Toni Soler: “El independentismo se ha perdido en un discurso basado en el duelo”

  • Entrevista con el director de 'Polònia' y 'Està passant' de TV3
  • Periodista, analista político, escritor, humorista, productor televisivo y de radio

BARCELONA.- El programa satírico Polònia, de TV3, es, desde el año 2006, uno de los espacios televisivos con más éxito en Catalunya. Una gran parte de los personajes públicos de relevancia han sido imitados por grandes actores mostrando a la audiencia situaciones desternillantes. Desde que el conflicto territorial se ha agudizado, Polònia ha ayudado, a través del humor, a destensar un proceso político que cada vez se ha enconado más.

Toni Soler (Figueres, Girona, 1955) es director de Polònia, así como del informativo satírico, Està Passant, también en la televisión pública catalana. Periodista, escritor, productor de televisión y de radio, dirige la productora Minoria Absoluta. Analista político en distintos medios de comunicación, atiende a cuartopoder.es en una cafetería de un hotel del centro de Barcelona para conversar sobre la actual situación política y social en Catalunya. Una conversación interesante, que ayuda a comprender, desde dentro, los debates que vive la sociedad catalana y el independentismo.

 — Un tuit del actor Toni Albà, compañero suyo en Polònia, ha generado una polémica esta semana al criticar a Inés Arrimadas por acudir a Waterloo tildándola de puta. Usted ha rechazado la posición de su compañero, así como Polònia y la productora.

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«La trampa de Cs consiste en crispar el ambiente»

— Me parece un error confundir el ataque con el insulto. He atacado duramente a Inés Arrimadas porque me parece un personaje político nocivo para la convivencia en Catalunya. El insulto, sobre todo si es de tipo machista, no aporta nada y desactiva los ataques democráticos y razonados. Fue un error y, como no era la primera vez, el programa y la productora manifestó lo que es una obviedad, que no nos hacemos responsables de las opiniones y manifestaciones de los actores.

Fue un error también porque lo hizo público un día en el que Arrimadas se estaba cubriendo de gloria ella sola. Este tuit le dio una especie de salvavidas a la que agarrarse. Me cabreó mucho. Hemos hecho lo que nos correspondía como programa y productora. Es una lástima que cuando Arrimadas llama violentos o nazis a los independentistas se vaya de rositas siempre.

Tenemos que aprender en no caer en la trampa de Ciudadanos que consiste en crispar el ambiente y, ahora, en intentar eclipsar el juicio del Tribunal Supremo. Un juicio que les incomoda mucho porque genera empatía hacia los presos y porque les genera malestar a ellos mismos, pues hay buena gente en Ciudadanos que no se siente representada por esta situación. La única opción de Arrimadas y los suyos es intentar que la gente mire para otro lado.

— Esta semana declaraba Jordi Cuixart en el Tribunal Supremo, al igual que hizo Oriol Junqueras, apelaba a valores democráticos para todo el Estado, no solo para Catalunya. ¿Dos vertientes del independentismo, la de Cuixart y Junqueras, por un lado, y la de Albà, por el otro?

— Es más cuestión de actitud que ideológica. La actitud de Cuixart y Junqueras responde a la necesidad de mantener la cabeza fría y captar empatía y no dejarse llevar por lo temperamental, una tentación que en Catalunya tenemos todos. Yo tengo, entre los nueve procesados, cuatro amigos personales: Junqueras, Romeva, Sànchez y Cuixart. Toni Comín también es amigo mío. Siento rabia, pero hay que ser lo suficientemente maduro para saber que con rabia no se construye nada. Las reacciones de rabia las puedo entender, pero de cara al foro público hay que hacer un esfuerzo para exigir la libertad de los presos y la reparación ahora, pero después pensar en cómo vamos a hacer las cosas para que el país no se descosa. Para que Catalunya no se descosa hay que ponerse en la piel del otro.

En todos los partidos hay gente que está intentando hacer esto, pero hay partidos en los que domina este sentimiento y en otros la cosa temperamental. Creo que es una cuestión más de estado de ánimo que de estrategia.

— Habla de que el país no se descosa. Vemos a dos sectores de población en Catalunya con ideas contrapuestas en el conflicto territorial.

«Edificar un país a partir del chantaje es una farsa»

— Lo de los dos sectores de población es una sorpresa a medias. Es un hecho social, cultural y demográfico, y no pasa nada. No somos un caso único en el mundo. Catalunya es un país que ha recibido una cantidad de inmigración comparable a la población original, pero es que Europa es esto, y no pasa nada. No tiene por qué sorprender que gente que ha nacido fuera de Catalunya y que vive aquí en una burbuja castellano-hablante tenga una percepción de la realidad distinta a la gente que ha nacido aquí y vive en su burbuja catalano-parlante.

Por suerte, hemos sido bastante responsables unos y otros para que esto no terminara en una fractura de odio. Es una sociedad muy porosa, con cantidad de familias mixtas, las cosas han ido más o menos bien mientras los independentistas éramos minoría o nos callábamos. Cuando hemos sido mayoría en el Parlament y hemos decidido que hay que hablar de determinadas cosas, llega la fractura y se acaba la paz, qué casualidad.

Yo, que llevo 40 años siendo independentista, llevándolo con dignidad y sin enfadarme, me parece un chantaje emocional que me digan que puedo ser independentista pero que las cosas no pueden ir como yo quiero. Esto no es democrático. Este chantaje emocional se hace de forma continua. Edificar un país a través del chantaje es una farsa, no saldrá nada de aquí.

— ¿Qué le parecen las acusaciones que se vierten sobre TV3 de adoctrinamiento?

— Todos los medios adoctrinan, quizás demasiado. Todos tenemos que mejorar. Lo que pasa es que los televidentes catalanes, sin contar las plataformas de pago, pueden ver 30 o 40 canales en sus casas, de los cuales solo dos o tres serán en catalán y darán una visión diferente del conflicto del procés. Que adoctrine la única cadena que ofrece una visión distinta, me parece risible.

Además, hay una guerra comercial evidente: TV3 es líder en su territorio y supone una amenaza, entre comillas, al duopolio que ejercen Mediaset y Atresmedia. El mercado publicitario es un gran pastel, un gran negocio. Las grandes cadenas españolas han ganado mucho dinero y lo han seguido ganando durante los años más duros de la crisis, mientras todo el sector audiovisual se precarizaba de forma drástica. Hay un tema de dinero en la crítica a TV3. Solo falta observar que, a pesar del híperliderazgo en Catalunya, hay una ausencia de anunciantes del Ibex 35 en TV3, me parece que es algo evidente.

«Hay una ausencia de anunciantes del Ibex 35 en TV3»

Ahora, que TV3, al sentirse cada vez más acorralada, se ha bunkerizado, puede ser cierto. A pesar de todo, me parece más plural que cualquier cadena generalista española, sinceramente. Hay otra cuestión, los programas de TV3 tienen más audiencia si hablan del procés que si hablan del problema de la vivienda, por ejemplo, y los programas de TV3 quieren audiencia. Aquí hay otra cuestión. En resumen, hay mucho que mejorar, pero creo que, en la lista de problemas del panorama mediático español, TV3 está muy abajo.

— En las próximas generales, muchas encuestas hablan de una posible mayoría absoluta entre PP Ciudadanos y Vox. Una de las propuestas de estos partidos es un 155 permanente y la intervención de TV3.

— Eso supondría un drama a nivel mediático y cultural. La única opción que hay de crear cine o ficción en catalán o sobre temas catalanes es TV3. La única manera de crear un relato propio no secuestrado de la realidad catalana es TV3. Creo que es la única televisión de España que dedica dos prime time a la semana a documentales y con muy buen resultado. Sobre todo, TV3 es un proveedor de referentes, un actualizador constante de la lengua en un contexto cada vez más complicado, porque el español e inglés dominan en distintos aspectos de la vida. TV3 es un contrapeso en este sentido.

Admito que TV3, al ser única y en catalán, no es un referente completo de la pluralidad de la sociedad catalana, en eso estoy de acuerdo. Me gustaría que hubiera un segundo canal público, si fuera sostenible, o privado, que fuera bilingüe, comercialmente más atrevido… Para mí sería ideal, pero es complicado por la competencia mediática española.

— Vivimos una clara separación entre los relatos mayoritarios de Catalunya y el resto del Estado. ¿Qué relación mantiene con otros humoristas o comunicadores del Estado? 

«El procés es tabú, ya se vio en los Goya»

— Soy consciente de que al ser independentista, se nos ha colgado un sambenito que nos aísla de trabajar y entrar en contacto con otros medios del Estado. Aún así, como productora trabajamos para Cuatro, para National Geographic, para Fox, Discovery Max… Hacemos todo tipo de programas y de todo tipo de género y haciéndolo bien, para qué lo vamos a negar. Pero en este tema, notamos una especie de cordón sanitario alrededor. En cambio, otros compañeros míos catalanes que son más neutrales en este aspecto, algo que respeto mucho porque cada uno se posiciona sobre lo que quiere y yo hay temas sobre los que no me posiciono, trabajan en España, como Andreu Buenafuente, Berto Romero, Santi Millán, Risto Mejide…

Este tema, el del procés, es tabú en España. Ya se vio en los Goya. Los derechos de las mujeres, de minorías sexuales, de minorías étnicas están muy bien, pero tener a nueve personas en la cárcel en prisión preventiva se la suda a todo el mundo. Me parece flipante, pero este es un tema que pasa factura, otros que no.

— ¿Echó en falta menciones a los presos políticos en los Goya?

— Es que pasa una factura muy importante. Se representó una ópera en Madrid, en el Teatro Real, dirigida por Àlex Ollé de La Fura dels Baus, nada más y nada menos, y salió a saludar todo el equipo y uno de ellos llevaba un lazo amarillo. El público se puso a abuchearles, por un lazo amarillo. Se está llegando a un punto de falta de respeto a la libertad de expresión y de inquina que es incomprensible. Cuando vi esto, pensé que cuánto miedo hay. Supongo que si vas a los Goya y dices algo de los presos políticos catalanes, te juegas tu futuro profesional. En España escuece mucho, si escuece mucho es porque es un problema gordo. Sobre esto, España tendría que reflexionar mucho.

— Otro compañero suyo humorista, Dani Mateo, también catalán, fue a declarar a un juzgado por sonarse en una bandera. ¿Qué momento vive la libertad de expresión?

— Yo creo que hay límites de la libertad de expresión, por eso me enfadé con lo de Toni Albà. Pero límites de decirle a alguien que no se pase, no de que pueda ir a la cárcel. ¿Cómo puede ser que Dani Mateo tenga que ir a un juzgado a declarar por sonarse los mocos en una bandera? Es una estupidez. No se está faltando a la dignidad de nadie ni riéndose de una desgracia. Demuestra la fragilidad y complejos que tiene la sociedad española, esto se refleja en los símbolos y en su propia personalidad. Esto también ocurre en Catalunya, por supuesto, pero Catalunya no es un país independiente, es un país en una continua interrogación sobre su identidad. Para un país como España, no es normal que tenga este tipo de comportamientos.

En Europa, la ultraderecha ha crecido poniendo la diana en los inmigrantes. En España, poniéndola en los independentistas catalanes, incluso en los catalanes en general. Muchos catalanes no independentistas se están sintiendo atacados por esa inquina anticatalana. Vox saca votos del tema catalán. ¿Qué está pasando en España para que el de fuera, el otro, sea el de dentro? Es un gran problema, pero mejor, porque no tengo ninguna gana de que se empiecen a meter con los inmigrantes. Me parece muy significativo.

— ¿Estaba latente la catalanofobia y los acontecimientos la han aumentado?

«La catalanofobia siempre ha existido»

— Siempre ha existido. Está documentado. Escribía Quevedo: «Son los catalanes aborto monstruoso de la política, libres con señor». Es un problema endémico. Por eso se dice que Catalunya ha conseguido empatar hasta ahora, porque esto se resuelve o por la independencia de Catalunya o la asimilación de Catalunya por España. Vamos empate, no está mal.

Me atrevería a decir que la expulsión de los judíos de la península dio una sobrerrepresentación a los catalanes: el catalán, el que es distinto, que le gusta el dinero… Creo que a los catalanes nos han dado el papel que se le ha otorgado a los judíos en otras partes de Europa, por suerte, con muy distinto efecto.

— Hablemos del cercano ciclo electoral. ¿Qué hay en juego para el independentismo en estas generales?

«ERC puede ganar las generales y eso no ha pasado nunca»

— Hay una pelea interna entre ellos. ERC tiene la oportunidad de ganar las elecciones generales en Catalunya, algo que no ha pasado nunca. Eso es importante para el juego por la hegemonía dentro del independentismo. Estas semanas van a ser importantes, si hasta ahora ha habido un debate sobre si el independentismo debe ir junto o separado, ahora hay gente de ERC y del ámbito de los comunes que están intentando converger. Si JxSí era una coalición de independentista sin etiquetas, ahora puede haber una candidatura de izquierdas y soberanista con etiquetas diversas, esta puede ser una novedad.

El independentismo se juega condicionar la política española y que el PSOE no se sienta tan libre en sus políticas. Estoy convencido de que habrá una presión enorme para que haya un pacto entre PSOE y Ciudadanos y lo único que lo puede evitar es un acuerdo entre PSOE, Podemos y las izquierdas periféricas. Este podría ser un acuerdo de mucho alcance o coyuntural, no lo sé.

En cualquier caso, si el independentismo es fuerte, tendrá más posibilidades de hacer valer sus argumentos frente a otras alternativas. No estoy seguro de que los grandes poderes económicos y la Unión Europea permitan un trifachito en el gobierno, un gobierno con Vox dentro. Yo creo que quieren un gobierno de PSOE y Ciudadanos, y esa foto ya existió. Rivera jurará lo que quiera, le dará igual, es un cínico redomado. Creo que Pedro Sánchez también puede quererlo.

— ¿Cómo valora el papel que ha jugado el Gobierno de Sánchez con Catalunya?

«Ciudadanos ha dilapidado su capital»

— He visto un cambio de actitud, de zapaterismo, de talante. Los cambios de actitud están bien para no vivir en tensión. Es como compartir un piso con gente educada o maleducada. Se vive mejor con gente educada, que te trata con respeto, que con energúmenos. Me consta que casi hubo un acuerdo para hacer la mesa de partidos. Cuando se filtró lo del relator y se armó la que se armó, Sánchez dio marcha atrás antes de la manifestación… No se atrevió a demostrarles que se puede dialogar. No me sorprende, el independentismo solo le cuesta votos al PSOE. Es desesperante, hasta que no haya un cambio de correlación de fuerzas grande, las cosas no van a cambiar, aunque en Catalunya haya otra hoja de ruta independentista.

Creo que Ciudadanos ha dilapidado su capital y el PSC vive de las rentas del PSOE, dependerá de la suerte de Sánchez. El independentismo no está haciendo ningún mérito para ganar estas elecciones, el Govern de Torra es muy deprimente, pero el independentismo sigue siendo el centro del paisaje político catalán.

— ¿Por qué considera que el Govern de Torra es deprimente?

«He echado en falta nivel político en este Govern»

— He echado en falta nivel político en este Govern, es explicable porque la primera línea ha caído y la segunda línea no estaba preparada para asumir según qué responsabilidades. Por otro lado, puedo comprender la conexión emocional con Puigdemont y Waterloo, pero esto ha limitado la fortaleza de la presidencia, una presidencia que ya no era fuerte porque Quim Torra no es un político. Creo que el independentismo se podría haber propuesto dos años para hacer algo, se han dedicado puramente a gesticular. Me parece un error.

Hay que gobernar siempre y pensar en los problemas de la gente, hay que actuar con lo que se tenga. Esto no desmerece ni la situación de los presos, exiliados, ni el horizonte de la independencia. Si tienes herramientas para solucionar los problemas de la gente, hay que usarlas. El independentismo no lo ha hecho. Se ha perdido en disputas internas, en ausencia de liderazgo y en un discurso excesivamente basado en el duelo, el luto. Ganar una mayoría absoluta contra el 155 es un milagro que no han sabido valorar y ahora, esa mayoría la han puesto en riesgo. Como Ciudadanos lo ha hecho peor, a lo mejor la repiten.

— Para terminar, ya que las elecciones municipales están, también, a la vuelta de la esquina. ¿Qué valoración hace de la gestión de Ada Colau como alcaldesa en un tiempo tan convulso: procés, 1-O, atentados yihadistas…?

«Colau es un poco esclava de las expectativas electorales de Podemos»

— Ada Colau le ha tocado un momento de mucha catalanización o españolización de la realidad. Las ciudades han brillado menos que en otras épocas, como la época de Maragall o de Tierno Galván en Madrid. Además, se ha topado con que ella había prometido un programa de máximos con un equipo de mínimos. Ha gobernado con 11 concejales de 41, sola, incapaz de hacer grandes pactos con nadie. Además, ha tenido un equipo inexperto que se ha tenido que multiplicar, esto ha paliado sus expectativas.

Un problema añadido es su ligazón con Podemos. Es un poco esclava de las expectativas electorales de Podemos que, ahora, son bajas. Creo que en la lista de Colau y en su programa hay conceptos interesantes que, amparados con una mayoría sólida, serían positivos. Barcelona tiene un gran potencial y muchos problemas que resolver, necesita un ayuntamiento fuerte que los lidere.