La frenética farsa de Álex de la Iglesia

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El director Álex de la Iglesia, durante la presentación de su segunda novela 'Recuérdame que te odie'. / Efe

Álex de la Iglesia, el afamado director de cine, es un amante de los juegos de rol, de los cómics y novelas gráficas, ¿hace falta repetirlo después de haber visto El día de la Bestia o La comunidad?, pero es también un hombre que tiende a expresarse en la narrativa, publicó en 2009 su primera novela Payasos en la lavadora, con una independencia muy curiosa respecto a su labor como cineasta, quizá porque ésta se desarrolla en un trabajo de índole colectiva y la novela es un esfuerzo solitario, admite otras reglas.

El autor se ha dolido muchas veces de lo preterida que está la comedia en España respecto a otros géneros. Supongo que se referirá a cierto desprecio de los llamados “cejas altas”, los defensores a ultranza de la alta cultura, pero hay que decir que en muchas etapas de nuestra cultura ha sido la comedia el único género que ha estado a la altura que los tiempos requerían, y no es baladí que la película española de los años de plomo del franquismo de mayor excelencia fuera Bienvenido Mister Marshall. Hay una tradición de la farsa que viene del Barroco y se desarrolla plenamente en le siglo XIX, con ribetes costumbristas, y desemboca en el XX con plena modernidad expresiva, donde brilla por sí solo el esperpento de Valle Inclán. En cierta manera representa nuestra tradición más digna.

Esa tradición es la que conmueve a Álex de la Iglesia y a la que hay que remitirse cuando se quiera entender a que maestros se acoge. Pero en el fondo, por muy brillante que haya sido la farsa en España, no le falta razón de queja. A Álex de la Iglesia le gustan especialmente Miguel Mihura, Tono, Neville, gente que salieron del magisterio de Jardiel Poncela, la llamada “la otra generación del 27”, también Ramón Gómez de la Serna, nuestro primer moderno y que pasó por las vanguardias con la lucidez de un rayo, tan repentino y genialoide fue, y ya en nuestro tiempo, Eduardo Mendoza, que cultiva otro género de humor, más volcado a la ironía anglosajona, pero del que tengo que decir que, nos guste o no, su mejor novela sigue siendo la primera y que tenía que ver poco con el género, La verdad sobre el caso Savolta, libro tan importante en el momento en que se publicó ya abrió la etapa denominada “nueva narrativa española”.

Ahora, Álex de la Iglesia, acaba de publicar su segunda novela, Recuérdame que te odie, que ha editado PlanetaÁlex de la Iglesia es un hombre que propende al frenesí, a lo caricaturesco, a pintar con brocha gorda, casi expresionista, una realidad que muchos quieren contemplar con gafas de intensidad reducida. Estos dones hacen que el autor se fije en los detalles, que analice lo social con lupa de conocedor pero también con el frenesí que otorga saber que esta actitud lleva a la liberación. Gracias a estos dones Álex de la Iglesia está muy alejado del costumbrismo, género que en España sigue haciendo estragos, confundiéndose muchas veces con el realismo y del que muchos no saben salir por el encorsetado convencionalismo, de la trampa casi saducea, que conlleva ese modo de representar la realidad.

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Portada de 'Recuérdame que te odie'. / planeta.es

La novela emerge como un disparate feroz, como un frenético viaje a ninguna parte que lleva a cabo Rubén Ondarra, un editor un tanto agobiado por sus propios fantasmas que busca el paradero de un dibujante de cómic que él publica y que, además, error imperdonable, se supone que es algo más que amigo suyo, Bruno Kosowski. El tal Kosowski ha desaparecido sin dejar huella, salvo un piso inundado del que emerge el grabado Melancolía, de Alberto Durero, enigmático a pesar de los raudales de tinta impresos en torno a su iconografía y no sólo Panofsky . Este grabado le sirve, como le sirvió en otros órdenes de cosas a Leonardo Sciascia para escribir su última novela, otro grabado de Durero de la misma serie El Caballero, la Muerte y el Diablo, para ser elegido a modo de guía a descifrar, de mapa de isla del tesoro, para hallar el paradero del neurótico Kosowski.

La trama es una excusa en esta novela, como casi todas las tramas, para hacer otra cosa. Lo mejor de este novela son las etapas, a modo del juego de la Oca, que tiene que sufrir el insufrible Ondarra para descubrir el misterio. Álex de la Iglesia es, sobre todo, un autor inteligente, ello es de agradecer, y aunque piense que debería haber escrito la novela en tercera persona, no en primera, inmiscuyéndome en la libertad de cada uno porque creo que el libro hubiera mejorado al otorgar una distancia necesaria, pero lo cierto es que esto no es lo más importante. El autor sabe combinar el lenguaje más común, el lenguaje más tópico, si se prefiere, con observaciones de enorme sugerencia. En esto resulta irresistible, lo que demuestra lo bien que supo asimilar lo mejor de la tradición cómica española. Así, en medio de la Coupole, al insufrible Odarra le da por una digresión más en un mar de ellas: “ El oxímoron es un arte. Hielo abrasador, fuego helado, herida que no duele y no se siente (de Quevedo) son buenos, y podrían aplicarse a Julie London, al Dry Martini y a los pechos de Montse de manera indistinta”, frase que precede a una persecución de coches, Ondarra quiere ir a Disneyworld en un Citroën que le conduce por el túnel del Alma, en un remedo del accidente de Lady Di. Ya digo, un disparate, pero un disparate que funciona narrativamente porque la novela mantiene la sugestión al modo de esas proyecciones que emiten imágenes fascinantes, frenéticas, de continuo, sin otorgar respiro.

Ni que decir tiene que el final es imprevisible, inteligente, sorprendente, y no debo contarlo, pero es el único final posible de una narración que sólo así adquiere coherencia. El Álex de la Iglesia narrador no es tan distinto del Álex de la Iglesia cineasta, pero parece que en la ficción se concentra en otro tipo de frenesí, no más íntimo pero sí más confesional. Recuérdame que te odie es una buena comedia, de las de tinta, no de pantalla. Está en la tradición de sus queridos Mihura y Tono. Por lo menos en cuanto al punto loco.

2 Comments
  1. paco otero says

    desde hace tiempo pero cada día mas aun sonando a adulación, postulo y demando para usted maestro, el nacional de la critica …y si no existe que lo creen y si ya se lo dieron que lo repitan…¿algo mas ? pues eso. ya esta…

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