ARCO quiere ser el puente de arte latinoamericano con Europa

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'De marcha ¿una rumba?... No, sólo un desfile con ética y estética', instalación del joven artista colombiano Óscar Murillo y motivo de la polémica en el arranque de esta edición de ARCO. / Kiko Huesca (Efe)

Lo avisó Carlos Urroz, director de ARCO, la pasada edición cuando declaró que se necesitaba un cambio de formato, una manera nueva de enfocar esta feria en tiempos de crisis y de un IVA cultural un tanto sonrojante. Esta 34ª edición, que estará presente hasta el domingo, posee unos rasgos definidos que hacen que la esperanza se haya instalado entre los responsables del evento. En el mundo del arte hay que acaparar especialidades y ARCO ha decidido ser el puente obligado entre el arte latinoamericano y Europa. Algo que se debería haber pensado mucho antes y que no está exento de dificultades, entre las que destacan la estrecha relación del arte de estos países con las galerías norteamericanas, y aquí la presencia del Miami Art Basel es esencial, pero en estos cinco años de dirección de Carlos Urroz poco a poco esa estrategia de cambio se va perfilando y esta edición, en la que el país invitado es Colombia, lo cierto es que la presencia de galerías latinoamericanas es alta, de 218 galerías, de las que el 75% no son españolas, hay 47 que representan a diez países latinoamericanos. Nunca hasta ahora hubo tantas galerías latinoamericanas en ARCO, y para dar idea de la importancia del evento hay que decir que en estos días Colombia traerá más de 100 artistas en las 20 exposiones que sobre arte colombiano tendrán lugar.

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Con las ferias sucede como con las bienales, que no hay ciudad que no cuente más o menos con la suya propia, pero es decir Venecia o Sao Paulo y todo el mundo reconoce bienales de prestigio, de referencia. ARCO quiere ser el reflejo del arte latinoamericano en Europa y alejarse, así, del espectro terrible de ser una feria de las muchas que hay, más de 250, donde se compra y se vende arte. Sin más. Los galeristas americanos son proclives a ello porque suponen que eso ayudará a dar a conocer sus productos en Europa, algo difícil porque Latinoamérica, al contrario que en los años 70, no está ya de moda en Europa, pero la intención está ahí. Lo único que mueve a las galerías españolas a resignarse, otra vez, es la alta imposición del IVA.

ARCO pretende ser una feria puente. Por eso no le inquietan otras ferias, importantes, como la de Buenos Aires, México, Bogotá y Miami, y si bien es cierto que la ciudad de Florida es un gigantesco mercado, lo cierto es que no existe una gran discriminación, por lo que muchas veces los compradores no saben a qué atenerse, y precisamente ARCO quiere ser también una guía.

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Vista de la obra titulada "Quij" (1985), de Jean Michel Basquiat, valorada en 2.500.000 euros. / Javier Lizón (Efe)

Pero en cierta manera hemos empezado mal. Óscar Murillo es un artista colombiano de 29 años que pasa por ser la revelación de la feria este año, y que para entendernos está considerado algo así como el Basquiat latinoamericano. Pues bien, en su instalación, De marcha, ¿una rumba? No, sólo un desfile con ética y estética, en el Centro Cultural Daoiz y Velarde, ha colocado una pancarta de protesta que ha incorporado a su instalación y que ha cogido de una manifestación de los vecinos del barrio de Pacífico, con los que ha coincidido a la hora de la inauguración, a favor de que se instale de una vez el centro cultural que las autoridades les habían prometido. Murillo, pues, colocó la pancarta y ha habido un rifirrafe con algunos guardias que querían retirarla so pretexto de que no pertenecía a la exposición. Cosa que ha negado el artista respondiendo que él incorpora elementos a sus obras cuando quiere. La cosa no ha ido a más pero es metáfora un tanto preclara del modo tan extraño en que afloran las tensiones en nuestro país. Por parte de las autoridades, claro.

Pero sigamos con Colombia. En el Prado se exhibe una joya conocida como La Lechuga, formada por 1.500 esmeraldas, mientras el Thyssen exhibe el cuadro Las camisas, de Doris Salcedo, una de las más prestigiosas artistas colombianas, conocida en el mundo entero; obras que junto a Murillo en el Daoiz y Velarde y Óscar Muñoz, otro puntal del arte colombiano, que está presente en Tabacalera, con Atramentos, una reflexión sobre la memoria, serán los que arranquen la presencia colombiana en Madrid.

Luego, Antonio Caro, que es pionero del arte conceptual en Colombia, presenta su obra en el Mercado de San Antón, titulada, cómo no, Todo está muy caro: declaraciones de mercado, mientras en La Casa Encendida se exhiben grabados y pinturas de José Antonio Suárez Londoño, aunque el plato principal de estas actividades colombianas se encuentra en Matadero, donde se hará un homenaje a Gabriel García Márquez bajo el título Travesías de los estados de la palabra, una actividad interactiva entre público y artistas que se encuentra entre lo más innovador de esta edición.

Pero aún no hemos entrado en el recinto ferial, que, como siempre es un guirigay monumental. Como hay que escoger los artistas de modo significativo, diremos que se exhibirán obras de nuestra querida Esther Ferrer, del Grupo Zaj, Javier Téllez, Fernando Bryce, Leonor Antunes, Mariana Castillo o Nicolás Bobbio... aunque nos hemos quedado con un palmo en las narices al saber que no van a poder venir el espectáculo de las strippers de Yann Leto, que quería dar a la galería T- 20 un aire a 'bareto' de Los Soprano.

Casi se nos olvidaba Botero, claro. Estará presente, pero el pintor de las personas gordas es ya un clásico y aquí hemos querido dejar constancia de lo más novedoso que aporta un país como Colombia, que va a inundar de arte Madrid estos días. Hasta El Corte Inglés se ha inspirado en ARCO para algunos escaparates de sus tiendas.

Nos dará tiempo para las conclusiones, pero eso será el 1 de marzo, que es cuando cierra esta feria. Por ahora nos topamos de bruces con Colombia.

Agencia Efe (YouTube)