Coral Herrera: “A las mujeres se nos ve como reproductoras de obreros”

  • Hablamos de poliamor, relaciones toxicas y patriarcado con la autora de 'Mujeres que ya no sufren por amor' (Catarata, 2019)

Todo comenzó con una tesis doctoral sobre el amor romántico. Después sus reflexiones se imprimieron en el libro La construcción sociocultural del amor romántico (Fundamentos, 2010). Más tarde llegó un blog, que alcanzó más difusión gracias a las redes sociales. En los últimos años, dos libros más: Mujeres que ya no sufren por amor (Catarata, 2019) y Hombres que ya no hacen sufrir por amor (Catarata, 2019). Coral Herrera (Madrid, 1977) lleva una década escribiendo sobre cómo querer bien. Es doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual y ahora trabaja en Costa Rica para la UNED. En sus dos últimas publicaciones deja de un lado el lenguaje académico para sumergirse en los ejemplos más cotidianos. Ha traspasado al papel ese tono de blog, que hace que cualquiera pueda entender sus reflexiones sobre el machismo, la pareja o el poliamor.

“Las compañeras feministas al principio recibieron mis reflexiones con escepticismo”, recuerda hoy. Herrera comenzó a escribir con la intención de “despatriarcalizar” el amor y conseguir que dejara de ser una trampa, a veces mortal. El lugar más peligroso para las mujeres, según la ONU, es el hogar. 

En su último libro, Herrera coloca a los hombres en una encrucijada histórica en la que tienen que elegir entre “unirse a la lucha por un mundo más pacífico, amoroso, igualitario” o seguir atrincherados en una masculinidad dominante, insegura y violenta. “La relación entre hombres y mujeres no está basada en una guerra de sexos, sino en una guerra de los hombres contra las mujeres que se traduce en violaciones, torturas y asesinatos a diario, a todas horas, en todas las partes del mundo”, recuerda en su último libro.

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Con ocasión de su visita a España, charla con Cuartopoder.es sobre amores tóxicos, cambiar el sufrimiento por el placer o la ética de los cuidados.

— Las mujeres llevamos muchos años de reflexión sobre cómo nos relacionamos gracias al feminismo, ¿ha ocurrido lo mismo con los hombres?

«El mito de la monogamia es un mito construido para las mujeres»

— Yo tengo una Escuela del amor. Al principio no se apuntaba ningún hombre y ahora cada vez hay más. También lo he notado en mis charlas, antes venían obligados por sus novias y ahora vienen ellos solos. Yo lo que hago es hacer preguntas para trabajar áreas como la honestidad, que creo que es un tema crucial para los hombres. Ellos han hecho siempre lo que han querido. El mito de la monogamia es un mito construido fundamentalmente para nosotras, los hombres siempre han optado a la diversidad sexual y amorosa que han querido, con prostitutas, amantes, etc. Para mí, es un concepto clave porque creo que la honestidad es fundamental para relacionarse en pareja. Ahora muchos hombres se hacen poliamorosos para poder seguir haciendo lo mismo sin tener que mentir, engañar y sin tener que ocultarse. Pero tener una ética de los cuidados en las relaciones es fundamental. Yo tenía amigos que me han dicho “lo importante es que no te pillen”, como si los hombres fueran chiquillos traviesos que pueden hacer lo que les dé la gana y tienen que negarlo todo aunque les pilles infraganti. Por eso, creo que en las relaciones también tienen que portarse bien y dejar de pensar que el amor es una guerra en la que todo vale, sino que es una forma de disfrutar la vida.

En el libro también planteo cómo los hombres se relacionan. Se comportan de una forma con las mujeres, pero no con sus iguales. En el libro también intento que los hombres hagan autocrítica amorosa porque creo que las mujeres ya llevamos mucho tiempo haciéndola, acudiendo a talleres, jornadas, conferencias, intentando liberarnos de los patriarcados que nos habitan. A ellos esto les beneficia porque aprenden a tener relaciones igualitarias y disfrutar más del sexo y del amor porque mi impresión es que los hombres no disfrutan mucho del sexo porque están demasiado centrados en el falo y en el coitocentrismo.

— Usted habla mucho de despatriarcalizar el amor, pero también de descapitalizarlo, ¿qué significa esto?

Es un resultado de la alianza entre el capitalismo y el heteropatriarcado. Esto quiere decir que a través de los mitos y la cultura nos meten una idea del amor y de lo que deberían ser las relaciones de hombres y mujeres basadas en la acumulación capitalista: cuantas más mujeres tengan a su alrededor los hombres, más prestigio tienen. Al capitalismo le conviene que nos relacionemos de dos en dos, en unidades familiares de dos personas en edad reproductiva que formen una familia feliz con su casa, su hipoteca, su coche, su perro y sus hijos. Algunas mujeres creen que la pareja nos iguala, porque una pareja es una unidad de trabajo en equipo frente al mundo. Al capitalismo no le interesa que nos queramos en grupo, ni las mujeres entre nosotras, sino que estemos solas, aisladas, acomplejadas, llenas de miedos y que nos pensemos que la salvación está en la propuesta del amor romántico. A la hora de hablar del patriarcado es inevitable hablar de capitalismo. Es una estructura política, económica y social que nos lleva a organizarnos de dos en dos y a no salir de esas unidades. Mi propuesta es inundar de amor toda nuestra comunidad, el barrio, el vecindario…

Además, creo que es la única herramienta eficaz que tenemos para contrarrestar todos los discursos de odio y también para acabar con el fascismo. Los demás no son nuestros enemigos, los inmigrantes no vienen a quitarnos el trabajo, ni a destruir España. Por un lado, el amor puede ser un instrumento de control social muy potente, pero por otro puede ser un motor de cambio y transformación. Ahora la revolución feminista no está solo en cambiar las leyes, sino también en las emociones.

—¿En las relaciones de dos mujeres también hay relaciones de poder?.

El patriarcado nos habita a todos y a todas. No se salva absolutamente nadie. Durante un tiempo yo sentí que las relaciones entre mujeres podían ser más fáciles o igualitarias, pero lo cierto es que poca gente se salva. Las relaciones lesbianas y gays también están basadas en esta estructura en la que se reparten unos roles, unas atribuciones de género. Se trata de cuestionar esas estructuras sin centrar solo el tema en el heteropatriarcado. Hay que despatriarcalizar nuestras emociones.

Hay un amor que me parece el más difícil de todos: el amor propio, aprender a quererse. No conozco a ninguna mujer que no tengan algún complejo.

El patriarcado intenta que las mujeres nos sintamos constantemente presas del miedo a que no nos quieran. Yo creo que la guerra de las mujeres se libra en tres frentes: el patriarcado contra nosotras, la guerra entre nosotras y la guerra que interiorizamos y reproducimos contra nosotras.

Esto hace que aunque no seas una persona con gordofobia, tus arrugas, tus estrías o tu celulitis te parezcan feas. Hay toda una industria para que nunca te sientas segura con tu cuerpo porque cuanto más inseguras nos sintamos, más gana la industria. Por eso nos sometemos a dietas terribles, sesiones de gimnasio espantosas, cirugías peligrosas para nuestra salud y gastamos mucho dinero y mucho tiempo en adaptarnos a los cánones de la belleza tradicional.

También está el mito de la superwoman por el que a las mujeres se nos dice que nunca llegamos a ser perfectas. Tenemos que ser buenas profesionales, pero también buenas amas de casa, buenas esposas, buenas hijas. En vez de asumir la imperfección como algo natural la asumimos como una desgracia.

Usted insiste en pasar de la teoría a la práctica. En un capítulo pone de ejemplo a esos chicos que se resisten a ponerse un preservativo como ejemplo de hombres que no cuidan a sus parejas.

Efectivamente, algunos incluso lo piden como prueba de amor. Pero la realidad es que es de una violencia infinita. En los países donde no hay aborto y ella lo hace sin condón porque su novio se lo pide, está expuesta a un peligro de muerte. En Europa estamos expuestas a un aborto, que siempre es duro desde el punto de vista emocional y físico, pero en América Latina se mueren con los abortos clandestinos. Para nosotras tiene un riesgo no solo por las enfermedades de transmisión sexual.

Todavía siguen muriendo mujeres en los partos. Creo que para algunas mujeres es muy complicado no ceder y los hombres no lo ven desde una perspectiva de una ética de los cuidados, de cuidarse bien. En América Latina muchos hombres se han organizado para no pagar la pensión, pero no se plantean hacerse la vasectomía. ¿Por qué? Porque el tema de la fertilidad está también asociado a la hombría y no les importa tener cuantos más hijos mejor. Se sienten muy limitados porque cada vez más países están obligando a los hombres a pagar  pensiones. Es un tema político pero se trata como individual que se relega a la intimidad.

— En el libro dice que se ve el cuerpo de la mujer como un bien social. No sé si ha podido ver las declaraciones de Casado ligando el aborto con la financiación de las pensiones, ¿es el ejemplo perfecto?

Sí, es el ejemplo perfecto de cómo piensa el patriarcado. Hay una ofensiva de la derecha para comercial con el cuerpo de la mujer, tanto sexual como reproductivamente. Se nos ofrece una miseria de dinero por vender a nuestros bebés, es monstruoso y además se vende como una cuestión de libertad de elección. Yo vendo mi riñón porque soy libre de hacerlo o a mi bebé porque soy libre. Siempre se nos ve como reproductoras de obreros. Somos los que los concebimos los criamos, los educamos y los ponemos en el mercado laboral al servicio de las grandes empresas.

La derecha, en vez de pensar en la inmigración como solución para cuestiones de despoblación, prefieren sangre española genuina, otro mito que tampoco existe. Es muy significativo estos movimientos de PP, Ciudadanos y Vox, en vez de proponer un proyecto propio de España dediquen todo su trabajo a acabar con nuestros derechos, los de las mujeres y la población LGTBI.

Tendrán nostalgia de esa mujer tradicional. Es curioso que a medida que nosotros nos vamos empoderando, a ellos les interesa que sigamos apegadas a los hombres. A medida que el feminismo cala en la sociedad, la reacción machista es cada vez más dura. Pero yo le veo la parte positiva. Tengo amigas que no son feministas y cada vez que oyen a Casado se ponen enfermas.

— Parece que la palabra “libertad” comienza a estar en disputa. La libertad de Ciudadanos no es la misma que la libertad de la que usted habla en el libro. Son opuestas.

Se están apropiando de nuestros conceptos. Como el feminismo de Inés Arrimadas, todo su decálogo es machista, no hay ni pizca de feminismo en esas propuestas. Es terrible que se apropien de nuestras luchas para presentar su propio concepto de feminismo. Yo tengo muy claro que el feminismo es revolucionario, antifascista, antirracista… Esta gente como no creen en los derechos humanos no pueden ser feministas. Yo sé que hay una parte de mujeres de derechas que sí creen en los derechos humanos, pero para ellas, no para las latinoamericanas, ni marroquíes, ni para las mujeres pobres. Ellas están lo mismo para que te limpien tu casa que para que tengan a tus hijos y encima lo disfrazan de altruismo. Es una cosa muy perversa.

«Hay toda una industria para que nunca te sientas segura con tu cuerpo «

 También habla del desamor sin sufrimiento. Eso sí le parecerá una utopía a mucha gente.

Yo hablo de disociar el amor del sufrimiento. El sufrimiento es un concepto importantísimo en nuestra cultura cristiana. Cristo murió en la cruz por amor a la humanidad, vivió una agonía horrible de tres días desangrándose en una cruz para demostrarnos que nos quería.

En su versión femenina está la virgen María, que es otra sufridora que entregó el fruto de su vientre a la humanidad para que lo sacrificaran, lo torturaran, mientras ellas lo pasaba mal desde la resignación. Esta idea ha calado sobre todo en las mujeres, esa idea de que amar implica sufrir, renunciar, sacrificarse, darlo todo para que en algún momento, después de un valle de lagrimas, llegue el paraíso, un paraíso romántico en este caso. Muchas mujeres se dan cuenta de que no hay recompensa, que por mucho que sufras o le aguantes no se queda a tu lado toda la vida. Creo que una de las mejores ideas que trae el feminismo es que tenemos derecho al placer y a ser feliz.

— ¿El poliamor es la liberación de todo lo que hemos estado hablando?

No, el poliamor es otro mito más. Nos estamos equivocando cuando creemos que la monogamia es patriarcal y la poliamoría no. Tiene que basarse también en una ética de los cuidados. Hay mucha gente practicando el poliamor sin tener en cuenta esta dimensión. En muchos casos, entre la gente que practica la poliamoría ellos tienen más parejas que las mujeres porque nosotras hemos estado educadas en la monogamia total y absoluta. Nuestro trabajo de despatriarcalizar el sexo y el amor es mucho más profundo porque también nos jugamos mucho más en las relaciones que tenemos con los hombres y con las mujeres. El poliamor está muy bien, pero siempre desde una perspectiva de los cuidados y la ética feminista, si no, es más de lo mismo.