Cuando para un crítico de cine (fascista) una película era “crimen de lesa patria”

  • "Los especialistas en cine han sido despojados de su antiguo estatus y la crítica ha llegado a su periodo más decadente"
  • En revistas como "Primer Plano" se ensalzaba el afectado cine histórico que tan en boga estaba en la España franquista
  • "Hay que confiar la crítica de cine a personas capacitadas, como se confía la crítica teatral a los escritores que disponen de la cultura necesaria para el análisis perfecto"

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Hace años un espectador solo podía opinar sobre una película en las cartas de los lectores de los diarios o en las llamadas telefónicas a programas de radio como el de Carlos Pumares (Polvo de estrellas). Hoy eso es prehistoria. Desde la aparición de los blogs hasta el auge de las redes sociales, cualquiera puede hacer una crítica de una película, los especialistas han sido despojados de su antiguo estatus y la crítica ha llegado a su periodo más decadente. Como dijo Ángel Quintana, da la sensación de que el cine no requiera la preparación de la literatura, la música o la pintura. Hoy cualquier individuo, sin cultura y formación alguna, puede hacer una crítica de cine.

El ensayo La prensa cinematográfica en España (1910-2010), de Jorge Nieto Ferrando y José Enrique Monterde, profundiza en los tiempos en los que los críticos importaban. Y lo hace desde la creación de un oficio que no existía (con el cine mudo) hasta las últimas revistas de cine. El libro, un volumen magníficamente documentado, nos recuerda que en España los textos de cine pioneros, de carácter más publicitario que periodístico, nacen tras la proyección de las primeras películas en Madrid (en el Hotel Rusia, en la Carrera de San Jerónimo) y en Barcelona (en el Estudio fotográfico Napoleón, en la Rambla de Santa Mónica). Fueron meras crónicas de un nuevo y fascinante invento.

El cine no fue un arte bien tratado desde el principio por los intelectuales, o al menos no por todos. Aunque Valle-Inclán, Pio Baroja, Azorín, Emilia Pardo Bazán y Dalí escribieron a favor del cine, Eugenio d'Ors lo atacó por su “inmoralidad”, Santiago Rusinyol habló de “una cuadrilla de judíos explotadores que nos sorben la sangre a cambio de veneno” y Miguel de Unamuno llegó a hablar del “fatídico cine”.

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También con la llegada del sonoro llegaron la críticas adversas, publicadas a principios de los años treinta. Sebastià Gash escribió: “La época del cine está llegando a su fin. El cine sonoro ha hecho su aparición y vuelve al teatro. Y el teatro se lo traga con ansia y apresuradamente en menos que canta un gallo”. No dio una.

El primer crítico de cine en España fue Federico de Onís, que firmó sus textos en la revista España, fundada (en enero de 1915) por Ortega y Gasset. Pero aquellos ilustrados tiempos dieron paso a la oscuridad de la posguerra y a un país convertido en un páramo cultural en el que hasta la crítica de cine se hizo fascista. En la revista Haz se podía leer: “Nosotros trabajaremos porque en España no se proyecten otras películas que aquellas dignas de ser vistas por elementos que tengan el alto grado de temperatura espiritual de los que sienten una mística revolucionaria, de los que viven en tensión de lucha y fuerza de sacrificio. Trataremos que solo cintas de esta clase se proyecten en nuestro salones. La media artística de nuestra producción resulta pobre, golfante, ordinaria y triste”.

En revistas como Primer plano, que aplaudían la sanguinaria “cruzada” de Francisco Franco, se proclamaba: “Una película mala puede ser crimen de lesa patria y dar pruebas aparentes a nuestros difamadores". También en este panfleto se ensalzaba el afectado cine histórico que tan en boga estaba en la España franquista: “Ningún momento como este para que productores y realizadores sientan como imperativo indeclinable la obligación de enseñar cual fue la trayectoria magníficamente gloriosa de España a través de los siglos”. Y sobre la repugnante película Raza, con guión del dictador fascista y a mayor gloria de su enajenación, en Radio Cinema se dijo: “Llevemos al mundo nuestro azul, nuestra voz, nuestro ejemplo, nuestra experiencia, nuestras victorias, hagamos del cine una verdadera arma nacional”.

Algo que recuerda de forma muy acertada La prensa cinematográfica en España (1910-2010) es que el ejercicio de la crítica formó parte del hecho mismo de hacer cine y que entonces un crítico se consideraba también un cineasta. Y para recordarlo pone muchos ejemplos de críticos que fueron directores: Neville, Bardem, García-Berlanga, Erice, Zulueta, Antonioni, Truffaut, Chabrol y también Godard, que dijo: “Todos nos considerábamos en la revista Cahiers du Cinéma como futuros directores. Frecuentar los cineclubs y la cinemateca era pensar cine y pensar en el cine. Escribir era hacer cine, pues entre escribir y rodar hay una diferencia cuantitativa, no cualitativa. Hoy me considero aún como un crítico, lo soy más que antes”.

El ensayo La prensa cinematográfica en España (1910-2010), de Jorge Nieto Ferrando y José Enrique Monterde

El monumental trabajo de Ferrando y Monterde recuerda también que la revista de cine decana por excelencia es Fotogramas, nacida en Barcelona en pleno franquismo, el 15 de noviembre de 1946 con el impulso de Antonio Nadal Rodó, crítico de Radio Nacional de España. Todavía en la dictadura, en 1968, su hija Elisenda Nadal tomó el mando transformándola en Nuevo Fotogramas.

En la segunda edad de oro de la crítica, en aquellos años sesenta, Film Ideal se enfrentó a Nuestro cine en una pelea pareja a la que se vivió en Francia entre Cahiers du Cinéma y Positif. La figura del “autor” (que, como bien dijo Sidney Lumet, tanto daño hizo al cine) estuvo en el centro de muchas de sus polémicas. Eran los tiempos en los que Víctor Erice atacaba a Juan Antonio Bardem por su “didactismo” o en los que Antxon Eceiza escribió que le repugnaba John Ford.

Film Ideal fue otra criatura de la prensa católica (muchas publicaciones españolas estuvieron amparadas por el Opus Dei) y el origen de su cabecera viene de una intervención del papa Pio XII en relación a las “características del film ideal” desde la perspectiva católica. En los sesenta Film Ideal publicó críticas de Juan Tébar, Antonio Gasset, Vicente Molina Foix, Jesús Franco, Emilio Martínez Lázaro, Antonio Drove o Manuel Matji.

Y ya en los setenta, y con la Transición, llegó El País con famosas firmas dedicadas al cine como las de Diego Galán, Ángel Fernánez-Santos o Fernando Trueba, que creó, con los beneficios económicos de su película Ópera prima, la revista mensual Casablanca. En ella publicó su amigo Carlos Boyero, que acabaría recalando como crítico estrella en El Mundo y finalmente en El País. El Grupo Prisa también se encargó de levantar, para promocionar sus películas, la revista Cinemanía, hoy en plena decadencia.

Otras revistas que disfrutamos los cinéfilos españoles y que enumera y analiza La prensa cinematográfica en España (1910-2010) son Dirigido Por  (revista de crítica de cine que todavía sobrevive, algo milagroso), Imágenes de actualidad, Interfilms, Fila 7, Kane 3... hasta Opus Cero, revista que dirigí de 1998 a 2000. Es todo un honor formar parte de un riguroso estudio que hará las delicias de cualquier cinéfilo con cierta edad y experiencia, un trabajo que se lee con la nostalgia de recordar que hace tiempo ver cine, analizarlo y escribir sobre él era algo muy serio. Y apasionante.

Antonio Armenta escribió en El Sol: “Los comentaristas cinematográficos no les importa acumular en un mismo artículo más disparates e inexactitudes que palabras. El caso es convertirse en crítico cinematográfico porque la moda impone ese tipo de crítica. Hay que confiar la crítica de cine a personas capacitadas, como se confía la crítica teatral a los escritores que disponen de la cultura necesaria para el análisis perfecto. Antes de escribir sobre cine hay que leer mucho, hay que estudiar mucho”. Lo escribió hace nada menos que noventa años y sigue más vigente que nunca.

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