Juego de Tronos, ganar o morir

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Dos actores caracterizados como personajes de la serie 'Juego de tronos', en la exposición inaugurada el pasado 29 de abril en Matadero Madrid. / Juanjo Martín (Efe)

Tiene gracia, no exenta de cierta sensación de inquietud, que sea precisamente en la Sala 16 de Matadero donde se haya inaugurado este miércoles 29 una exposición sobre la serie de televisión Juego de Tronos que la semana que viene irá a Berlín y luego a Amsterdam para acabar recalando, ya en verano, en París, cumpliendo así el periplo obligado de los productos culturales que tienen éxito y se sitúan en esa franja irremediable del midcult, que otorga un estatus que te lleva ahora a recorrer circuitos reservados otrora a la cultura de élite, es decir, museos, salas de exposiciones y fundaciones. Y digo que tiene gracia porque la sala actúa de metáfora de una serie cuyo lema parece ser el de “Gana o muere”, que son palabras de un personaje de la serie, Cersei Lannister, con el que sentenció la cabeza de Ned Stark, en clara copia de cualquier drama shakesperiano o griego pero con ribetes de lecciones políticas modernas, propias de tiburones de Wall Street, vale decir, lecciones de historia virtual para una generación que no ha sido educada en la historia real, o con datos reales, porque ha sido borrada de los planes de estudio. Juego de Tronos nos sirve, así, como metáfora de los tiempos actuales pero no por lo que pretende enseñarnos sino por lo que expresa sin saberlo.

A este Ned Stark le cortan la cabeza con una espada que se exhibe y que en su periplo mundial, antes de llegar a Madrid, se calcula han visto más de 200.000 personas. La espada del señor de Invernalia, el nombre se las trae porque parece nombre de región puesto por un Tolkien de tercera, que es lo que en realidad define a Canción de hielo y fuego, la narración de George R.R. Martin, una saga un tanto acuosa y deslavazada que es en la que se basa la serie de televisión legendaria. Pues bien, después de pasar triunfalmente por Londres, Estocolmo y Tel Aviv, donde hubo colas interminables para contemplar la cosa, ahora en Matadero podemos disfrutar de la visión de la espada y de 70 objetos más pertenecientes a la serie, amén de una muestra de realidad virtual en 4D y actividades interactivas, que son la parte del león en la que basa este tipo de muestras que quedarían muy pobres con los objetos que exponen y necesitan de espectáculos audiovisuales, ya que no hay que olvidar que estos objetos no son más que quincalla de atrezzo y que la serie ha elevado a categoría de fetiches por mor del éxito de público.

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Parece ser que España ha sido una de las siete ciudades elegidas en el mundo porque los rodajes en Sevilla y Osuna han contribuido a popularizar fuera nuestro país y, de paso, la serie entre nosotros. No había más que ver el público que se agolpó en los Reales Alcázares cuando estrenaron allí la serie rodada en Sevilla, y los responsables de la misma han pensado que Madrid sería un escenario ideal para que la muestra compense las ansias de un público fiel y tumultuoso, que se bebe los capítulos donde caen reinos mientras vuelan dragoncillos y animales tomados de bestiarios que remiten al Beowulf y épicas nórdicas similares.

Se exhiben, así, 28 trajes de la serie, la réplica de un Caminante Blanco o la mano de oro de Jaime Bannister, lo que no deja de ser proclive a la ansiedad... si eres un fanático de la serie, claro. Entre estos trajes, el de novia de Margaery Tyrell cuando se casó con Joffrey Baratheon, al lado la espada de la Montaña, que pesa 25 kilos, que impresiona por sus dimensiones y que salvo el Trono de Hierro, que es réplica, es quincalla original, lo que añade autenticidad, aun sea de quincalla, a la muestra, centrada en objetos pertenecientes a la cuarta temporada, que es la más reciente, la que todo el mundo tiene fresca en la cabeza, aunque se exponen también objetos de temporadas anteriores y de la quinta. En fin, marketing norteamericano a lo bestia, cálculo milimetrado, ansias por triunfar a toda costa ya que ganar o morir es su lema. Pero en realidad no hay riesgo: van con todas las bazas aseguradas. Nada hay dejado al azar.

Lo que promete son los juegos interactivos pero para participar hay que registrarse en una web y con un código introducido en el móvil los interesados podrán acceder a dos opciones, aquella en que serán atacados por dragones de Daenerys, que semejan drones pequeñitos pero con más mala leche, o ser investido Caballero Blanco mediante una foto que se les enviará por el móvil. Sin embargo, el espectáculo estrella es la cabina donde el visitante se coloca gafas y auriculares y se le envía al Castillo Negro, al Hogar de la Guardia de la Noche en el Muro, las palabras son así de retóricas, y asiste a una corriente de aire frío que le llega hasta los huesos. Los responsables no quieren decir más y yo no me he puesto las gafas por lo que no les puedo contar lo que sigue tras esa corriente de aire pero sí lo que acontece entre los objetos que, por lo que uno ha visto, entre apretujones, promete ser una de las exposiciones mas vistas en Madrid si atendemos a la brevedad de su estancia: más de 12. 000 personas.

Me acerqué a verla después de asistir como ponente a unas jornadas en la Casa del Lector sobre crítica literaria y caí en la cuenta de que en todo este montaje lo menos interesante era precisamente el libro, que es bastante peor que la serie de televisión, que es bastante buena, si atendemos a la media. Caí en la cuenta, también, de que este tipo de narraciones son las que acapararán el futuro más inmediato, en convivencia con las novelas de éxito. La clave me la dio Pablo Iglesias regalándole al Rey las series de Juego de Tronos. Si dejamos aparte la cuestión mediática nos queda una lección que podemos sacar de esta acción de polítca ficción:  es la atracción de  los chistes viejos con caras nuevas. Todo esto está en Esquilo y Shakespeare, dicen los enterados. Y tienen razón, salvo que en el mundo del arte todo es metamorfosis y descubrimos el Mediterráneo cada cierto tiempo, y además, siempre ha sido así.. No es para echarse las manos a la cabeza ni dárnosla de apocalípticos. Ante espectáculos así, que crecerán los próximos años en progresión geométrica, sólo cabe invocar que mantengan cierta calidad. Lo otro, en realidad, no importa, forma parte de la condición humana. Como el beneficio: HBO, responsable de la serie y también de Los Soprano, ha visto como los personajes fantásticos se han comido a los mafiosos de Nueva York de una tacada. Ganar o morir.