Problemas de acústica

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David Torres

oído_interno_acústica
Imagen: Wikipedia

Siempre le molestaron los ruidos de los vecinos, la música alta a deshoras, el estruendo de las obras, los golpes en la pared, las fiestas de madrugada. Una noche no aguantó más: a las tres de la mañana, después de advertirle varias veces y de telefonear en vano a la policía, empezó a derribar la puerta del vecino con un hacha. Cuando el vecino le abrió la puerta (riéndose, borracho perdido, con un cubata en la mano), le hundió la hoja del hacha en mitad del cráneo. Los invitados salieron corriendo despavoridos mientras él apagaba el equipo de música y se quedaba a esperar a la policía echado en el sofá, con el pijama salpicado de sangre. Lo condenaron a quince años de prisión por homicidio involuntario, pero él únicamente pensaba que por fin podría dormir tranquilo. No había contado con que, en la celda de al lado había un célebre violador y asesino de mujeres que roncaba como un animal. Después de varios meses sin pegar ojo, lo estranguló en las duchas. Durante el juicio, donde los familiares de las víctimas fueron a ensalzarlo como un héroe, se quejó de que el fiscal hablaba demasiado alto. En una de las pausas, pidió permiso para ir al servicio y aprovechó para ahorcarse con ayuda de la corbata que le había comprado su abogado para mejorar su imagen. Lo enterraron, según su última voluntad, en un tranquilo cementerio de un pueblecito de Asturias, bajo el césped de una iglesia derruida en cuyas cercanías no se oía más que el rumor del viento. Su último pensamiento, mientras pataleaba la taza del retrete, fue que al fin descansaría en paz. Tampoco había contado con los cuchicheos que se oían de vez en cuando en la tumba de al lado.

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