Las cinco novelas históricas del verano

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Juan Ángel Juristo

Desengáñense. La novela histórica ya no es, ni de lejos, lo que fue. Y no me estoy refiriendo a Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, o la trilogía del emperador Claudio, de Robert Graves, que en cierto modo prefiguró lo que es la novela histórica actual, o en el ámbito de la lengua española, Bomarzo, de Manuel Mujica Lainez. No. Es que Sinuhé el egipcio y El etrusco, de Mika Waltari, por no hablar de Quo Vadis?, de Henryck Sienkiewicz o Los últimos días de Pompeya, de Edward Bullwer Lytton, nos parecen logros literarios si los comparamos con la mayoría de novelas que se presentan hoy día.

La razón, quieren los expertos, que recaiga en la alianza de los autores que escriben del género con el mainstream, o dicho en castellano, la alianza del autor con un producto pensado en exclusiva para vender mucho, que es, en definitiva, lo que significa atender la corriente mayoritaria. Hay autores como Rafael Sierra que parecen saber del secreto de tamaña unión, así como escritoras tales como María Dueñas, lo de La templanza ha sido un fenómeno, o Ángeles Caso, que lleva mucho tiempo especializada en el género, y todo ello por no referirnos a Ildefonso Falcones, el de La catedral del mar o La mano de Fátima, que ahora parece estar de baja por problemas con Hacienda, aunque el que se llevó la palma, esta vez internacional, fue Ken Follett con Los pilares de la tierra, auténtico maestro en estas lides y que se presenta siempre como un atildado, justo y desenfadado profesional de la cosa. Lo es.

Por si esto fuera poco, lo cierto es que el género no está muy delimitado: ¿es Guerra y Paz una novela de género histórico? ¿Lo es La cartuja de Parma? Desde luego nadie dudaría que lo es Salambô, de Flaubert, pero ¿qué tiene que ver ésta con El código Da Vinci, que todo el mundo no dudaría en valorar como novela histórica de éxito?

De entre el enorme batiburrillo que se ha publicado este año, del que hay de todo, y absteniéndonos de modas y modos mainstream, hemos seleccionado cinco narraciones bastante dignas para leer este verano, que dicen es estación propicia a ello.

enigma_convento3Desde luego, El enigma del convento, en Alfaguara, de Jorge Eduardo Benavides y que ganó la XXV edición del Premio Torrente Ballester de Narrativa. Es esta una novela histórica de alto vuelo que me recuerda la deuda con la concepción flaubertiana y que ha hecho suya Mario Vargas Llosa. Benavides reconstruye la España de Riego, la surgida después de las guerras napoleónicas y del fracasado sueño liberal español, y que mantiene su reflejo en la independencia americana. Es esta una novela de ida y vuelta, donde se cuestiona el legado absolutista de Fernando VII pero también ciertos mitos sobre la independencia de las antiguas colonias. El libro abre los ojos a años de ceguera sobre esta cuestión y está recomendado en especial al lector español, que suele mantener una ignorancia supina sobre el tema.

hombresbuenosDel fracasado sueño ilustrado trata también Hombres buenos, en Alfaguara, de Arturo Pérez Reverte, una novela ambientada en el París pre revolucionario y por el que pululaban en torno a los cafés frecuentados por Voltaire, Diderot y D´Alembert, un considerable número de afrancesados europeos. Hermógenes Molina y Pedro Zárate y Queralt son dos académicos comisionados para adquirir por la RAE la Encyclopedie. Son estos dos hombres elegidos justo por su talante y por ello mismo chocan con gentes como Salas Bringas Ponzano, un rabioso jacobino inspirado, supongo, en el Abate Marchena. Es novela de trama hábil y donde aparecen como personajes académicos actuales, como Gregorio Salvador o Darío Villanueva, actual director de la RAE.

casa_miniaturas2Jessie Burton, con La casa de las miniaturas, en Salamandra, recrea la Amsterdam del siglo XVII, describiendo una ciudad corrupta, volcada a hacer dinero, donde corre el sexo y el crimen de forma pareja. El regalo de una casa de muñecas que recibe una joven casadera por parte de su maduro marido es, en realidad, un macguffin, la excusa estupenda para que se desarrolle un relato donde aparece el actual Barrio Rojo transformado en una tribuna acusadora por parte del párroco de la Oude Kerk de una nueva Babilonia con cara burguesa, limpia y feliz. La porquería que guarda la aparente limpieza de la Holanda de Vermeer.

el_turquetto2Muy bien escrita, con momentos de rara fascinación, se presenta El turquetto, de Metin Ariti, en Maeva, un escritor de origen turco que vive actualmente en Ginebra. Cuenta la historia de Elías, un judío turco que se traslada a Venecia con una identidad falsa. Allí conoce a Tiziano y termina rivalizando con éste, con Tintoretto y el Veronés. Finalmente su figura es borrada del mapa por su origen judío y su espléndida obra se salva de todas formas bajo la firma falsa que puso Tiziano a un cuadro suyo, El hombre del guante, atribuyéndosela, y que actualmente está en el Louvre. Esto en la ficción.

secretos5Finalmente, Secretos, de Rupert Thomson, en Alianza, es otra novela histórica de trasfondo artístico. Basada en la vida del escultor Gaetano Zummo, ambientada en la Florencia de finales del XVIII y principios del XVIII en París, describe todo un ambiente de corrupción, decadencia, soledad, violencia, donde la redención sólo acontece gracias a la acción del amor y de la consecución del arte. A pesar de lo previsible de la trama y el tufillo a libro de autoayuda que se trasluce detrás de todo ello, es novela que mantiene momentos de inusitada emoción descriptiva.

Me he fijado en novelas que sobre todo no tratan de sustituir a los libros de historia. No tengo la culpa de que no se otorgue importancia a la asignatura de historia en la segunda enseñanza. Y ello no puede, no debe, suplirlo la literatura. Así sea.


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