El Montecristo de Obama y otros cinco puros magníficos

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aspira el aroma de un puro habano Montecristo del A tras el fin del bloqueo a Cuba. / Captura de YouTube

Cuántas veces no los habrán fumado a escondidas, lejos de las cámaras, a puerta cerrada, igual que Aznar hablando catalán en la intimidad. John Fitzgerald Kennedy no inició el bloqueo contra Cuba sin antes aprovisionarse de más de un millar de Petit Upmann, su habano favorito. Arnold Schwarzenegger, en sus tiempos de gobernator californiano, armó un escándalo esdrújulo cuando fue visto en Canadá fumando un Partagás de camino al aeropuerto. Paul Auster escribió su mejor guión de cine alrededor del humo, de personajes centrifugados por la vida y de un estanquero tranquilo que comercia con habanos de contrabando y que cada mañana, a la misma hora, fotografía su estanco en una esquina neoyorquina para retratar el rostro tartamudo del tiempo. Lástima que en la realidad Auster no tuviera el mismo valor que en la ficción y decidiera no recoger un premio que le había dado una asociación de fumadores aprovechando que venía a España a recibir un importante galardón literario.

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Sí, el tabaco está muy mal visto, por eso esa foto que se hizo Obama aspirando con su narizota un Montecristo del A para celebrar la reapertura de relaciones con Cuba tiene más lustre y más coraje que un centenar de discursos. Es el equivalente de un jefe indio fumando la pipa de la paz, aunque Obama no se atreviera aún a encenderlo. Al otro lado del muro acuático estaba Raúl, el hermano de Fidel, el incombustible líder de la revolución que desde 1958 ha visto pasar casi tantos presidentes estadounidenses como los cantantes viejitos de Buena Vista Social Club. En la película de Wenders, los viejitos iban señalando las figuritas presidenciales del escaparate una a una, como si fuesen primos remotos que se habían ido muriendo. Uno de los viejitos (creo que era el pianista Rubén González) subía hasta lo alto del Empire State Building con su bolsa de jubilado y se ponía a buscar a "la Señora" en medio de la bahía del Hudson. Saludaba a la Estatua de la Libertad, a la que había visto en una gira en los años treinta, como si fueran viejos conocidos, como si la Libertad fuese algo más que una palabra de ésas que necesitan mayúsculas donde apoyarse. En aquel tiempo el bloqueo estaba en su momento crítico, cuando la isla perdió el apoyo de la URSS, recién desmoronada tras la caída del muro, y los cubanos empezaron a comerse a sus perros y sus gatos, a empanar los felpudos y a hacer lonchas con los neumáticos.

No obstante, ni siquiera en medio de esa triste hambruna, los habanos perdieron ni fuerza ni dignidad. Aguantaron en sus cajas de municiones, lo mismo que el pueblo cubano resolviendo el día a día mientras Fidel resistía en chándal los embates de la edad. A mí me siguen pareciendo un regalo incomparable, un maravilloso objeto de artesanía que, en el momento de llevarlo a la boca, ha pasado antes por cientos de operaciones manuales. A continuación detallo cinco puros magníficos que, como el Montecristo del A, merecen saborearse despacio.

Cohiba Siglo VI

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Logo de la casa Cohiba. / Club Pasión Habanos

Llamado familiarmente "el cañonazo", es para muchos, conocedores y desconocedores, el puro cubano por excelencia. Sin embargo, recuerde que es una de las pocas marcas posteriores a la revolución, con lo que cualquier mención al Cohiba en la Segunda Guerra Mundial o en la Primera (como sucede en ciertas novelas que yo me sé), resulta un anacronismo tan burdo como sacar a Julio César comiendo una tortilla de patatas. Equilibrado, suave, ligeramente dulce y de tiro extraordinario, únicamente cuenta con el inconveniente del precio: sale aproximadamente al doble de sus homólogos cubanos. Por lo tanto, si usted encuentra una ganga de ésas en que una caja de 25 cañonazos por doscientos o trescientos euros, que sepa que estará ante un timo histórico. No se fíe de las apariencias porque, por muy listo que se crea, sólo se dará cuenta en el momento de fumarlo. Los falsificadores ya han logrado imitar perfectamente la apariencia, la anilla y la caja, pero por desgracia no el interior. El tabaco arderá mal, o arderá deprisa, o no arderá, o no sabrá a nada, cuando en realidad un ramalazo de humo de Cohiba Siglo VI es como respirar una bocanada de la Habana Vieja.

Ramón Allones. Specially Selected

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Ramon 'Specially selected'. / Club Pasión Habanos

Menos conocido que otros habanos y con un vitolario mucho más restringido, Ramón Allones se mantiene a la cabeza del formidable ramillete de los habanos gracias al prestigio de este robusto, un puro extraordinario por su regularidad, su aroma, su fortaleza y su excelente relación calidad-precio. En mi opinión resulta un habano del calibre perfecto, un todo-terreno con la distancia justa para no quedarte con ganas de más ni tampoco para aburrirte, como a menudo sucede con puros extraordinarios pero demasiado largos. Con un Ramón Allones en la mano he compartido yo grandes momentos de amistad y de soledad, al aire libre o a cubierto, con un whisky, un gin-tonic o a palo seco.

La Aurora. Toro 107

Este dominicano fuerte, potente y de tiro soberbio ha resultado todo un descubrimiento para mí, hasta el punto de incluirlo en esta breve selección a pesar de no tratarse de un habano. Los cigarros dominicanos, hondureños y nicaragüenses carecen de ciertas características únicas del tabaco cubano, ya que nadie ha podido reproducir, en ningún lugar del mundo, el sabor, el dulzor y el aroma de la hoja de Vuelta Abajo. Sin embargo, entre ellos hay marcas más que dignas y algunos fabricantes (El Crédito, Quesada, La Joya de Nicaragua, León Jiménez) han logrado cigarros diferentes y magníficos a un precio imbatible. Entre ellos, el Toro de La Aurora representa la quintaesencia de una tradición de tabaqueros que amanece con un golpe de luz en la boca.

Partagás. 8-9-8

Para quienes preferimos los habanos fuertes y de sabores plenos, como es mi caso, Partagás es la marca definitiva. Me gusta prácticamente todo su vitolario, desde el pequeño Partagás Short, de 3,50 euros, que es mi puro de batalla, hasta la majestuosa pirámide del Partagás Serie P No. 2, pasando por el sobrio equilibrio del Partagás D 4. Cada uno de ellos resulta una elección perfecta según el momento del día y el tiempo disponible, pero el Partagás 8-9-8, una dalia, es un verdadero prodigio de sabor y construcción con su cepo pequeño que el humo va atravesando como si fuese el cañón de una pistola. Es un habano poderoso, rico, casi comestible, para hablar de tú a tú, y que no admite distracciones ni tonterías.

Romeo y Julieta. Short Churchill

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Romero 'Short Churchill'. / Club Pasión Habanos

De fortaleza media, con todo el aroma y la dulzura de los Romeo y Julieta, del Short Churchill guardo un recuerdo muy especial porque lo descubrí junto a dos grandes amigos y su humo excavó una tarde en una terraza madrileña hasta convertirla en un refugio contra el tiempo. De Romeo y Julieta, yo conocía el Belicoso y el Wide Churchill, dos habanos extraordinarios, pero en la cava de Cardenal Cisneros, mi amigo Jesús Llano escogió tres Short Churchill para que los fumarámos Javier Blanco Urgoiti, él y yo. Los habanos son ante todo sensaciones, sí, pero también recuerdos, abrazos y palabras de amigos, y yo guardo para siempre este Short Churchill junto al H. Upmann Magnum 50 al que me invitó Ángel García Muñoz una noche en la Habana, el Partagás D 4 al que convidé en El Pireo a Víctor Andresco y los dos Espléndidos de Cohiba que nos fumamos el poeta Álvaro Muñoz y yo en la Cruz de Ferro, el punto más alto del Camino de Santiago, en la sobremesa de un cocido maragato rematada por un orujo blanco, un viento frío del norte y todo el pasado frente a nosotros.

2 Comments
  1. javier mateo says

    Gusto esquisito….!

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