Sin la Guerra Fría no somos nadie

  • "Le Carré es uno de los escritores de thrillers más dotados y complejos del género británico, que cuenta nada menos con figuras como Graham Greene y Eric Ambler"
  • ‘El espía que surgió del frio’, ‘El honorable colegial’, ‘El topo’ o ‘Llamada para el muerto’ se cuentan entre las mejores narraciones de espías de la literatura británica
  • "La calidad de las novelas de Le Carré murió con la muerte de la Guerra Fría"

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Nada resume mejor la posición que la generación británica a la que perteneció David John Moore Corwell (Pool, 1931- Conualles, 2020), más conocido por su nombre de guerra, literaria, como John Le Carré, y que murió el domingo en su residencia de Cornualles a la edad de 89 años, que la que retrató en los personajes de sus novelas respecto a la Guerra Fría, no por Fría menos guerra y generadora de unos condicionantes en la política internacional que duró hasta la caída de la URSS.

Nada resume mejor esa posición que el título de una de sus más celebradas novelas, Nuestro Juego (Our Game), de 1995. Aunque no perteneciente a las novelas del ciclo que le hicieron célebre, las de la Guerra Fría y que tenían como protagonista a George Smiley, es deudora de los flecos monstruosos dejados por esa tensión entre potencias que creó innumerables guerras periféricas, desde la de Corea y Vietnam a las tremendas de África y Latinoamérica, desde Bahía Cochinos pasando por Chile, Argentina o Nicaragua. En esta novela hay un espía jubilado, Tim Cramner, y que ha realizado sus servicios durante el período de la Guerra Fría, que se ve envuelto en el conflicto checheno. Aunque es novela que, como todas las de Le Carré y siguiendo la tradición británica del thriller, mezcla con fortuna acción, pensamiento, amor y política internacional, lleva hasta el extremo la pregunta de si hay ya grandes causas por las qué luchar y si queda ya lugar para algún tipo de idealismo.

Y estas cuestiones nos llevan a otra novela, ésta una de las célebres de su autor y esta, sí, perteneciente al ciclo de Smiley... y Karla, versión en espía de Sherlock Holmes y el profesor Moriarty. Me refiero a El topo, novela de 1974 y cuya traducción es una versión libérrima de Tinker, Taylor, Soldier, Spy, donde esa pregunta, que es típica de la puede hacerse un funcionario que ha vivido situaciones muy tensas en su juventud y piensa que los tiempos actuales carecen de nervio, se responde de manera magistral al modo en que se nombraba al enemigo en tiempos antiguos, con respeto por su valía. Cuando Smiley indaga la razón de que Bill Haydon, guaperas, agente doble y amante de la mujer de Smiley, haya traicionado a su patria, éste le responde con una frase que corresponde a la misma que podría haber dicho Smiley, pero justo al revés, que en el fondo equivale a decir lo mismo. Desde luego que esta novela debe todo al asunto de los Cinco Traidores de Cambridge y, sobre todo, a la figura de Kim Philby, que traumatizó a la sociedad inglesa en su tiempo y que culminó cuando Margaret Thatcher dio el nombre del último topo y que se trataba nada menos que del consejero de arte de la Reina Isabel, Sir Anthony Blunt. Ni que decir tiene que para Le Carré la cuestión tenía un interés primordial ya que había trabajado en el equipo de Kim Philby y de seguro le había admirado sobremanera. De ahí que le hiciera amante de la mujer de Smiley, nuevo Sherlock Holmes que finalmente derrota a Karla, su Moriarty de estrella Roja.

Le Carré es uno de los escritores de thrillers más dotados y complejos del género británico, que cuenta nada menos con figuras como Graham Greene y Eric Ambler, y en cierta manera ha sido su más digno sucesor. Pero hay que decir que su carrera es más limitada y que nunca llegó a alcanzar esa suprema calidad de algunas novelas de Greene o La máscara de Dimitrios, de Ambler, pero creo que narraciones como El espía que surgió del frio; El honorable colegial; El topo o Llamada para el muerto se cuentan entre las mejores narraciones de espías de la literatura británica y su servicio secreto, ese MI6 tan versátil que es capaz de acoger en su seno imaginario a personajes como James Bond o George Smiley...

La calidad de las novelas de Le Carré murió con la muerte de la Guerra Fría. Su imaginario era la URSS, el Moriarty, el Fu Manchú de Occidente. Desaparecido el peligro Rojo quedaban otros, como el poder de las industrias farmacéuticas, el conflicto palestino israelí, el terrorismo islámico...pero las novelas basadas en esos temas no resisten la comparación con los de la Guerra Fría que condicionó a generaciones enteras en el mundo. John Le Carré o sin la Guerra Fría no somos nadie: Buen epitafio para un espía, diríamos, siguiendo así el título de una novela de Eric Ambler, o de alguien que los creó, que los dio a la luz. Cada generación inventa sus propios mitos.

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