¿Necesitan los niños libros de autoayuda?

  • Una señora nos contó que necesitaba libros para preparar la “habitación de la calma” para su hijo de tres años. “Estará de coña, ¿no?”
  • La infancia es uno de los mejores momentos para que los niños aprendan a amar los libros, para que disfruten con ellos

Hace unos semanas entró una señora a la librería preguntando por la sección de autoayuda y meditación para niños. Nos contó que necesitaba libros para preparar la “habitación de la calma” para su hijo de tres años. “Estará de coña, ¿no?”, me susurró mi compañera tras dejarla viendo unos cuantos títulos. “Me da que no”, fue mi contestación.

En el mundo editorial llevamos muchos años lidiando con las modas: las trilogías eróticas, la novela policíaca nórdica, las sagas distópicas, los libros de youtubers, la nueva dieta del momento… Sin embargo, no puedo evitar mirar con cierto recelo esta nueva tendencia de la autoayuda para niños. Ya casi parece imposible recomendar un cuento para los más pequeños; cada vez son más los padres que quieren libros de gestión de las emociones, de yoga o de mindfulness para los más pequeños. Cuando hace unos pocos días nos llegó el enésimo título sobre este tema, De mayor quiero ser feliz, creo que a todas las libreras nos entraron ganas de tirar la toalla.

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Y es que no habría nada de malo en la diversidad de temáticas en la literatura infantil si no fuera porque, cada vez con más frecuencia, son muchos los padres reticentes a comprar un cuento normal a sus hijos. La infancia es uno de los mejores momentos para que los niños aprendan a amar los libros, para que disfruten con ellos, pero parece existir un afán en los progenitores más modernos para eludir la lectura de ciertos títulos que a todos nos hicieron felices de pequeños.

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Hace un tiempo tuve a un niño en la tienda que se enamoró de El pollo Pepe. Su madre no quiso comprarlo y su respuesta fue tajante: “Quiero libros que enseñen cosas a mis hijos.” No era la primera vez que me veía en una situación así. Cuando le recomendé a otra madre el cuento de Elmer su contestación fue muy parecida: “¿Cómo le voy a comprar ese libro a mi hija? ¿Qué le va a enseñar un elefante sobre la vida real?”

Es evidente que muchos padres son incapaces de entender que un cuento puede albergar en su interior una enseñanza para sus hijos, sea este protagonizado por un elefante, un ratón o un pollo. Esopo podría demostrarles todo lo contrario, pero se niegan siquiera a echar un vistazo a algo “tan anticuado”. Hemos alcanzado un punto tan absurdo que la gente prefiere comprar cualquier perturbadora mezcla de manual de autoayuda, espiritualidad barata y new age colorido infantil antes que Los tres cerditos. Y no, no estoy exagerando: existe El Secreto para niños. Como si no fuera suficiente lidiar con padres que quieren diferenciar los libros “de niños” de los “de niñas”, ahora nos enfrentamos a esto.

Por supuesto, no quiero decir que todo tenga que ser algo negativo. No veo mal que se utilicen ciertos libros de gestión emocional en las aulas, pero con cierto límite. El problema es que este parece ya no existir.

Hay mucha pedagogía que hacer en las librerías y en las bibliotecas. Hay que encontrar la manera de demostrar que un cuento de fantasía puede hacer de un niño alguien mejor. Chesterton tiene una cita maravillosa al respecto: “Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.” Creo que no hay frase más perfecta para demostrar que en cualquier cuento nuestros pequeños pueden aprender lecciones importantes, disfrutar de la lectura y, sobre todo, seguir siendo niños.