David Bowie: el verdadero rostro es la máscara

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El nuevo album del cantante británico David Bowie es mostrado en su exposición 'David Bowie is', en Holanda. / Vincent Jannink (Efe)

David Bowie ha sacado nuevo disco, Blackstar, despúes de The Next Day, que salió hace tres años, pero aún mejor que éste último, que fue un alarde de marketing en un artista que desde sus inicios supo rodearse de expectación rompiendo todos los moldes promocionales hasta el punto de constituirse en referente de una publicidad cuyo único origen y fin era él mismo. Hace pocas horas ha lanzado el segundo video promocional del disco, Lazarus, coincidiendo con su 69 cumpleaños: no tiene desperdicio. El tema sigue siendo el mismo que ha empleado para el primer vídeo: un David Bowie con la cara tapada, en pose de marioneta desquiciada y realizando todo tipo de tics, un manicomio conceptual al que hace referencia en el disco y que se inspira de alguna manera en El hombre que vino de las estrellas, película que Bowie protagonizó en 1976 y que su álbum Low recoge como homenaje ya que su portada es un fotograma de la película. Es el punto de partida para el musical Lazarus, que estrenará bajo el formato del off Broadway y será protagonizado por Michel C. Hall.

Bowie, el rey de la promoción, del transformismo, de la máscara, no descansa, ni aún después de que en 2013 el Victoria and Albert Museum le dedicara, bajo el título de David Bowie is, una exposición de objetos personales. Estaban todos sus trajes de transformista, amén de la cucharilla de plata con la que esnifaba cocaína y que, ni que decir tiene, ha paseado por Melbourne, Chicago, París y Amsterdam.

Blackstar es álbum ambicioso, como cualquier obra que este artista toca. Ha trabajado con músicos de jazz de vanguardia en él, pero sobre todo se ha rodeado de la influencia de Kendrick Lamar, artista de hip hop señero con el que ha conseguido una resurrección, de esas a las que nos tiene acostumbrados cada cierto tiempo, y que no será la última a la asistamos. No olvidemos que hace pocos meses grabó una canción para una serie de televisión y afirmó que se retiraba de las lentejuelas. Luego, muy poco después, anunció la salida de Blackstar. Tremendo. Ayer viernes, 8 de enero, día en que cumplió 69 años, nos lanzó Lazarus. No dejamos de ir de sorpresa en sorpresa, sobre todo porque no otorga respiro a los medios de comunicación, a los que mima y que estos le devuelven el mimo, nunca mejor dicho, con verdadero cariño, que roza casi la veneración.

Pero lo cierto es que siempre, desde los inicios de su carrera, ha sido así. Como si hubiera nacido con una estrella en el culo. Veamos.

Los años del Swinging London

En esos años David Bowie tenía quince, así que mal lo llevaba con los que por aquel entonces triunfaban y cosechaban éxitos. Formaba parte de los King Bees y hacían un rhythm and blues no muy alejado del de los Small Faces, Hollies, Manfred Man o los mismísimos Rolling Stones. Pero ya en 1967 grabó su primer album en solitario. Sorprendente. Aires pop psicodélicos, sí, pero en medio el arte conceptual y rock duro del Ray Davies de The Kinks.

Ziggy Stardust y el glam

Ese primer disco, a pesar de su calidad, no hizo fortuna. Pero he aquí que Bowie conoció a Lindsay Kemp y el glam le vino como anillo al dedo. David Bowie publica en el 69 Space Odity, buen disco, plenamente Bowie, que produjo Toni Visconti, personaje decisivo en su carrera. El disco era una mezcla muy a lo Bowie: rock progresivo, folk, pop, psicodelia...

Y, luego, la feliz resolución: The Man Who Sold The World, en el 70, y la serie de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars, del 72, seguida de Aladdin Sane, donde colaboraron Yamamoto, Stardust Cowboy y Vince Taylor. De estos álbumes proceden canciones ya míticas como Ziggy Stardust o The Jean Genie. Bowie es ya Bowie. Plenamente.

Los años berlineses

En pleno punk saca Low, primera entrega de la llamada Trilogía de Berlín. Es la etapa más experimental de Bowie, muy influenciado por el Expresionismo, Ahi están Heroes y Lodgers para afirmarnos que estamos ante el Bowie más concentrado, más inquietante, con alardes instrumentales muy a tener en cuenta. Para muchos la mejor etapa de Bowie, la menos comercial, la más creadora.

Bowie se forra

La etapa pop de los ochenta. Lets Dance, del 83, marca su momento más popular, con la sucesión de algunos álbumes no tan sólidos como los anteriores pero con algunos temas que le han hecho legendario.

Los noventa

Con Black tie, white noise, Bowie se acercó al jazz en un álbum redondo. Los posteriores valían, tenían algunos calidad inusitada, pero Bowie iba ya rezagado, no marcaba camino. Se imponía un descanso.

Descanso que se quitó hace tres años con The Next Day, después de diez años sin pisar un estudio de grabación. Buen disco pero menos sorprendente que este Blackstar. Bowie no para de reinventarse. Ha regresado con una nueva máscara, la del convulso hombre de los ojos vendados.

¿Hasta cuándo?

DavidBowieVEVO (YouTube)

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