Juan Goytisolo, esa tradición heterodoxa

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Fotografía de archivo, tomada en Madrid el 26/02/2008, del escritor Juan Goytisolo. / Kote Rodrigo ( Efe)
Fotografía de archivo, tomada en Madrid el 26/02/2008, del escritor Juan Goytisolo. / Kote Rodrigo ( Efe)

Juan Goytisolo, el escritor que hizo de la tradición heterodoxa su bandera, ha sido galardonado con el Premio Cervantes de este año, suponemos que en reñidísima competencia, pues, según el ministro José Ignacio Wert, fue elegido tras siete votaciones. No es para menos. Juan Goytisolo ha sido siempre escritor controvertido y si bien es cierto que por edad, en acorde con la evolución política del país, es persona susceptible de ser galardonada, de hecho ha recibido muchos de ellos, lo cierto es que sigue siendo figura incómoda en muchos sectores. Se especulaba desde hace años con su nombre para el Cervantes, los últimos estaba siempre en todas las especulaciones en torno a la candidatura, pero no ha sido hasta hoy que el Premio en lengua española más importante ha recaído en él.

Para mi generación Juan Goytisolo es persona muy querida. Yo comencé a leer Campos de Níjar, un bello libro sobre Almería, y enseguida entré en una corriente narrativa, con Señas de identidad, donde descubrí, porque la habían secuestrado, una tradición española que Goytisolo con ese especial ahínco que le caracteriza, hizo durante muchos años justo eso, sus señas de identidad narrativas. Una tradición que estaba entera en Historia de los heterodoxos españoles, de Menéndez Pelayo, pero que la izquierda, miope, no se había percatado por puro prejuicio, despreciar lo que se ignora y, sobre todo, lo que parece provenir de la derecha.

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Sí, es cierto que alguno sabía del Abate Marchena pero la lectura del libro en que Goytisolo se ocupó, el de los escritos de Blanco White nos abrió a otras perspectivas, porque los heterodoxos no solamente estuvieron vinculados a la Revolución Francesa sino que desde los erasmistas hasta los liberales casi no hay un nombre español que no esté asociado a las corrientes de libertad del pensamiento europeo. Lo de Blanco White venía que ni al pelo porque nos rescataba un clásico enormemente desconocido y de una gran excelencia, pero también porque nos imbuía de lleno en la gran tradición liberal española del XIX, escamoteada sin piedad por tirios y troyanos.

Así comenzó el ejemplo de Goytisolo. Luego leí los dos tomos que formaron la trilogía, en ediciones mexicanas, la de Joaquin Mortiz, Reivindicación del conde don Julián y Juan sin tierra, y entramos en otra corriente española escamoteada hasta que Goytisolo volvió a ponerla en el tapete: la de la tradición árabe y judía en una España oficialmente, y, por tanto, falsamente, cristiana. De las tesis de Américo Castro, Goytisolo hizo bandera, pero llegó más lejos, y ese Álvaro Mendiola, alter ego de la trilogía narrativa, termina identificándose con una tierra donde el pasado, la memoria de los muertos, es reivindicada en su valía, en la conformación cercenada de la personalidad de toda una cultura.

Goytisolo, por otro lado, acompañó esa heterodoxia, que buceba en una tradición preterida, con una innovación estilística que, creo, posee una mayor importancia. Al fin y al cabo estamos hablando de un escritor. Juan Goytisolo es cervantino, pero cervantino de buen tino, es decir, no es un adorador de Cervantes sino de su ejemplo, y así lo ha desmostrado en los más variados registros narrativos.

Desde Makbara, donde se adentra en el universo marroquí, hasta Paisajes después de la batalla, Las virtudes del Pájaro Solitario , La saga de los Marx, Telón de boca, El sitio de los sitios, donde usa la técnica del collage, a Goytisolo siempre le gustó no hacer distinciones entre esa técnica artística y la mezcolanza cultural, y esa técnica del collage, claro, incluye elementos anacrónicos que funcionan de manera idónea introduciendo textos sacados de esa heterodoxia española y mezclándolos con historias que tienen que ver con el mundo de hoy, el sitio de Sarajevo sin ir más lejos.

Hay, además, un Goytisolo ensayista al que me referí con Blanco White: aún recuerdo que en un examen de Literatura en la Facultad cité las tesis de Juan Goytisolo sobre La Celestina, lo del autor como judío converso, y sólo el azar me libró de ser suspendido, aunque no de ser amonestado. Aquello, recuerdo, me llenó de cierto orgullo porque, además, supe que  estaba dando en la diana y en momentos así uno se descubre, agradecido a un maestro que desgraciadamente no estaba en la cátedra sino en libros que había que comprar en la clandestinidad. Luego vino lo de Francisco Delicado, amén de Manuel Azaña, mucho antes de que la derecha liberal , en rara habilidad que le ha durado apenas un lustro, quisieran hacer suyo el legado del escritor y politico de Alcalá.

Aún hay más. El Goytisolo memorialista. Coto vedado y Los reinos de Taifa, dos hitos en el memorialismo esapñol, enormemente pudoroso en su tradición, porque justo es lo que el lector no se va a encontrar aquí. Pudor no es lo contrario de exhibicionismo. Si fuera así habría que decir que Goytisolo es pudoroso, lo que no es el caso. Sí discreto, pero eso es otra cosa. En estos libros el autor describe las relaciones con su familia, la Barcelona de la guerra, la muerte de su madre, su militancia antifranquista, y su homosexualidad, que descubre en paralelo con el salto que da en su evolución literaria.

Frente a la castidad tradicional del cristiano vive La Celestina, La lozana andaluza, el Cancionero de Burlas, la obra del Arcipreste de Hita. Cosas que ya son sabidas.. ahora. Si respecto a esa revisión del pasado hay ya cierta normalizacion, ello se debe en gran parte a escritores como Juan Goytisolo. Ese legado es impagable.

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