'Alien: Covenant': la sombra de Prometheus es alargada

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Alien
Cartel de 'Alien: Covenant', película dirigida por Riddley Scott. / 20th Century FOX España

Tres tipos son fundamentales en la creación de la saga Alien: el guionista Dan O'Bannon, el artista gráfico y escultor H.R. Giger y el director Ridley Scott. O ́Bannon creó el guión titulado Bestia estelar junto a su colega Ronald Shusett y los dos decidieron darle un nombre menos de serie B. El título Alien gustó mucho a Fox. También fue O ́Bannon el que descubrió el libro Necronomicon, de H.R. Giger, y pensó que las creaciones de aquel extraño artista suizo eran perfectas para el universo Alien. Scott vio su trabajo, quedó absolutamente fascinado y viajó a Zurich para traerse a Giger en el avión al estudio. El resto es historia del cine.

Ahora nos llega a las salas Alien: Covenant, continuación de lo sucedido en la espantosa Prometheus. Aunque en principio fue planteada como una precuela de esa película. Fox decidió finalmente que fuese una secuela. La película, además, iba a llamarse Alien: Paradise Lost. El estudio decidió meter en el título la palabra Alien para que el público relacionara la película con la franquicia original y no con la decepcionante Prometheus.

Para hacer más interesante el culebrón Alien, hace dos años el realizador especializado en ciencia ficción Neil Blomkamp (Distrito 9, Elysium y Chappie) anunció que iba a rodar un nuevo Alien, pero no una quinta parte sino una continuación de Aliens, la segunda parte rodada por James Cameron. Blomkamp despreció, en un inoportuno anuncio en las redes sociales, a las (mediocres) películas de Fincher y Jeunet (la 3 y la 4). El comentario de Blomkamp le hizo tan poca gracia a Fox que canceló un proyecto que hace pocos días el propio Ridley Scott ha dado por muerto.

Dicho esto, centrémonos en Alien: Covenant, en la que volvemos a ver, tras Prometheus, a Michael Fassbender, Noomi Rapace y Guy Pearce (únicos actores que repiten) y a James Franco en un papelito bastante insignificante. El que ahora sí tiene verdadero protagonismo es Fassbender en la piel del inteligente androide Walter. Y encima con una sorpresa que, por supuesto, no desvelaré.

Rodada en Australia y Nueva Zelanda, lo primero que llama la atención de este nuevo Alien es que no se desarrolla en el espacio exterior (en naves o planetas con atmósferas irrespirables) sino en tierra firme (en un planeta desconocido similar a La Tierra). En este sentido, Ridley Scott y su equipo muestran un poderío en las localizaciones naturales verdaderamente admirable.

Su arranque es bastante potente, la presentación del equipo es coherente (cosa que no pasaba en la chapucera Prometheus) y las relaciones entre los personajes no dan vergüenza ajena, aunque tampoco es que sean para tirar cohetes. En su banda sonora el uso de la famosa ópera El oro del Rin, de Richard Wagner (en concreto el pasaje La entrada de los dioses al Valhalla) es acertado.

Además la película es valiente en su uso de escenas sangrientas, puro cine gore. No se puede decir lo mismo, eso si, del tratamiento sexual, políticamente correcto y hasta con escenas (la de la ducha, por ejemplo) que rozan lo hortera, algo que el señor Ridley Scott no suele poder evitar. Desgraciadamente, muy lejos quedan las metáforas sexuales y la valentía del primer Alien en este terreno. También sus sugerencias, su uso de las sombras. Es una pena que el dinero (el primer Alien costo 11 ajustados millones de dólares del año 79) traiga siempre imágenes más obvias, menos sugerentes.

El problema de Alien: Covenant es que la sombra de Prometheus es demasiado alargada y la película falla queriendo ligar la absurda trama de aquella película de 2012 con esta nueva, más cercana a Alien. Aunque la película es entretenida, el puente entre las dos no funciona y tiene un importante bajón en una secuencia en el que un film tan de género se torna filosófico y pretencioso. En este segmento, erróneamente verbal, entran innecesarias referencias a Robinson Crusoe, La isla del doctor Moreau, El moderno prometeo, Lord Byron u Ozymandias, de Shelley. Una pena.

De todas maneras estamos ante la más entretenida y menos pretenciosa película desde la espectacular cinta de James Cameron, con un buen final y unos efectos especiales de primera. Y como siempre digo: disfrútenla en un pantallón.

El plan B

Demonios tus ojos, seleccionada en el Festival de Rotterdam y respaldada por buena parte de la crítica, nos habla de Oliver (Julio Perillán), que tras ver en Internet un vídeo de alto tono sexual de su hermana Aurora (Ivana Baquero, la niña de El laberinto del fauno) decide regresar a España y retomar la extraña relación que la unía a ella. Una propuesta rara, valiente y alejada del cine de fórmula. Y eso, de por sí, ya es digno de aplauso. También lo es que plantee una oscura historia de perversión a plena luz del día.

20th Century FOX España (YouTube)

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