Peret, esto no se ‘pué’ aguantar

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El cantante Pere Pubill Calaf, más conocido como Peret, ha muerto hoy en el Hospital Quirón de Barcelona a los 79 años por un cáncer de pulmón. /Efe

Después de una falsa noticia de su fallecimiento, sobre mediodía, la familia ha confirmado pocas horas más tarde la muerte del músico Peret a los 79 años en la Clínica Quirón de Barcelona, a raíz de un cáncer de pulmón. Había sido ingresado en julio y hay que decir que hasta poco antes de ser ingresado, el cantante seguía actuando y realizando galas. Genio y figura.

Porque la enfermedad le pilló justo en el momento en que estaba preparando su primer disco en catalán y terminaba otro en castellano, lo que prueba la pasión incurable de este músico, nacido en Mataró en 1935 de nombre Pedro Cubill Calaf, en aras de un arte que le llevó a una renovación del género de la rumba catalana. Hijo de un tratante ambulante en tejidos de Reus, vivió hasta los cuatro años en un asentamiento gitano y luego se trasladó a la calle Salvadors de Mataró. Trabajó en los más variados oficios, como quiere el tópico periodístico, aun siendo verdad: de chatarrero, tapicero, ebanista, es decir, los oficios más variados para dedicarse, en el fondo, a aquello que nunca cambiaba, la música, aquello que era más que un oficio, que era un destino.

Y al carácter forja el destino. Peret actuaba ya con 12 años en el Tívoli de Barcelona el día en que se le ocurrió ver la función doña Eva Huarte de Perón, que presidió la gala donde actuaba el chico. No fue mal comienzo y conociendo el grado de correspondencias del imaginario gitano, es probable que a Peret aquello le sonara a buen augurio. Pero lo cierto es que poco a poco comenzó a destacar en la guitarra y con ese instrumento, en el modo de tratarla, creó un género, la rumba catalana, que representó en la España de los sesenta un nuevo cambio de rumbo en su imaginario, junto al 600, las vacaciones en la playa y las ventas a plazos. La rumba catalana, además, se asoció también a la entrada de turistas en nuestras playas, contribuyendo a cierta liberalización de las costumbres, impensable una década antes. La rumba catalana marcó, así, un signo indeleble de modernización popular y fue capaz de formar nuevas imágenes de lo que ahora un cursi llamaría la marca España. Fue la música correspondiente a ese "España es diferente" que ahora se nos antoja un alarde de publicidad pero que tenía mucho de improvisación, de encomendarse al destino.

Peret fue nombrado ya Rey de la Rumba en 1957, después de que se desfogara trabajando tres años junto a La Camboira. A principios de los sesenta grabó su primer disco, donde había canciones que ya le hicieron famoso, como Lola, Recuerda o Ave María. Después de esa  primera grabación, Peret se fue a trabajar a Montevideo y Buenos Aires, haciendo unas Américas un tanto frustrantes. Tanto que regresó a España. Aquí se enteró de que andaban buscándole para grabar un segundo disco porque el primero había tenido cierta acogida.

Peret, hombre sencillo, no terminó de creerse aquello del éxito y tuvo que esperar al año 68, antes ya había actuado en el mismo Festival del MIDEM, que se celebraba en Cannes, para que se le reconociera internacionalmente con un tema que se convirtió en la canción señera de la carrera del cantante, Una lágrima. A Peret el éxito le vino pronto. Y habla de su genuina conformación como artista el que a pesar de que se convirtiera para miles de españoles en el autor de esa canción, su repertorio no hizo más que crecer con los años. Nos deja así, por lo menos, dos discos póstumos.

Es curioso que Peret, que contribuyó a su manera a una cierta idea de la modernización de su país, tuviera en el año 68, año un tanto inquieto en revueltas de todo tipo, su año decisivo, su año milagroso. Tom Jones le invitó a un programa de la BBC, un show bastante famoso que dirigía el músico británico y capaz de poner de moda a cualquiera que actuara allí. Fue un espaldarazo decisivo porque no hay que olvidar que miles de turistas ingleses veraneban en playas catalanas, mallorquinas y andaluzas y en los chiringuitos sonaba Peret a todas horas... sobre todo las nocturnas.

Ese milagroso año actuó en el Festival polaco de Sopot, el Festival de la Canción de Europa Oriental, donde consiguió el Gran Premio del Disco. Y por si fuera poco, un género que España inventó, la canción del verano, fue ganada ese año por El gitano Antón, uno de los temas peretianos por excelencia. Ya digo, su año milagroso.

Y en realidad fue así, porque lo que vino después, sigamos parafraseando sus temas, "no se pué aguantar". En el 74 concursó en el Festival de Eurovisión quedando en noveno lugar, pero es que ese festival no era lo suyo, no se conformaba a su estilo. Luego le entró la vena evangelista, como a muchos miembros de su etnia, y se hizo Pastor de la Rama de Filadelfia. En 1990, no contento con algunas imposiciones, abandonó la Iglesia Evangelista y se dedicó a pastorear por cuenta propia. Durante esos años produjo discos pero no compuso ninguno suyo: lanzó a EL Palo o a Chipén, pero no fue hasta 1991 en que regresó a la música con No se pué aguantar, donde contó con la colaboración de Chipén y Los Amaya. En fin, así hasta antes de ayer mismo, en que seguía actuando y convertido ya en leyenda por músicos más jóvenes que le rindieron magisterio, como Jarabe de Palo o Estopa.

Peret, una lágrima muchos han derramado por tí en el día de hoy y no en la arena. Y aunque te pega que murmures algo así como "No se pué aguantar", hay que entender a la gente que te quería. Luego, eso sí, nos marcamos todos una rumba catalana. Faltaría.

 PeretVevo. Youtube
3 Comments
  1. santulalla says

    El mejor articulo que he leído de este señor

  2. santulalla says

    Buen articulo de este periodista

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