Juan Muñoz, la dignidad de la figura humana

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Vista de la exposición de Juan Muñoz en la Galería Elvira González. / Galería Elvira González

De acontecimiento cabría calificar la exposición sobre Juan Muñoz que se ha inaugurado el 20 de enero en la Galería Elvira González, en la madrileña calle de General Castaños, 3, y no es exageración. Pues aparte la extraordinaria calidad del artista expuesto, lo cierto es que muestras de este tipo dignifican la labor de las galería de arte, en otros tiempos determinantes a la hora de marcar los tiempos en que se movía la cosa artística y que, ahora, parece haberse dejado en manos de los museos. Iniciativas así hay que saludarlas porque demuestran que no sólo en las grandes muestras museísticas es donde se haya el acontecimiento artístico, otra muestra más de la crisis, sino que esa iniciativa debería devolverse a las galerías. Sólo así cabría volver en cierto modo a su época dorada, donde mostraron unas tendencias y alzaron a unos artistas que aún hoy día son pasto preferido donde ramonean los museos. Hay que decir que la muestra es parca –estamos en una galería– , cinco esculturas, dos pinturas y cuatro grabados, pero la calidad de lo expuesto es tan alta que podemos hablar de una pequeña y enorme exposición, y sin contradicción posible.

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Isabel Mignoni, directora de la galería, es también comisaria de la muestra y se refiere a la alta calidad de las esculturas de Juan Muñoz expuestas y traídas de colecciones privadas españolas y extranjeras. Porque nos encontramos ante una muestra de la última etapa de la obra del artista, antes de que falleciese en Ibiza en 2001, cuando se encontraba en su momento más creador y productivo. Etapa para cuya instalación la galería ha contado con la ayuda de los herederos del artista, que han colaborado no sólo otorgando su saber sobre la idea que tenía Juan Muñoz de qué hacer con su última obra, sino colocando piezas en el espacio de la galería.

El listado de precios va en consonancia con la repercusión internacional del artista, junto a Jaume Plensa, el escultor español más conocido internacionalmente, y oscilan entre el millón de euros de alguna escultura en resina y poliester y los 250.000 de otras; junto a los 45.000 que pueden costar los grabados y alguna que otra pintura. Precios que para Mignoni son asequibles pues la obra Piggyback. Caucasian piggyback on chinese, fue vendida en Sotheby's de Londres por casi 600.000 euros el pasado año. Para entender estas cifras hay que decir que la revista ArtPrice, que fija la cotización internacional de los precios en el mercado, sitúa a Juan Muñoz como el artista de ámbito hispano más cotizado en el mundo. Mignoni estima que la escultura, Two figures, one laughing at one hanging, inédita en España, del año 2000, nunca expuesta, es la pieza más valiosa de la muestra, o, por lo menos, la más impactante. Hay una obra pequeñita, de dimensiones discretas, de enorme belleza, Balcón con figura de un chino, realizada en bronce y terracota, que data del año 1991. De similar factura inquietante resultan cuatro aguatintas realizadas con punta seca que están fechadas a finales de los años noventa. Son aguatintas donde se juega con la percepción ya que muestra muebles en posturas imposibles, algo que Juan Muñoz, atento siempre al movimiento y sus límites, practicaba con cierta asiduidad.

Juan Muñoz, artista nacido en Madrid en 1953, estudió en la Universidad Politécnica pero enseguida se fue a Londres, donde aprendió las técnicas de escultura y de grabado. En los años ochenta se fue a Estados Unidos para estudiar en el Pratt Centre de Nueva York y allí entabló amistad con Richard Serra, amistad determinante en su carrera. En 2001 llega su consagración internacional con Double Bind, la muestra rutilante, espectacular, que monta en la Tate Modern Gallery, primera en exponer a un español, y determinante para entender el complejo utillaje conceptual de su obra, donde la soledad, la identidad, la comunicación o la reflexión sobre el espacio son determinantes.

Pero Juan Muñoz, además de escultor, como su viuda Cristina Iglesias –autora de esa espectacular puerta de bronce con que se accede al nuevo Museo del Prado, el remodelado en los Jerónimos, dos artistas que posee nada menos que la Galería Mariam Goodman de Nueva York– se interesó por la literatura y, desde luego, la música. Terreno donde colaboró con artistas como Bill Hawkes o Alberto Iglesias, su cuñado, y que ha sido nominado en tres ocasiones para los Oscar por musicar películas como El jardinero fiel, Cometas en el cielo o El topo, aunque también frecuentó a John Berger colaborando con él en una obra radiofónica.

Artista polifacético que la Galería Elvira González nos devuelve en su faceta más rutilante, pero también menos conocida en España, como la serie de grabados expuestos. Juan Muñoz es un artista reconocido por haber tendido un puente entre la escultura clásica, que conoce a la perfección, y las corrientes más innovadoras de las vanguardias. Con sus escultura se crean escenas y se recrean espacios de diálogo o soledad, en abierta actitud de inquietud que llega a alcanzar una dimensión metafísica, aislada del tiempo.

La figura humana, de nuevo, fue reivindicada de manera excelente por Juan Muñoz. Ahora podemos verlas en Madrid. No es fácil, no es nada frecuente. De ahí la importancia de la muestra.

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