Jesús Rodríguez (La Directa): “La extrema derecha entró en tromba en Ciudadanos”

  • Entrevista con el periodista de 'La Directa'
  • Premio Ciutat de Barcelona a los medios de comunicación por el repotaje 'La guerra bruta de l'aigua'

BARCELONA.- El mes pasado, el periódico catalán La Directa recibía el Premio Ciutat de Barcelona a los medios de comunicación por el reportaje ‘La guerra bruta de l’aigua’, sobre el poder que tiene la empresa Aigües de Barcelona (AgBar). Este medio de comunicación cooperativo, fundado en 2006, es un referente en temáticas sociales y políticas, desde un punto de vista crítico, en Catalunya. Jesús Rodríguez, uno de sus periodistas, es un gran analista de la realidad política y social catalana. Conversamos con él, con motivo del premio, sobre Catalunya, el conflicto territorial, periodismo… En una terraza de la Plaça Osca, en el barcelonés barrio de Sants.  

— ¿Qué supone el Premi Ciutat de Barcelona para La Directa?

— Tuvimos mucho debate, porque nos hizo plantearnos que igual no lo estábamos haciendo bien si nos premiaba una administración. En este caso, no es como las medallas de la ciudad, que las otorgan los grupos municipales, sino que es un premio a partir de un jurado compuesto por periodistas. Pensamos que es un reconocimiento a nuestra tarea y así nos lo tomamos. Fuimos a recogerlo e hicimos un discurso reflexionando sobre el lenguaje, la utilización de las palabras por unos y otros y hubo quien se lo tomó mal, se levantó y se fue.

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En general, estamos satisfechos por el premio, porque la temática de la que hablaba el reportaje premiado es una temática muy oculta, poco investigada por los medios, porque la empresa Agbar basa su imagen pública en la publicidad masiva en los medios, tiene una gran aportación económica a muchos medios, apaciguan así a los periodistas para que no les toquen las narices. Lo consiguen, son buenos en vender su marca en los medios.

De hecho, cuando se hizo pública la lista de premiados hubo muchos medios que no hicieron referencia al premio a La Directa y en los medios en los que recogían el premio, no hacían referencia a Agbar ni al núcleo del reportaje. Una muestra más de cómo funciona esta compra de voluntades.

— ¿Qué es La Directa?

«Un medio puede funcionar sin un director»

— Un medio que surge a partir de la inquietud de personas involucradas con la comunicación y movimientos sociales de Catalunya, mezclado con periodistas que estaban trabajando de forma precaria o acababan de salir de la facultad. Se generó una confluencia de forma de ver el periodismo e inquietudes y a partir de ahí se configuró un espacio que se fue reuniendo, que empezó a investigar cómo podía ser un medio que empezara desde cero, que la propiedad fuera de periodistas y lectores, sin grandes corporaciones y administraciones públicas detrás. No es un proyecto cerrado, ha ido creciendo, hemos acotado temáticas en las que especializarnos y tenemos cierta referencialidad en estas temáticas.

Asumimos que no podemos ser un medio generalista que lo trate todo. Somos 12 personas trabajando en plantilla. A partir de esa serie de confluencias que comentaba, hay personas que colaboran voluntariamente o que se acercan a nosotros para formarse. Hay esas dos almas, un equipo de trabajadores y otro de colaboradores con quienes aprendemos mutuamente. Hacemos algunas formaciones. También hemos experimentado en los espacios de toma de decisiones. Un medio puede funcionar sin un director, con estructuras para que el medio sea democrático y asambleario y que funcione al mismo tiempo. Hemos avanzado mucho en estos años. Tenemos una estructura jurídica cooperativa, con una asamblea general, consejo rector, consejo de redacción, personas coordinadoras de área y de sección…

— ¿Qué le parece que durante el discurso que dio al recibir el premio se levantaran los representantes municipales de Ciudadanos y PP y se marcharan?

«A los políticos, les va en el sueldo escuchar las críticas»

— En el discurso puse cinco ejemplos de uso del lenguaje, ejemplos que eran denuncias públicas para todos los responsables de todos los partidos, repartí a todas bandas. Hablé de los recortes presupuestarios, a los que se les llaman ajustes; hablé de los vendedores ambulantes de Las Ramblas que, cuando son heridos por la Guardia Urbana, se intenta camuflar con que se tropezaron…

También hablé de los políticos presos y presos políticos, de cómo Ciudadanos y PP hacen referencia a políticos presos cuando consideraba que esto es una perversión del lenguaje. Se levantó la representante de Ciudadanos, Carina Mejías. Me dio la sensación de que estaba preparado, pues su responsable de prensa, a diferencia de con el resto de intervenciones, estaba grabándome durante el discurso con los concejales de su partido en segundo plano perfectamente encuadrado cuando se fueron. Posteriormente, se levantó Alberto Fernández Díaz, del PP, que también se fue. Es su opción, creo que levantarse por un discurso es más un elemento de propaganda que no algo que un representante político tenga que hacer, pues les va en el sueldo escuchar las críticas.

— Hablaba de la perversión del lenguaje. ¿Hasta qué punto discursos como el de PP y Ciudadanos están ayudando a que el conflicto en Catalunya se mantenga en intensidad?

«La extrema derecha se movía como pez en el agua en el entorno de Ciudadanos»

— Hay una competencia entre ellos. Todo esto se acrecenta cuando el entorno de Vox y grupos de extrema derecha se meten de lleno dentro de Ciudadanos. Es un fenómeno que no se conoce demasiado, no hemos publicitado que el mundo de la extrema derecha entró en tromba en Ciudadanos. Era el mundo de la antigua Plataforma per Catalunya, MSR, La Falange… Se volcaron en las bases de Ciudadanos en el 2017 y en muchas de las movilizaciones que se hicieron en aquellos meses, las dos grandes movilizaciones de octubre de 2017, la del 8 y 29 de octubre.

Aquellos grupos eran marginales en Societat Civil Catalana y allí confluían con PP y Ciudadanos. Estaban en la misma posición de poder. Societat Civil facilitó que de ser grupos marginales dieran un salto de visibilidad y tuvieran la presencia y la fuerza que tienen en la actualidad. En verano de 2018, todos esos grupos, una vez se sintieron fuertes, se dedicaron a matar al padre. Se visualizó en la movilización que convocó Ciudadanos en Barcelona cuando hubo un episodio sobre que un independentista rompió la nariz a una mujer que quitaba lazos amarillos, nunca se supo con exactitud qué había pasado, si las heridas provenían de esa agresión o si el agresor era independentista. La concentración en la Ciutadella visualizó cómo las bases de extrema derecha se movían como pez en el agua en el entorno de Ciudadanos, en los stands informativos o como apoderados en las elecciones.

Esas bases, en esa concentración, se vio que estaban confrontadas con la dirección del partido. Hubieron insultos y empujones a representantes de Ciudadanos y del PP, hubo una agresión a un cámara de Telemadrid al que confundieron con un cámara de TV3. Aquella suma de incidentes derivó en que Ciudadanos rompiera relación con todo este mundo, algo que pasó de forma interna y no se visualizó demasiado. La consecuencia fue que todo ese mundo se acercó en tromba a Vox.

El delegado de Vox en Suiza, José Manuel Opazo, ex guardia civil en Durango en los 80, trabajó para acercar a Vox a esta extrema derecha. Dijo que iba a financiar y dar apoyo jurídico a los GDR, los grupos que retiraban sombología solidaria con los presos políticos, en Catalunya. Fue fichando a gente en diferentes comarcas. La evolución ha sido cada vez más rápida, el proceso de filiación de esta base social a Vox ha sido rapidísima, hay cientos y cientos de militantes de Vox que provienen de este mundo en Catalunya. Veremos qué poder obtienen en las próximas elecciones.

— ¿Qué papel está jugando el periodismo en España, sobre todo en los grandes medios, con respecto al conflicto territorial?

«La propiedad de las televisiones ha decidido hacer crecer a Vox»

— Veo las tertulias matinales de la televisiones españoles y no sé si eso es periodismo. Veo cómo se pasea el señor Ortega Smith o Abascal por los platós a hacer mítines sin prácticamente cuestionamiento por los periodistas. Prácticamente Ana Rosa Quintana y Susanna Griso les presentan a la audiencia, hacen preguntas que cualquier jefe de prensa les habría realizado. Me da la impresión de que en la propiedad de las televisiones se ha decidido que hay que hacer crecer a Vox.

Eso es acorde con lo que ha pasado con el debate electoral que propone AtresMedia que se propone que Vox esté presente a pesar de no tener representación. Da la impresión de que las televisiones están a su disposición y eso tarde o temprano algunas televisiones lo pagarán muy caro, pues tienen en sus programas electorales cerrar algunas televisiones que ahora le dan coba.

— En relación a las generales, ¿cuál es el principal reto del independentismo estas elecciones?

«Hay un sector que ya no quiere saber nada de España»

— Del mundo de Convergència siempre se dice que se va a hundir, pero tiene una base social muy sólida, sobre todo fuera del Área Metropolitana, que no responde mucho a los estímulos de redes o medios y su suelo electoral lo seguirán manteniendo. Es evidente que el mundo de los comunes va a sufrir mucho. En las dos últimas elecciones generales, en Catalunya mucha gente compró el discurso de esperanza de que podrían encontrar una tercera vía que no fuera la confrontación entre el Estado y Catalunya. Eso, con el tiempo, cada vez se ha ido desfigurando más, hay mucha gente muy quemada con las peleas y confrontación interna en este espacio. Eso le va a afectar mucho, es prácticamente imposible que los comunes ganen las elecciones en Catalunya.

Todo apunta a que ganará ERC y que habrá un aumento de la abstención. Hay una sensación de hastío, hay un sector que ya no quiere saber nada de España, el independentismo más identitario, y otro sector que no encuentra sentido a la presencia de los políticos catalanes en el Congreso. Hay otro, también, que cree que hay que estar ahí para bloquearlo todo, como la única posibilidad de tener influencia en todo.

— ¿Volverá el PSC a tener la importancia que tuvo antaño?

«Se identifica a Cs con el conflicto, inseguridad…»

— Puede ser que resurja, ya no estamos en la situación de octubre de 2017 cuando una parte de la población de Catalunya, mayoritariamente castellano-hablante, tenía miedo de lo que podría pasar con el conflicto. Eso movilizaba el voto y lo concentraba en Ciudadanos. Tengo la impresión que una parte de esta gente ahora identifica a Ciudadanos con el conflicto, inseguridad, confrontación…

Mucha gente que no es independentista piensa que Ciudadanos se ha pasado: banalización del sufrimiento, reírse de los presos, mofarse de sus familiares. Son líneas rojas éticas para mucha gente que difícilmente volverán a votar a Ciudadanos y pueden votar socialista.

— La semana pasada, se convocó una huelga general en Catalunya en protesta por el juicio del procés. No tuvo mucho seguimiento. Después de tantos meses, ¿está cayendo la movilización independentista?

— Se ha visualizado qué porcentaje de la población está dispuesto a perder o arriesgar cosas por el camino. Electoralmente el independentismo estará igual o puede haber mejorado un poco, pero a nivel de movilización mucha gente no participa. Hay gente que no le ve sentido ni entiende el resultado de una huelga general. El 21 de febrero hubo mucha gente que no hizo huelga y participó en las manifestaciones. Puede tener que ver esa falta de unidad estratégica, una hoja de ruta, cuál es el objetivo de la huelga…

— En cuanto a otras movilizaciones sociales en Catalunya, ¿en qué estado están? ¿Está eclipsando el procés el resto de protestas sociales?

«La movilización por una vivienda digna es enorme»

— Los grandes focos están puestos en el procés, pero continúa activa la movilización social, sobre todo con la vivienda. El grado de implicación en la movilización por una vivienda digna en Catalunya es enorme, más allá de la PAH. Tenemos un movimiento como la PAH, pero más allá hay muchos grupos de vivienda, sindicatos de inquilinos… El movimiento feminista tiene también mucha fuerza.

Todos los movimientos están intentando contaminar el momento político de la tensión entre Catalunya y el Estado de la transformación social. Eso lo visualizó muy bien Òmnium, cuando lanzó la campaña de Lluitas Compartidas. ¿Independencia para qué? Hay muchos movimientos que en el actual momento intentan que, si tenemos que cambiar la sociedad, se proyecte en la situación de la vivienda, la mujer, el medio ambiente…

Pasan cosas que no pasarían en otro momento. Sería impensable hace años que un departamento de la Generalitat dirigido por alguien del PDeCat hubiera paralizado las licencias de obras de complejos turísticos en la Costa Brava tal y como se hizo hace unos meses. Se refleja la capacidad que tienen los movimientos sociales de incidencia sobre el Govern. ¿Ensanchar la base qué significa? El Govern está en ese relato de esnanchar la base y de diferenciarse del Gobierno de España y está aplicando algunas medidas por cuestión de relato que no sé si se las creen del todo.

Otro ejemplo sería el de los taxis, esa medida se aplica porque el Govern tiene a su izquierda al gobierno de Barcelona que les dice que si no lo aprueba la Generalitat lo hará el Área Metropolitana. Por otro lado, el sector del taxi se identificaba con Ciudadanos y ahora hay asociaciones del taxi con una campaña pidiendo que no se vote a Ciutadans o PP en las próximas elecciones.

Hay muchos elementos que acaban influyendo en las movilizaciones o luchas sociales. Vamos a una situación muy incierta, los próximos meses serán muy delicados en Catalunya. Cualquiera de los dos escenarios de gobierno en España, PSOE—Cs o PP-Cs-Vox, nos sitúa en una incertidumbre total. Habrá 155, las sentencias van a coincidir con el postelecciones, quizás sea otro momento de tormenta perfecta donde todo es posible y peligroso al mismo tiempo.

La situación es compleja, tengo la sensación de que el 155 del 2017 fue en cierta medida tolerado, las estructuras de los departamentos y la cúpula del poder del PDeCAt y ERC lo asumieron de manera no confrontativa como unos meses para volver a tomar posesión en el Govern. Pero, lo que plantean ahora de un 155 a por todas, con suspensión durante tiempo del Parlament y Govern, intervención de medios de comunicación públicos, sistema educativo y Mossos. No tengo la impresión de que esto vaya a ser tolerado por grandes sectores de la población. Para mí, se abriría una caja de pandora muy complicada.