Lenore: “Almodóvar me parece muy talentoso, pero políticamente es lo más reaccionario”

  • "Cada vez que mencionaba la relación de La Movida con el PSOE mucha gente se ponía nerviosa"
  • "Es un bajón que 40 años después venga una alcaldesa presuntamente de izquierdas y nos diga que no se puede ir más lejos de lo que hizo Tierno"

Víctor Lenore (Soria, 1972), periodista musical de larga trayectoria, es un moderno arrepentido. Un día decidió rasgar el plástico de la música moda que tan bien conocía y encontró humo mezclado con intereses poco loables. En su libro Indies, gafapastas y hipsters (Capitan Swing, 2014) decidió contarlo y alertar sobre la dominación cultural capitalista de estas escenas. Levantó pasiones y se llevó un buen número de haters.

Ahora vuelve a la carga con Espectros de la movida. Por qué odiar los años 80 (Akal, 2018) para derribar uno de los mitos que acompañaron a la Transición. Alerta para nostálgicos: este trabajo de investigación viene a demostrar que la Movida tuvo bastante poco de contracultural y sirvió para teñir de purpurina y colorines a una España que se rendía ante el neoliberalismo. Conversamos sobre ello en su barrio de Madrid, El Pilar, en una cafetería que, ironías de la vida, lleva por nombre Paraíso, uno de los primeros grupos movideros.

Fue adolescente en los 80, ¿lo recuerda como una época feliz?

– Recuerdo que era feliz, pero era una época en la que uno no tiene muy claro lo que es ser feliz. Vas a ver una película, te comes una hamburguesa y ya te crees que eres feliz. Era una vida muy individualista y muy consumista. Desde adolescente me atraía mucho la modernidad y luego te das cuenta de que es muy insatisfactorio. Crees que estás haciendo algo alternativo, cuestionador o contracultural, pero lo que estás haciendo es obedecer al sistema servilmente.

 

“Nunca diez años habían resultado tan corrosivos para los vínculos sociales como la década de los 80”, dice en su libro. En esta época en la que Margaret Thatcher y Ronald Reagan extendieron el neoliberalismo, ¿la industria cultural estuvo al servicio?

“Las pelis de Almodóvar parecen un publirreportaje del yupismo sociata”

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– No creo que estuviera sirviendo explícitamente a los intereses de Reagan, Thatcher –y Felipe González–, pero se dieron cuenta de que el neoliberalismo les venía muy bien. Se ve claramente en la industria del cine de Hollywood. Peter Biskind recoge en el libro Moteros tranquilos y toros salvajes que se tenía que lidiar con una serie de directores hiperconflictivos como Scorsese, Coppola, Schrader, que hablaban de las cosas más sucias de EEUU: el veterano que vuelve de la Guerra de Vietnam, el paro, las mafias…

Los productores de cine se dan cuenta de que pueden ganar mucho más haciendo películas con muñequitos de Spielberg, de ‘guerras en las galaxias’ en lugar de guerras en casa, o de neurosis de los yuppies en los 80 cuyos problemas más grandes son un divorcio o un despido. Las pelis de Almodóvar o de Oscar Ladoire pasan entre Justicia, Malasaña y La Latina (Madrid), y de vez en cuando estos yuppies hacen un safari exótico para pillar droga a Vallecas y ver la vida de los pobres. Es una visión profundamente burguesa y reaccionaria, hasta el punto de que las pelis de Almodóvar parecían un publirreportaje del yupismo sociata. Yo me río mucho con Almodóvar, me parece un tío supertalentoso, muy gracioso y que tiene un sentido estético brutal, pero políticamente es la cosa más reaccionaria que hay. La cultura del tardofranquismo era mucho más crítica que la del felipismo. En el tardofranquismo ganamos una Palma de Oro con Los Santos Inocentes y había documental social como El Desencanto.

Relaciona la situación cultural de EEUU con la de España, pero nosotros veníamos de 40 años dictadura. Los 80 son época de liberación en todos los sentidos. ¿La Movida no era una reacción natural?

– Creo que surge natural, pero también creo que sobrestimamos las diferencias entre España y el resto del mundo. Se puede poner el foco en que los 70 fueron una época hiperconflictiva y los 80 fueron una época de consenso. España tenía la particularidad de que era una dictadura, pero la crisis de acumulación capitalista es la que marca la situación económica de cada país. Almodóvar decía: “al final del franquismo mi estrategia vital fue vivir como si Franco no existiera”, es decir, una especie de amnesia política militante. En otro momento él dice que “militaba en la frivolidad”. Esa es mi objeción a la Movida. Está muy bien la frivolidad en la vida y es verdad que la izquierda antifranquista pecaba de solemne: no puedes ser gay, follar o divertirte porque es antirrevolucionario. Sin embargo, esto no significa que tengamos que aceptar la actitud contraria de que todo lo que es frívolo mola y lo que no es frívolo no. Creo que hay que llegar a un punto medio.

— En el libro, trata de manera muy crítica la relación de la Movida con el PSOE, que estaba en el Gobierno y en muchos ayuntamiento. ¿Por qué casa tan bien el felipismo con este movimiento cultural?

“La parte mediática del PSOE era una auténtica estructura de chantaje. Se ve claro en La bola de cristal

— Soy periodista musical desde hace mucho tiempo y cada vez que mencionaba la relación de La Movida con el PSOE mucha gente se ponía nerviosa. Cuando pasa eso a mí me zumba el sentido arácnido y empiezo a buscar. Lo que encontré fue brutal. La parte mediática del PSOE era una auténtica estructura de chantaje. Se ve claro en La bola de cristal. Están Santiago Alba Rico, Carlos Fernández Liria y Lolo Rico haciendo su programa, que se salía un poco de lo estándar, y les llama Pilar Miró –entonces directora de TVE– para decirles que no se pueden meter ni con Reagan, ni con Thatcher ni con Felipe González. Realmente eran lo mismo, solo que a nosotros nos tocó que un socialista aplicara la terapia del shock postfranquista. Luis Pastor también cuenta el interés del PSOE en tener a cantautores en sus mítines y que, cuando les pide mejorar condiciones laborales, le apartan por “revoltoso”. Querían gente muy obediente que supiera cuales eran los límites del discurso.

— Entonces la canción de autor no pasa de moda, más bien es que no interesa determinada canción de autor…

— A ellos les molestaban las letras, una cierta actitud de cuestionar y pedir democracia. Si te subes a un escenario para decir que te gusta follar, que la cocaína está muy rica y que hay que pasárselo lo mejor posible en la vida, como dice Joaquín Sabina, les parece fenomenal. Eso no le pasa a gente con otra mentalidad como Javier Krahe. Cuando hizo la coplilla de contestación a Felipe González por cambiar de opinión en el referéndum de la OTAN, le cortaron los contratos municipales y le quitaron el acceso a Televisión Española. Pasó de tocar en salas grandes, a tocar en salas para 50 o 60 personas. El PSOE y Alianza Popular no tenían muchas diferencias en lo económico y en lo laboral, así que la estrategia socialista fue diferenciarse en lo cultural: una cultura de colorines, chispeante, pero que no les creara ningún conflicto.

Reportaje de la revista Garbo sobre la visita de Andy Warhol a Madrid.

— Realiza una crítica muy ácida al Ayuntamiento de Tierno Galván por utilizar “la efervescencia cultural” de la Movida para ocultar que la batalla política real no se estaba dando . ¿Manuela Carmena es heredera de esta estrategia?

— Creo que Carmena es peor. Una cosa es que Tierno Galván, con el 23 de febrero y con los abogados asesinados de Atocha, entienda hasta donde se podía llegar y decida hacer de Madrid una ciudad más divertida y tolerante. Pero que 40 años después venga una alcaldesa presuntamente de izquierdas, que he votado, y nos diga que no se puede ir más lejos de lo que hizo Tierno, es un bajón. Yo no soy nada radical, me considero más bien socialdemócrata y reformista, pero coincido con las críticas que Anticapitalistas, que no me caen nada bien, le hacen a Carmena. Dicen que nos han condenado a la política de las migajas y es así. No la he votado para que sea la comisión de festejos y traiga a mi barrio a Rosalía o a Silvia Pérez Cruz, sino para que enfrente al BBVA y al lobby inmobiliario en la Operación Chamartín.

— ¿Y metería a Ada Colau en el mismo saco?

— No. Entiendo que haya gente decepcionada con algunas de sus políticas, pero creo que no es justo meterla en el mismo saco. A mí no me gusta exagerar en esto de las trayectorias vitales, pero creo que es diferente ser una activista anti-desahucios que una jueza.

— Hay un apartado en el libro donde hay bastantes bofetadas para nostálgicos. La melodía de la canción de Nacha Pop de La Chica de Ayer es sospechosamente parecida a la de una canción italiana. ¿Fue mala la calidad de la música en la Movida?

— Yo no creo que fuera mala. Contesto a lo de “la edad de oro en el pop español”, como si fuese “el siglo de oro” de la literatura, pero fue una etiqueta publicitaria que se les ocurrió, puro marketing. Como crítico musical creo que los 70 fueron muchísimo mejores que los 80. Estaban Camarón, Lole y Manuel, la nova canço, cantautores como Paco Ibañez… Luis Eduardo Aute o Camilo Sexto vendían mucho internacionalmente. Las canciones de La Movida apenas vendieron fuera de España porque imitaban lo que ya pasaba en Londres, Nueva York o Los Angeles. Antonio Vega (Nacha Pop) tiene muchísimo talento, pero había tanta prisa por convertirlos en genios que estaban todo el rato componiendo y las canciones les salían copiadas. Fue una época regulera e irregular. No se ha hecho un estudio serio, en gran parte porque la mayor parte de los críticos famosos, que ahora tienen 50 o 60 años, apoyaron mucho la Movida, como una especie de compromiso personal.

¿A quién salvaría y a quién tacharía de fraude en el ámbito de la Movida?

“Alaska y Mecano tienen canciones prácticamente intercambiables en muchos periodos de su vida y eran igual de pijos”

– Me gustan mucho Gabinete Caligari, Ilegales y no me gustan otros, pero el libro no habla de cuestión de gustos, sino de estructuras de poder. No hay algo así como alguien totalmente detestable, pero sí que hubo muchas exageraciones y muchas falsas divisiones. En el libro comento esto de que supuestamente Alaska y Los Pergamoides eran un ejemplo de integridad y Mecano era el grupo más vendido de la historia. Si ahora los escuchas, tienen canciones prácticamente intercambiables en muchos periodos de su vida. Y eran igual de pijos. Terror en el hipermercado, Quiero ser un bote de colón o Enamorado de la moda juvenil eran anuncios. Eran muy parecidas las canciones pop y los anuncios, lo que me parece un poco triste.

Ahora mucha gente se sorprende de las declaraciones de Alaska y Mario Vaquerizo. Alaska provocó la ira de la PAH al culpar a los desahuciados y Mario hace gala del consumismo y de su falta de cultura. ¿Han entrado en decadencia de valores o realmente siempre han sido así?

– Mario tiene una trayectoria más corta, pero creo los dos siempre han representado lo mismo. Nos llaman muchas veces antisistema, pero si hay antisistema habrá prosistema. Y ellos son prosistema: defienden el individualismo, el narcisismo, y la anglofilia. Son este tipo de cosas y no les echo la culpa, especialmente a Mario, que nunca ha ido de contracultural. Alaska tiene algunos delirios snob, pero nunca ha ido de lo que no era. Lo que me interesa señalar de los dos es que a los productores de cultura, de las televisiones y las radios, les interesa la gente que no tiene nada que decir. Si tienes algo que decir interesante te apartan. Creo que es una dinámica muy cutre aparcar de las secciones de cultura todo aquello que tenga que ver con el conflicto y potenciar lo que es inofensivo.

Alaska y Mario Vaquerizo junto a Esperanza Aguirre, de quien son seguidores./ Efe
Alaska y Mario Vaquerizo junto a Esperanza Aguirre, de quien son seguidores./ Efe

Hoy en día, en la música española, ¿dónde podemos ver reproducida la dinámica de La Movida?

– El director ejecutivo de Apple, Tim Cook, vino hace unos días en La Moncloa a hablar con Pedro Sánchez. Fue una entrevista supertranquila y de admiración mutua, cuando Apple es una empresa conocida por sus prácticas de explotación laboral en China y por su evasión de impuestos, que afecta a España especialmente. Lo siguiente fue que Cook fue al Apple Sore de la Puerta del Sol e hizo la presentación de su altavoz nuevo con Rosalía y dijo que representaba los valores de la compañía porque era mujer, muy creativa y fomentaba la diversidad. Acabó diciendo que el disco de Rosalía era perfecto para escuchar en un Apple Store. Yo tengo frases muy contundentes cuando hago crítica musical, pero algo tan demoledor no se me habría ocurrido nunca. Es como decirle a un cocinero que su comida es ideal para comer en un McDonalds. Es un momento muy movidero que me recuerda a cuando llega Warhol a Madrid en los 80. En lugar de tener un debate de qué es ser moderno, se elige a un tótem de la modernidad, nos ponemos alrededor de él y ver si se nos pega algo y somos modernos. Por otro lado, Rosalía va a aparecer en la nueva película de Almodóvar.

— ¿Y en qué estilos de música o artistas se repite esta dinámica hoy en día?

— Creo que hay una línea muy clara que es el indie, la cultura hipster y luego el trap. Alaska dice que está muy cómoda viendo a Soy una Pringada, Jenet y los Javis porque es como estar otra vez en La Movida. C. Tangana dijo que los artistas que más le interesaban eran Warhol y Dalí. Dice que las obras le dan un poco igual, pero son artistas que tenían claro que su objetivo era el poder y ganar dinero y así tener una posición para decir lo que ellos quisieran. Esos son los valores milimétricamente reproducidos. No cuestionar nada, simplemente preocuparte por ti, por ser cool, por ganar dinero y ya está. Son una mina de artistas pro-sistema, pero yo creo que el arte debería ser otra cosa. El indie y los hipster están más despistados, o menos interesados en el dinero, pero los otros claramente quieren dinero, atención mediática y hacen lo que sea por conseguirlo. Me parece una rendición artística brutal.

— Hace unos años que se han empezado a cuestionar algunos aspectos intocables de la Transición, pero parece que la Movida, que va ligada a ella, se ha criticado menos. ¿Pretende abrir una brecha con este libro?

“Si la gente de Cultura de Podemos se encuentra con Andrea Levy y hablan de libros y música van a estar de acuerdo en el 90% de las cosas”

— Yo lo que pretendo desahogarme. Como el sistema nos hace puzzles lo que intento es intentar reconstruirlo para tener una vida mínimamente coherente. También para que haya un punto de partida en las conversaciones que tengo con mis amigos. Si vas a una librería y quieres desmontar el cuento de hadas de Victoria Prego de la Transición, donde todo el mundo era pacífico, puedes encontrar un montón de libros. Pero no tenemos el relato cultural. La izquierda no tiene una visión cultural alternativa a la derecha. Estoy seguro de que si la gente de Cultura de Podemos se encuentra con Andrea Levy y empiezan a hablar de libros y música van a estar de acuerdo en el 90% de las cosas. Yo no intento cuestionar los gustos de la gente, yo todavía escucho esa música indie y hipster que antes escuchaba, pero creo que hay que darte cuenta de los valores políticos que hay en las distintas escenas, aunque luego lo disfrutes igual. Solo quiero ayudar a trazar un discurso de que la cultura no es neutra políticamente y que tiene unos valores detrás y hay que tener un mínimo de alerta.