Joan Ponç, treinta años no es nada

2
Joan Ponç, en los 70
Joan Ponç, en los 70 / Archivo: Mar Corominas

Uno de los componentes de Dau al Set, el grupo rompedor de vanguardia catalán de los 40/50, Joan Ponç, murió hace 30 años sin que su memoria sea debidamente sacudida de vez en cuando con una exposición, un simposio, un seminario, unas jornadas o alguna de esas cosas que valen más la pena de lo que parecen, en ocasiones (en otras, mejor no mencionarlo).

Su viuda, Mar Corominas, está dispuesta a remediar tamaña injusticia aunque eso suponga condescender con la familia del pintor, que osó impugnar el testamento de Ponç en el que confiaba toda la obra a su mujer.  Ya sabemos cómo son estas tristes andanzas de las herencias y los testamentos, y cómo la familia, antes ignota, brota como hongos de donde nadie sabía de ella, etc., etc. Mejor dejar esto y seguir a lo que íbamos.

Publicidad

El caso es que Corominas ha reunido recientemente en su casa a unos cuantos periodistas, entre los que se encontraba cuartopoder, para contar que la Asociación Joan Ponç –oséase, la familia- ha hecho poco por sacar del anonimato a este singular artista al que ya ninguneó con su influencia y manejos el sujeto más conocido de Dau al Set, Antoni Tàpies.

Por esa razón Corominas desea fervientemente ofrecer toda su colaboración y la obra que queda en su poder –en la que hay algunos cuadros inéditos- con vistas a una gran exposición antológica Ponç. ¿Dónde? Tanto da si es en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) como en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) o, ¿por qué no? En el Reina Sofía, de Madrid. De los tres museos, el que cuenta con más obra de Joan Ponç es el Macba, en todo caso. Pero, ¿hay pujas por quién se lleva el honor? No, nada de eso. De ahí lo insólito de la situación.

Diez años de pleitos con el hijo del primer matrimonio del artista han dejado a Corominas sin ganas de seguir reivindicando lo que es justo pero no la han desanimado de seguir peleando por que se conozca la obra de su marido, muerto en 1984, por un infarto. A Mar Corominas, autora de unas memorias aún inéditas –Sin olvido- sobre su vida con Ponç, lo que le irrita es la falta de interés de las autoridades culturales catalanas por restituir la memoria del pintor, seguramente, poco interesadas por un artista poco afecto al actual régimen.

En la rueda de prensa, a la que asistió el escritor Luis Goytisolo, con quien Ponç publicó dos libros, Ojos, Círculos, Búhos (Anagrama, 1971) y Devoraciones (Anagrama, 1976), aseguró que Joan Ponç le parecía el artista más relevante de Dau al Set, por encima de Tàpies, Cuixart o incluso Tharrats. Claro que, fuera queda el ánima y auténtico factotum del grupo que fue el poeta Joan Brossa (Las palabras están aquí, tanto si las leéis como si no. Y ningún poder terrestre lo puede modificar), cuya poesía visual incorporaba esculturas nunca antes vistas (y menos aún, leídas).

Una obra inédita de Joan Ponç
Una obra inédita de Joan Ponç / Archivo Corominas

Ponç conoce a Brossa cuando tenía diecinueve años y ese es un encuentro decisivo en su vida. Aunque ateo, su mundo espiritual era muy rico, especialmente concurrido por demonios y criaturas inquietantes.

Las Cajas Secretas, compuestas de dibujos pequeños que crecieron en las largas estancias que Ponç pasó en el hospital, aquejado del riñón, fueron expuestas en Roma, hace cuatro años. Pero quedan, según Corominas, las obras geométricas, casi desconocidas y otros trabajos de orden diverso que compondrían una espléndida muestra.

El mismo año de la muerte de Ponç, su amigo Luis Goytisolo escribió, a modo de última colaboración, este texto muy delator de la relación de ambos:

AVANCE INFORMATIVO

La próxima obra que Ponç y yo no haremos en colaboración tuvo una gran acogida. No podía faltar, desde luego, el comentario malicioso y malintencionado de que el libro en cuestión era algo así como esa capa que uno lleva en la creencia de que le hace invisible, cuando lo que realmente hace es convertirle en el único que no se da cuenta de que está paseando desnudo entre gente que finge no verle. La opinión más generalizada, no obstante, es la de que el lector-espectador, al verse ante ese libro que no puede ver, se ve a sí mismo como en un espejo. Sólo que al revés: el que está dentro es él; la realidad exterior no hace más que reproducir su imagen.”

Leave A Reply

Your email address will not be published.