JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 16:15

El escritor Marcelo Luján. / © Laura Muñoz.

Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973) es un joven escritor de origen argentino radicado hace ya bastantes años en España. Autor de novelas como La mala espera y Moravia, que nos hablaban ya de un narrador de cualidades dadas, ha sido con Subsuelo, que publicó en 2015 en Salto de página, donde a Marcelo Luján se le ha reconocido en lo que vale. Subsuelo es una novela terrible, suburbana, inquietante, muy propia de atmósferas similares a las creadas por el Camus de La peste o las varias novelas de Corman MacCarthy, autor querido por Luján.

Con motivo de habérsele otorgado el Premio Dashiel Hammett que se concede dentro de los actos de la Semana Negra de Gijón a Subsuelo, hemos mantenido una conversación con su autor donde reconoce que se siente un poco abrumado por todo lo que le está ocurriendo, amén de reflexionar sobre la novela negra actual en términos sutiles y nada convencionales, algo raro en los autores del género, poco dados a teorizar sobre su trabajo.

Subsuelo ha ganado el Premio Dashiel Hammet, que de refilón ha entrado en una polémica artificial sobre la ausencia de autoras entre los finalistas. ¿Se te ocurre algo que aportar a este debate que creo es un poco forzado?

La verdad es que la polémica no aporta ni quita nada a Subsuelo. Además, es un tema que está resuelto ya, puesto que la Semana Negra, desde su dirección, emitió un importante comunicado donde quedó clara su postura y, sobre todo, las medidas que se tomarán en el futuro. En lo personal (llevo muchos años yendo a Semana Negra), creo que no hubo, por supuesto, ninguna intención de la organización para impedir o restringir o ningunear, si se quiere, la presencia de novelas escritas por autoras en la fase final de los premios.

— ¿Supone el premio el espaldarazo definitivo a una de las mejores novelas que leí el pasado año?

No voy a negar que recibir el Hammett es un subidón y un gran honor y que como autor me coloca en una posición privilegiada. Pero sólo es un reconocimiento (importante, grandioso, único) a una novela, es decir, a un trabajo concreto. Que Subsuelo haya logrado lo que hasta hoy viene logrando no debe hacerme olvidar mi verdadera obligación (la obligación de todos los autores): escribir bien.

— Leí Subsuelo en su momento, incluso me referí a ella con elogios en cuartopoder.es, pero creo que clasificarla en género negro es achicar su enorme carga metafórica… ¿No lo crees así?

Estoy completamente de acuerdo si sabemos separar lo negro de lo policial. Yo no escribo pensando en géneros ni mucho menos en colores: escribo novelas, cuento historias, el color de esas historias es algo que me tiene sin cuidado y que, en última instancia, ni siquiera depende de mí. Ahora bien, sí pienso que Subsuelo es una narración negra en el sentido de la oscuridad que transmiten sus personajes. En la literatura moderna, no todo lo negro es policial (por suerte). El nuevo género negro, el que atrae tanto a los lectores, aprovecha ese viejo elemento inherente al ser humano: el mal.  Los individuos y su insistente modo de hacer daño, de perjudicar al prójimo en cualquiera de sus variantes.

Subsuelo es muchas cosas, incluso novela de suburbio, esta vez acomodado. Tú, que llevas ya años afincado en España, ¿Por qué crees que nuestra literatura es tan reacia al género? Estoy pensando en maravillas del género como El nadador, de John Cheever…

No es que sea reacia al género: es reacia a los cambios y sospecho que está un tanto estancada, muy obediente a su pasado y a los grandes maestros (como si el fantasma de Quevedo los vigilara). O como si el Siglo de Oro, de tan superestructural y potente, impidiera hacer cosas nuevas, transgredir, romper moldes, saltarse las reglas. Como si eso fuese una falta de respeto. Tengo compañeros que quieren escribir como Pío Baroja o Valle Inclán y eso no puede ser. Ni siquiera como Laforet (transgresora en su época), a quien admiro profundamente. Por otra parte, conozco la tradición argentina (me eduqué con ella, aunque ahora mismo sea yo un híbrido) y de Sarmiento a estos días las variaciones son extraordinarias. La argentina es una literatura interactiva, que se adapta y se alimenta de la realidad (no sólo en trama sino principalmente en forma), que cuenta eso que está sucediendo ahí fuera de un modo joven, novedoso, fresco, por más que aborden la Argentina de Perón o la batalla de Cancha Rayada. En Argentina nadie quiere escribir como Arlt, aunque lo admiremos y recordemos; emular el espíritu cortazariano (en el género cuento, por ejemplo) ya no funciona y las nuevas generaciones lo saben. Esto no ocurre de un modo radical en España porque son pocas las nuevas voces que en verdad toman conciencia de ello (o lo ponen en práctica). De modo que no es un problema de géneros: es un problema de actitud.

Subsuelo trata de lo que esconde la superficie de las cosas, metáfora de nuestra condición. ¿Por qué elegiste a los adolescentes como hacedores del desastre en medio de la apacible y falsa cotidianeidad?

Subsuelo-portada
Portada de Subsuelo. / saltodepagina.com

Quería hablar sobre la relación actual entre padres e hijos adolescentes. Y también sobre los adolescentes. Ese es el origen de esta novela. ¿Hasta qué punto, hoy en día, los padres sabemos qué hacen nuestros hijos en esa edad donde todo es posible? Porque las nuevas tecnologías lo han cambiado todo, incluso las relaciones sociales primarias. En mi generación era casi imposible esconderle a mis padres las interacciones cotidianas. Hoy, con internet, con un aparato del tamaño de una agenda pequeña (a veces más pequeño), un crío de quince años puede estar haciendo cualquier cosa y sus padres, por más avispados e intuitivos que sean, probablemente ignoren esa actividad. ¿Sabemos qué miedos tienen nuestros hijos, qué sueños, qué los atormenta o con qué se sienten a gusto? Mabel, la madre de los mellizos de Subsuelo, cree que sí pero la realidad es muy diferente a lo que ella cree. La verdad suele estar en el subsuelo. Y también la oscuridad, lo que no queremos que nadie vea nunca. Lo que escondemos, pues.

Tu estilo está muy alejado del habitual de los que hacen novela negra. Tus personajes son de una complejidad que de recordar algo, parecerían próximos a los de La peste camusiana, con los que guardan cierto imaginario trágico. ¿A qué se debe esa falta de estilo personal en el género del que ya se hacía eco Cyril Connolly en los años 30?

Para mí, lo más importante, lo único, es la historia que quiero contar. Y cada historia debe tener su aura, su esencia, su olor y su tacto. Es la historia la que determinará todos los elementos de una novela de Marcelo Luján. Y cuando digo todos los elementos, me refiero a forma, trama, estilo, voz narrativa, estructura, ritmo, puntuación, todo. Al calor de esta premisa, no es extraño que mis novelas sean todas muy diferentes. Mi proceso narrativo es así. No sé si es el correcto pero es como lo entiendo.

— Dije Camus pero lo cierto es que hay novelistas norteamericanos con los que podrías ser relacionado, Cormack McCarthy, el Erskine Caldwell de La ruta del tabaco

Qué honor. Caldwell era un genio del discurso directo y La ruta del tabaco es una de las más notables novelas que utilizan el campo (me refiero a lo rural) como escenario. Por ahí puede estar el espíritu de Moravia (parte de un metatexto de El Extranjero), que necesita de ese mismo ambiente para funcionar como historia. En la primera mitad del siglo XX el campo era un mundo altamente literario, no sé si en la actualidad tendría tanta valía. Con McCarthy tengo una afición personal puesto que me gusta ponerlo a la altura de Faulkner o Hemingway.

— ¿Qué papel juega la perversión en Subsuelo? Parecería una vía de conocimiento pero también de redención…

Es uno de los ejes que atraviesa todo el libro: la perversión en varias de sus facetas pero sobre todo como elemento de dominación (en este caso de Fabián hacia Eva, su hermana melliza). Fabián es perverso en tanto fustiga a su hermana inoculándole culpa, miedo y una falsa esperanza de que todo irá bien (si se somete a sus directrices). Aquí entra en juego la variable sexual (incestuoso, qué más da). Pero es una práctica que escapa del erotismo (aunque pueda generarlo en el lector) porque es una práctica perversa, sólo llevada a cabo como acto de dominación, de sometimiento y, en última instancia, de castigo. Tampoco Eva escapa de ser perversa en su accionar y es ese sentimiento es el que la lleva a su propia destrucción. Con todo, la redención está muy lejos de todos los personajes de esta novela.

¿Cómo ves la salud de la novela negra en España? Algunos hablan de un auténtico renacimiento.

Creo que comenté algo de este tema pero lo profundizaré. Es complejo analizar este aspecto puesto que a mi juicio (y es la opinión de muchos compañeros) el nuevo género negro (este que enloquece a los editores y excita a los libreros y nos confunde a casi todos) excede los límites del policial clásico, que es desde donde nació, décadas atrás, la etiqueta. Y esto es saludable porque enriquece la literatura moderna. La novela negra tiene un atributo que no siempre disfruta el policial clásico: la novela negra debe ser, antes que negra, novela. Subsuelo no es un policial (no me interesa en absoluto la investigación policial o detectivesca) pero sí es una novela negra. Y lo es porque en sus páginas hay oscuridad y sus actores hacen daño, son perversos y mienten y más cosas, todas cercanas al mal. Debo afirmar, con total certeza, que es el mal la llave del nuevo género negro. El mal que archiconocemos y, por lo tanto, se enciendo pronto de verosimilitud. Nada puede ser increíble después de Auschwitz. Es el mal lo que ‘pone’ al lector. Porque donde haya pisado un ser humano siempre existirá maldad, la oscuridad, la locura. Eso lo sabemos desde las tragedias griegas, Edipo Rey está plagada de negrura, lo mismo que ciertos pasajes (algunos muy conocidos) de la Biblia. Deberíamos fijarnos en esta suerte de fusión para entender el denominado fenómeno que provocó el nuevo género negro.

Subsuelo es novela de secretos. ¿Cuál sería el papel que éste juega en tu narrativa?

Me gusta y me emociona trabajar lo que sucede por debajo de los personajes, lo que no se quiere enseñar, lo que se oculta. Somos, también, lo que no queremos que se sepa. Siempre existirá un secreto que nos perturbe, que nos revuelva y no impida ser completamente libres. Como dije en la pregunta anterior, la literatura moderna necesita de la verosimilitud. Y ningún personaje sería verosímil sin su lado oscuro, oculto, subterráneo. Es cierto: Subsuelo es la historia de un par de secretos. Así de simple.

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