Viva el Festival de Filosofía de Módena

Festival_Filosofía_Módena
Aspecto del Festival de Filosofía de Módena / Giuseppe_Bignami (festivalfilosofia.it)

Clausuran esta misma tarde en Módena la decimocuarta edición del Festival de Filosofía, una fiesta rara, una reunión de filósofos –aunque admitan a escritores y artistas; creadores, en definitiva- que tienen la peculiaridad de convocar a un público de unas 200.000 personas. Propongo a la organización que entre los creadores incluyan a algún científico. Sería una aportación.

Creo que sólo podría darse en Italia una organización de estas características y que sobreviva 14 años. Italia exhibe así su equipaje clásico, Roma, el latín, el Imperio, etc. El festival subsiste gracias al apoyo público, que recortar recorta, pero por otro lado. Eso sí que es rendimiento del bueno.

Publicidad

Entre las figuras asistentes a los debates y las conferencias, están nombres conocidos y respetados como los de Zygmunt Bauman, Laura Bazzicalupo, Remo Bodei, Marc Augé, Emanuele Severino y el único español, Javier Gomá. También participa Alessandro Baricco, el autor de Seda (Anagrama, 2007) que, no en vano, se licenció en Filosofía. Pero el programa no sólo consideraba las lecciones magistrales de los filósofos y escritores sino que estaba envuelto en exposiciones, conciertos, juego de niños y la omnipresente gastronomía. Los amantes de la sabiduría necesitan comer algo de vez en cuando.

Si el año pasado, el Festival trató de sacarle brillo al concepto Amor, este año ha sido la Gloria, la gloria en la tierra, entre los seres humanos, la que perpetúa el nombre de sus portadores por los siglos de los siglos, frente a la celebridad, la fama, la popularidad. Podría decirse que la gloria dura más; aunque con el plan Bolonia y otros masterplanes anticultura, se deba temer lo peor. Pero, a lo que íbamos.

El festival empezó el viernes por la tarde con una exposición de Carlo Galli sobre Los poderes y la Gloria, que casi parecía pensada a propósito de la muerte de Botín, el banquero cuyo nombre todo lo dice, el muerto más rico del cementerio, cuya gloria sólo un loco creería que vaya a sobrevivir mucho más que las elegías producidas.

El único español invitado ha sido, como decíamos arriba, Javier Gomá, un bilbaíno que dirige la Fundación Juan March (dejemos aparte la memoria -¿la gloria?- del personaje que da nombre a la citada fundación) y que en breve concluirá su Teorema de la experiencia y la esperanza que la editorial Taurus tiene previsto publicar dentro de poco, en octubre. El Teorema es la reunión de sus libros anteriores: Imitación y experiencia (Pre-Textos 2003), Aquiles en el gineceo o aprender a ser mortal (Pre-Textos, 2007), Ejemplaridad pública (Taurus, 2009) y Necesario pero imposible o ¿qué podemos esperar? (Taurus, 2013).

El Festival que hoy termina es para Gomá un acierto porque deja fuera el formato academicista y abre puertas al campo para celebrar la vida, el pensamiento, el arte. Una fiesta. Lleva razón el director de la Juan March, la filosofía es cosa de todos, pensar debe serlo. Todos y cada uno de nosotros tenemos una particular –a menudo, peculiar- interpretación del mundo y la realidad.

La filosofía de vida del extinto banquero, fue, según propia confesión, “devorar antes de ser devorado”, un pensamiento bastante pesimista que le hizo rico. Para otros, cuando les preguntan qué quieren ser de mayores, responden: “Feliz”, como dicen que dijo John Lennon, de pequeño. De pequeño, Emilito se dedicaba a escuchar tras la puerta las conversaciones de negocios que su padre mantenía con las visitas, para ir aprendiendo. ¿Lo que era la vida? Lo que era hacerse rico por la vía rápida, eso sí. Pero, la vida...

Dice Gomá que la democracia es el momento más brillante de la historia humana, “pero tiene una contrapartida, con la que es perfectamente compatible: la desilusión individual”, el desconcierto, la rabia. Que se lo digan a las jóvenes generaciones españolas, forradas de maestrías y sin estrenarse en ningún puesto de trabajo, mientras contemplan cómo la democracia favorece que otros se forren de billetes a costa de su decepcionante presente.

Que en medio de una crisis que ahora señala a Italia con la amenaza de más austeridad se celebren festivales como éste es una lección, un recordatorio de la ventaja que nos lleva a los españoles la sociedad italiana. Por mucho que a Rodríguez Zapatero -¿se acuerdan?- se le llenara la boca asegurando que la estábamos dejando atrás. Qué iluso, qué bobo.