El mayor tabú, ‘Mi lucha’, de Adolf Hitler, se publica en Alemania

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Cubierta de una de las ediciones de la obra de Adolf Hitler.
Cubierta de una de las primeras ediciones de la obra de Adolf Hitler.

Mein Kampf, 'Mi lucha', de Adolf Hitler, el mayor tabú existente en Alemania, se publica por primera vez desde su prohibición en 1945, porque ha quedado libre de derechos. Se pondrá a la venta en librerías el mes que viene, coincidiendo con el año nuevo, en edición crítica a cargo de Christian Hartmann, que ha estudiado la obra durante tres años y ha llegado a la conclusión de que “es libro mal escrito” y que está plagado de errores, pero que es la única manera de acercarnos al modo de pensar de Hitler.

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Los derechos los tenía el Land de Baviera, que decidió no publicarlo jamás, ya que tanto la editorial que lo publicó como la última residencia de Hitler estaba en la Prinzregentenplatz de Munich, un piso de nueve habitaciones en el número 16 de la misma, y le correspondían a ese estado los derechos de edición. Pero el plazo finaliza este año. Vale decir que el último tabú existente en Alemania, el libro antisemita por excelencia ideado por el propio Führer, puede ser publicado por cualquiera y lo cierto es que las expectativas económicas que espera se genere con la edición no deberían ser olvidada a la hora de entender que el Land de Baviera se haya adelantado a todos publicando esta edición crítica - la lleva a cabo el Instituto de Historia Contemporánea de Munich - que se pondrá a la venta dentro de pocas semanas.

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La edición quiere pasar todos los filtros de las probables críticas que recibirá, desde las declaraciones del director del instituto que ha afirmado que es el último tabú que se levanta en el país y que por eso se han querido adelantar a todos aquellos que sólo buscan el beneficio económico, realizando esta edición que por su rigor crítico espera no tenga rival en un futuro. Esta edición, sin embargo, no ha estado libre de avatares. En 2012, el Land de Baviera decidió invertir en esta edición comentada medio millón de euros, pero tras un encuentro con periodistas israelíes, el presidente, Horst Seehofer, decidió no publicar la obra jamás. De ahí que el trabajo de Hartmann fuese muy criticado hasta que el estudioso viajó a Israel y consiguió el beneplácito del Centro de Documentación sobre el Holocausto Vad Yashem.

A partir de este punto se acallaron las voces que reclamaban la prohibición del libro. El resultado es una edición con más de 3.500 notas al margen donde se ponen puntos sobre las íes a centenares de afirmaciones de Hitler que el libro contiene y le dieron en su tiempo carta de verosimilitud. Así, que la República de Weimar no se ocupase de los veteranos de guerra es contradicho con abrumadores datos, amén de informar que los nazis mandaron a 5.000 veteranos de Guerra, los de la Primera, a las cámaras de gas. Pero de la seriedad con que está hecha esta edición habla el hecho de que en el libro se comenta que los medios de comunicación estaban en manos de judíos y se dan cifras. Hartmann ha comprobado que en 1914 esas cifras eran reales en los porcentajes citados y así se ha dejado porque el mismo Hartmann ha reconocido que él tiene una ventaja a la hora de estudiar al autor del libro, y es que proviene de una familia de médicos y acercarse a esta obra presupone “poseer el frío planteamiento científico de un patólogo” .

Pero es un hecho, previsto, que la edición iba a causar un debate polémico porque en Alemania todo lo relacionado con el pasado nazi causa efectos devastadores de índole moral. El periodista Sven Felix Kellerhof, autor de una historia sobre Mi lucha, piensa que todo este barullo lo único que hace es mitificar una obra que no lo merece. Pero, por contra, Charlotte Knobloch, de la Comunidad Judía de Munich, cree que la edición es algo así como una caja de Pandora y recuerda que muchos musulmanes, en los conflictos de Próximo Oriente, leen con interés ese libro.

Muchos, por otro lado, apelan al sentido común, como la politóloga Barbara Zehnpfenning, que afirma que los alemanes son gente adulta y que no por leer el libro les va a dar por invadir Polonia. Y lo cierto es que la polémica resulta un poco artificial y nos habla de la importancia que el símbolo tiene en nuestras sociedades, porque lo importante aquí parece que es que el libro se edite en papel y con el consentimiento oficial, pues lo cierto es que el libro está publicado sin problemas en cualquier país europeo y en Internet se puede uno descargar en alemán el libro sin problema alguno. Pero Hartmann previene de la trivialización en que se puede caer si no se nos advierte de la importancia de restarle gravedad al asunto: para él, sencillamente, la historia se puede repetir.

Todo esto nos habla de lo punzante que es el nazismo en la sociedad alemana, máxime si nos referimos a los símbolos, y Mi lucha es el símbolo máximo del pensamiento nacionalsocialista. Y es cosa de símbolos, porque este libro es tremendamente fácil de adquirir desde hace años y en multitud de ediciones clandestinas, pero los alemanes son gente que adora lo jurídico y parece que levantar la prohibición les va a dar mal fario. Y lo cierto es que Mi lucha, desde el mismo instante en que se publicó fue un best seller. Cuentan las malas lenguas que los amigos de Hitler, en especial Gregor Strasse, fueron los que le sugirieron en 1924 que escribiese sus memorias para mantenerlo entretenido, ya que pronunciaba unas soflamas en la prisión de Landberg que amenazaban con aburrir a sus correligionarios con interminables monólogos. La cosa fue que la editorial de Franz Eher, que era del partido, publicó el libro en 1925, y desde el primer día se vendieron miles de ejemplares. Hasta el punto de que, antes de llegar al poder, Adolf Hitler había ganado una fortuna en derechos de autor. Llegó en 1933 a vender un millón de ejemplares y ganar más de un millón doscientos mil marcos, cifra que ahora muchos piensan en duplicar. Mi lucha, el último tabú de Alemania, ha sido derribado.

1 Comment
  1. Piedra says

    El morbo de las excrecencias mentales de un fanático paranoico, sexualmente depravado y pederasta, seguramente motive la fiebre lectora de los depravados del dáesh. ¡Enhorabuena a los mercaderes sin escrúpulos!

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