‘Dos en la carretera’: medio siglo de ¿la mejor película sobre la pareja?

'Dos en la carretera'
Fotograma de 'Dos en la carretera', la película de Stanley Donen que cumple 50 años.

- A ver si dejas de refunfuñar.
- No he dicho una palabra.
- Hija mía, que uses silenciador no significa que no refunfuñes.

¡Qué diálogos tiene Dos en la carretera! Aquí van otros ejemplos: “Una de las cosas que me molesta de las mujeres es que intentan clasificarte, ponerte en un casillero”. “No es que tenga nada personal contra las mujeres, son los contratos los que no me gustan, las promesas de fidelidad y buena conducta”. “El matrimonio es cuando la mujer le dice al hombre que se quite la ropa. ¿Sabes por qué se lo dice? Porque quiere llevarla al tinte”. “Los dos nos metimos en esto con los ojos abiertos, ninguno engañó al otro. Conque deja esos aires de virgen ultrajada”.

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¿Cuándo sabes que una pareja ha terminado, que no da para más? ¿Hasta cuándo se puede consentir una infidelidad en la pareja? ¿Y si ambos son infieles? ¿El sexo es mejor si es más bruto, si se siente menos, sin ese tacto y cuidado del enamoramiento? ¿Toda pareja pasa por fases, como por fronteras pasa un coche de viaje por Europa? Todas éstas preguntas y muchas más se hace, y sin responderlas categóricamente, ese absoluto clásico del cine que es Dos en la carretera, película que acaba de cumplir nada menos que medio siglo desde su estreno, un julio de 1967.

Cuando Stanley Kubrick se planteó rodar Eyes Wide Shut y adaptar Relato soñado, de Arthur Schnitzler, pensó en el magnífico guionista de Dos en la carretera: Frederic Raphael. Kubrick sabía que si alguien supo plasmar la relación de una pareja en crisis (y dialogar como pocos) fue Raphael.

Tipo listo, Kubrick. El libreto de Dos en la carretera es uno de los más grandes de todos los tiempos. Todo empezó con un breve tratamiento que el director Stanley Donen envió a Audrey Hepburn, pero la estrella le dijo a su amigo Donen que no estaba interesada en películas vanguardistas. A pesar de todo Donen insistió y cuando Hepburn leyó el guión completo y todos sus diálogos se enamoró de él. Tipa lista, la Hepburn.

El guión de Dos en la carretera se centra en un viaje de Londres a la Riviera francesa en el que Joanna y su marido Mark (prometedor arquitecto) reviven los comienzos de su relación (pura pasión), los primeros años de su matrimonio (amor sincero pero con sus roces) y su decadencia (con sus broncas y sus infidelidades). Las preguntas, en una narración no lineal, surgen desde el comienzo: ¿Qué será de ellos? ¿Es hora de separarse o de seguir adelante?

Dos en la carretera abarca doce años de una pareja. Los diferentes estilos de ropa y los coches que utilizan marcan el transcurrir del tiempo: pasamos de una pareja corriente a un par de estirados que se mienten. Pasamos de los cómodos vaqueros a la ropa de diseño. Pasamos de un utilitario a un Mercedes (que, por cierto, era propiedad del propio Stanley Donen). En Dos en la carretera todo son promesas al principio: no tener hijos (la pareja con la niña insufrible se lo deja claro), disfrutar de cada día juntos, hacer locuras, no madurar, amarse siempre, protegerse... pero con los años llega el desgate, las ambiciones, las mentiras, los cuernos... y todo parece irse al garete.

Dos en la carretera fue ninguneada en los premios de su año, pero muy bien recibida en España, donde ganó la prestigiosa Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Obtuvo solo dos nominaciones en los Globos de oro (actriz y banda sonora, trabajo que para Henry Mancini fue el mejor y más difícil que su carrera) y los Oscar la menospreciaron descaradamente: fue nominada al Oscar al Mejor guión original, que ganó una película muy inferior pero del gusto geriátrico de la Academia: Adivina quién viene esta noche. Por cierto: ese año Hepburn fue nominada por la muy comercial Sola en la oscuridad y también estuvo nominado (al Mejor guion) Jorge Semprún con La guerra ha terminado, de Alain Resnais. 

Su año fue el del cambio. Hollywood estaba evolucionando para mejor, se estaba modernizando a velocidad de crucero gracias a la indiscutible influencia del cine europeo, sobre todo el francés. Dos en la carretera no tenía nada que envidiar en modernidad, ruptura y talento a películas como Bonnye & Clyde, El graduado o A sangre fría, pero fue considerada, erróneamente, una película más frívola y comercial cuando en realidad fue un gran puente entre la comedia clásica y el revolucionario cine de los sesenta.

'Dos en la carretera'
'Dos en la carretera'

Stanley Donen, admirador del modisto Paco Rabanne, supervisó personalmente el vestuario del personaje de Hepburn, sobre todo cuando ya es una mujer aceptada en la clase alta. Donen era gran amigo de la estrella, a la que dirigió también en el musical Una cara con Ángel y en el policial Charada. El propio director confesó que en esas tres ocasiones solo había pensado en Hepburn al preparar las películas y que si no hubiera contado con la actriz no existirían. Tipo listo, Donen.

Las circunstancias personales de Audrey Hepburn fueron claves para la veracidad de su inolvidable interpretación. Tras un embarazo frustrado, estaba viviendo una definitiva crisis matrimonial con Mel Ferrer, un actor mediocre y acomplejado que sentía gran envidia por la exitosa carrera de su esposa. Para más INRI, Hepburn tuvo un romance con su compañero de cartel Albert Finney, una relación que se palpa en la pantalla, es obvia la química, la fisicidad en sus interpretaciones.

Para el papel del marido, Mark Wallace, se barajaron los nombres de Paul Newman, Michael Caine y Tony Curtis (eso confesó en sus memorias). Lo curioso es que Curtis también estuvo a punto de ser el coprotagonista de Hepburn en Desayuno con diamantes, pero los absurdos celos de Mel Ferrer lo hicieron imposible. Otra curiosidad de su reparto: la bella Jacqueline Bisset está doblada por otra actriz porque tuvo que participar en otra película y no pudo participar en la postproducción.

Y aunque el rodaje de Dos en la carretera no fue nada problemático, Audrey Hepburn tuvo dos momentos de crisis: uno al enfrentarse a su primer desnudo en pantalla y otra por su miedo al agua. El primero se solucionó quitando aquel desnudo en la sala de montaje y el segundo con buzos metidos en la piscina (en la divertida escena en la que Finney la tira al agua). El problema fue entonces para Donen: los buzos entraban siempre en plano nada más caer Audrey al agua.

Tras medio siglo, Dos en la carretera sigue viva y fresca. También su metáfora: el amor es un viaje entre dos. El final de la película nos presenta un paso fronterizo. Y nos hacemos nuevas preguntas: ¿La pareja cambia de país y a su vez renueva su relación? ¿Se quieren todavía a pesar de la erosión? Parece que los dos siguen adelante, pero el final es abierto y ambiguo, aunque muchos acusaron a Raphael de recurrir a un innecesario final feliz. Vuelvan a gozarla y decidan ustedes.