecto.

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