A Mario Vargas no le gusta Fred Vargas

  • “Ella es muy popular, pero no se si está dentro del nivel que tiene un premio como éste”, declaró Vargas Llosa, y luego, puso como ejemplo de novela de nivel una reciente obra de Javier Marías
  • Otros piensan que Mario Vargas no gusta de la obra de Fred Vargas porque piensa que el género policial es género menor si lo comparamos con sus novelas

A Mario Vargas, premio Príncipe de Asturias de las Letras de 1986 no le gusta que a Fred Vargas le hayan dado el premio Princesa de Asturias de las Letras de este año. Unas horas después de que se produjera la ceremonia de entrega de premios en Oviedo, en unas declaraciones de la cadena COPE, el Premio Nobel declaró que “ella es muy popular, pero no se si está dentro del nivel que tiene un premio como éste” y luego, puso como ejemplo de novela de nivel una reciente obra de Javier Marías. Coincide, además, este tipo de declaraciones con la comprobación de la ausencia, por motivos de enfermedad, alegó ya la galardonada hace meses, en la ceremonia de entrega de los premios. Hay que decir, también, que la cantidad que se dona a los premiados le ha sido retirado a la novelista francesa.

Estas declartaciones de Mario Vargas sobre Fred Vargas han causado cierto estupor pues tanto Darío Villanueva, presidente de la RAE como Sánchez Pertierra, que fue el promotor de la candidatura de la novelista francesa al premio Princesa de Asturias de las Letras, se han sentido en cierta manera cuestionados en la defensa de la obra de la francesa. Villanueva era presidente del jurado que otorgó el galardón a Fred Vargas y destacó de ella “la originalidad de sus tramas, la ironía con la describe a sus personajes, la profunda carga cultural y la desbordante imaginación, que abre el lector horizontes literarios inéditos”, amén de “la musicalidad de su buena prosa en francés”, lo que supone la revitalización de un género, la novela de intriga, al que ha sumado, brillantemente, novedosas piezas, atmósferas y espacios hasta componer una obra de proyección internacional”. Ahí es nada.

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Para el lector no familiarizado con la obra de la autora francesa, diremos que ella poco o nada tiene que ver con Mario Vargas: Frédérique Audoin-Rouzeau, nacida en París en 1957, tomó ese alias de la María Vargas que Ava Gardner interpretó en aquella maravillosa película, La condesa descalza, dirigida por Joseph Mankiewicz y con la citada Ava Gardner, Humphrey Bogart y Edmond O ´Brien como principales intérpretes. Frédérique Audoin-Rouzeau, al contrario que Vargas Llosa, pertenece a una de esas familias de la burguesía intelectual francesa que dejaban atónito de deseo al joven escritor peruano que paseaba sus pobreza y anhelos por un París hostil y bellamente provisto de esperanza: su padre, Philippe Audoin, pertenecía al entorno de André Breton, y su hermano, Stéfane Audoin- Rouzeau, es un afamado historiador espcializado en la I Guerra Mundial y que fue inspirador del personaje de Lucien Devernois, alias “San Lucas”, uno de los muchos que pueblan las novelas de Fred Vargas y que son un verdadero hallazgo dentro del género. Frédérique Audoin- Rouzeau, además, es historiadora, al igual que su hermano, pero ha conseguido cierta reputación científica en el campo de la arqueozoología: así, adquirió fama en este campo en 2003 con un ensayo rutilante sobre la peste negra, Les Chemins de la peste, le rat, la puce et l´homme. Con anterioridad había publicado obras dirigidas a un público altamente especializado, como Ossements animaux du Moyen Âge au monastère de la Charité sur Loire o Hommes et animaux en Europe: corpus de données archeózoologiques et historiques…

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Pero provista con el pseudónimo de Fred Vargas, la escritora francesa ha conseguido lo que parecía ciertamente algo arduo en un género en el que parece que la fórmula estaba agotada hace tiempo, el polar, el thriller, la serie negra, la novela policíaca.., ese género que se denomina de variadas maneras, hasta con colores, serie negra, amarilla, pero que en el fondo es muy rígida en sus perfiles canónicos. Fred Vargas ha conseguido revitalizar el género, como en cierta manera lo ha hecho Camilleri en Italia inspirándose en nuestro Vázquez Montalbán, nunca suficientemente valorado, y lo ha hecho mediante la creación de personajes muy bien caracterizados en su psicología, algo en que los escritores franceses brillan desde el siglo XVIII. Así, el inspector Jean Baptiste Adamsberg, que al igual que Maigret parece inspector de método cuántico, por imprevisible, Camille Forestier, una música que tiene un hijo con el inspector Adamsberg, Mathias Delamarre, especialista en prehistoria, uno de los tres especialitas en épocas pasadas apodados “Los evangelistas” y que son protagonistas de una serie denominada así, y por último, no podía faltar, La Boule, el gato del comisario, que es sencillamente una bola de pelo.

A muchos se nos escapa la razón de que Mario Vargas haya pronunciado esas palabras en la COPE de Asturias. Podía haberlo hecho cuando le dieron el premio a la escritora, que es una reconocida ecologista y ha votado por Cohn Bendit en las eleciones europeas, pero no lo hizo. Lo ha realizado después de la ceremonia de entrega de los premios y muchos piensan que hay ocultas razones de apoyo a las instituciones de nuestro país (?) en esas declaraciones, lo que no deja de ser absurdo porque una escritora de novela policiaca,que se declara enferma y es de una timidez casi enfermiza, no creo sea capaz, ni lo pretenda, de despreciar un premio muy poco dado a los intríngulis de los altos intereses internacionales, como a veces no sucede con el Nobel de la Paz, por poner un caso. Otros piensan que Mario Vargas no gusta de la obra de Fred Vargas porque piensa que el género policial es género menor si lo comparamos con sus novelas, algunas, por cierto cuya excelencia radicaba en lo que tenía de thriller, como La fiesta del chivo, lo que llevaría a pensar que Mario Vargas está conformado en una nube estética de clara obsesión reaccionaria, no conservadora, es decir, aquellos que piensan que el género es propio de la cultura de masas, y que contraponen a la High Cult, en la que, por supuesto, su obra se inscribe. Ni que decir que a todas luces la cosa es absurda.

Nos queda la última opción, si no hay otras ocultas: a Mario Vargas no le gusta que alguien con su apellido brille en su esfera, que considera propia. Esta última opción, puramente especulativa, no es descabellada. Hay un escritor, Fernando Marías, que no tiene que ver nada con la familia Marías, a la que pertenece el novelista Javier, y sé que a esa familia no les gusta nada que alguien lleve su apellido con éxito en el mismo ámbito en que se mueven.

Hay más, desde luego, pero la cosa no tiene ninguna importancia. Desde luego no más que las líneas que le hemos dedicado. Porque parece mentira, la verdad nunca se sabe.