'La Enramá': emparejarse cuando no existía Tinder

Lucía Martín *

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Dos jóvenes, emparejados al azar durante la celebración de ‘La Enramá’, comienzan su primera cita. / Ayto. de Pinofranqueado

En un pueblo de Cáceres se festeja La Enramá, una curiosa manera de emparejar a los mozos y mozas de la localidad, tradición que cuenta con 140 años de historia. El rito sigue celebrándose hoy.

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Hubo un tiempo en que no existía Tinder, ni ninguna aplicación de ligoteo, ni tan siquiera, Facebook. Entonces en los pueblos la gente se emparejaba de otra manera: estaba la forma tradicional (y poco democrática) de que los padres eran los encargados de buscar el novio (sobre todo a las féminas), la verbena del verano, el bar, las fiestas e incluso, había emparejamientos al azar de la mano de un «inocente».

Esta última forma es la que tenía lugar en la localidad de Pinofranqueado, en Cáceres, donde aún a día de hoy se celebra La Enramá, una fiesta que tiene lugar desde hace 140 años a través de la cual se hace un emparejamiento «temporal» de los chicos y chicas del pueblo. Y es que un siglo atrás se veía con desconfianza a los que llegaban de fuera y se prefería que “todo quedase en casa”, de ahí que se emparejase dentro del pueblo poniendo buen cuidado, eso sí, en que los elegidos no fuesen familiares.

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Decenas de personas participan en la celebración de los emprejamientos de ‘La Enramá’. / Ayto. de Pinofranqueado

¿En qué consiste este rito que sigue manteniéndose? El día 18 de agosto tiene lugar la primera parte del evento: ese día se realiza el sorteo en el que se tienen preparados los nombres de los chicos y chicas solteros del pueblo (hoy se admiten vecinos de otras localidades). Desde el torreón, los denominados ‘cantaoles’ (un representante de los chicos y una de las chicas, nos confirman desde el Ayuntamiento) sacan los nombres de los “futuros novios” a la vez que gritan: “¿Con quién digo, con quién diré? La burra cana con el tío José”.

Seguidamente, se sacan los nombres, que aparecerán luego publicados en una lista, a la vez que se dice: “¿Va bien? Bien va. Y si no, ¡que se joda, que se joda!”. O sea, que o te gustaba lo que te tocaba o eran lentejas… Al sorteo solo asisten los chicos, ellas no pueden estar presentes. Una vez conocida la pareja correspondiente, las mujeres deben confeccionar un ramillete de flores silvestres que pondrán en la solapa de su partenaire cuando la vaya a buscar. De estas flores de hecho deriva el nombre de la fiesta, La Enramá.

“El cuidado que siempre se mantuvo con esta tradición era el de no formar parejas dentro de la misma familia. Sinceramente, no sabría decirte hasta cuándo los emparejamientos fueron ‘reales'», explica Montse Iglesias, promotora cultural del Ayuntamiento. “En la actualidad los que quieren apuntarse lo van haciendo voluntariamente, hay también una modalidad de niños. Normalmente intentamos que las listas cuadren, este año hay unas 30 personas inscritas, entre chicos y chicas”, añade.

Hay que decir que a lo largo de la historia sí se han formado parejas reales de esta forma. Al parecer, a día de hoy, habría al menos tres familias en el pueblo formadas con este rito.

El día 20 de agosto tiene lugar la segunda parte de la celebración: ese mismo día las chicas confeccionan el ramillete de flores y los chicos pasan a buscarlas por sus casas. No lo hacen solos, sino que suele haber una comitiva formada por un tamborilero y los lugareños. Se van recogiendo sucesivamente todas las parejas que acabarán juntas en la plaza al lado del Consistorio.

Entonces empieza la denominada Jota del Arco: se hace un arco con los brazos de las parejas, pasando por debajo de ellos una tras otra y así hasta completar una vuelta a la iglesia. Después, comenzará la verbena en la que las parejas deben bailar tras lo cual habrá una cena, a la que asisten todos los participantes. En ese momento deciden si quieren seguir con el noviazgo o si su historia se queda en un frágil “amor de verano”.

(*) Lucía Martín es periodista.