Sobre legalizar o no la prostitución

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Prostitutas brasileñas Efe
Prostitutas de Río de Janeiro durante el Mundial de Brasil 2014. / Efe

Albert Rivera ha propuesto que se legalice la prostitución en España, como ya se ha hecho en otros países europeos, como Alemania, y la respuesta del resto de los partidos (excepto del PNV, con reservas) ha sido unánimemente contraria. Sin embargo, el debate es oportuno, aunque parezca sospechoso por estar en año electoral.

Cuando se habla de prostitución todos se fijan  en la oferta –los y las prostitutas– y casi nadie acomete la demanda. Si hay prostitutas y prostitutos es porque hay usuarios, abrumadoramente, varones. Estadísticas dicen que los varones españoles son los campeones en ese tipo de consumo en Europa; casi el 40 por ciento de nuestros muchachotes tiran de prostitutas. ¿Y a nadie le interesa saber por qué?

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Para Sven Axel Mansson, “los hombres que tienen problemas en sus relaciones con mujeres, los resuelven comprando sexo. Por tanto, la prostitución es un problema masculino”, que se zanja contra los culos femeninos, añado.

Mansson es sueco, y en Suecia, por ejemplo, han tirado por la calle de en medio penalizando a los consumidores de prostitución. El resultado parece el más convincente de los países europeos en cuanto a persecución de mafias, que son las que imponen el terror entre las prostitutas y las que crean prostitutas a la fuerza.

Aquí, seguimos con el dilema de si se trata de la profesión más antigua del mundo o de la explotación desalmada y creciente de millones de mujeres y niñas. El primer argumento lo defienden algunos colectivos, como Hetaira. El segundo, los abolicionistas, mayoritariamente feministas. ¿Por qué será?

Albert Rivera ya ha subrayado que "no es un debate sencillo, pero hay que ser valiente", porque considera que legalizar es una forma eficaz de “acabar con las mafias, la trata de blancas y perseguir delitos".

Los partidarios de legalizar la prostitución creen que las personas que la ejerzan de manera voluntaria tendrían derechos sociales, atención sanitaria y de jubilación y también obligaciones fiscales, lo que dejaría la calle libre de semejante actividad. Hay crónicas desde Alemania –el ejemplo legalizador apuntado– que aseguran que la legalización no ha resuelto, sino empeorado, el problema.

Es el caso de Hetaira, que quiere la legalización de la prostitución para acabar con el estigma social y la criminalización que recae sobre las mujeres que la ejercen. Para este colectivo, la prostitución no genera ningún problema cuando se ejerce con voluntariedad. Y aquí está el problema, ya que, según estudios, sólo entre el 5 y el 10 por ciento de los y las prostitutas lo son de forma voluntaria. El resto es violencia, humillación, sufrimiento y mafias.

Hace más de diez años, la europarlamentaria Marianne Eriksson –por cierto, sueca– habló de que se trata del poder y control social del varón sobre la sexualidad de la mujer y que, aunque ese control ha variado a lo largo de los siglos, lo que no ha cambiado son sus fundamentos: el patriarcado.

No hay más que observar las técnicas de publicidad y comercialización de cualquier producto, cada vez más agresivas con el cuerpo femenino. Abres una revista de lo que sea y ahí tienes el rostro y el cuerpo de una niña pretendiendo captar la atención del macho. ¿Para vender qué? Precisamente eso, que es un producto que sirve para eso.

Por esa razón, tanto Eriksson como muchos más estudiosos del asunto, o colectivos como Apramp, lo que proponen es que se tomen medidas contra este tipo de demanda de sexo, ya que mientras no se penalice al usuario poco se podrá hacer contra un negocio eminentemente mafioso. Suecia es un ejemplo.

Pero, ¿qué hay de ese cinco por ciento de prostitutas fetenes, profesionales y voluntarias? Para eso, recomiendo la lectura de autoras como Virginie Despentes, de la que sugiero la lectura de Teoría King Kong (Melusina, 2007), que ha experimentado en propia carne los asuntos de los que trata con clarividencia, o Camille Paglia, de la que hay traducido al español Vamps & Tramps. Más allá del feminismo (Valdemar, 2001). Los asuntos de los humanos no van de blanco o negro, precisamente; y hay puntos de vista muy ajenos a los del sentido común oficial, que también conviene considerar para llegar a alguna meta. De ahí lo interesante del debate propuesto por Ciudadanos.

3 Comments
  1. Luis says

    Suecia lo que ha conseguido ha sido desplazar el problema, a los países bálticos concretamente.

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