Guillermo Zapata: “Esta deriva autoritaria surge por una crisis de consensos”

  • Entrevista con el concejal de Ahora Madrid
  • Ha publicado 'Perfil bajo. Libertad de expresión, ansiedad tecnológica y crisis política', en Lengua de Trapo

Perfil bajo. Libertad de expresión, ansiedad tecnológica y crisis política (Lengua de Trapo, 2019) es el nuevo libro de Guillermo Zapata (Madrid, 1979) en el que el edil de Ahora Madrid reflexiona sobre la crisis generada por unos tuits suyos a principios del gobierno de Manuela Carmena en 2015 y la relevancia mediática que estos tuvieron y le llevaron a dimitir como responsable de Cultura del Consistorio. Además, en esta publicación analiza, también, la libertad de expresión y la importancia de las redes sociales como elemento creador en nuestra realidad. 

Zapata es concejal presidente de los distritos de Villaverde y Fuencarral-El Pardo de la capital madrileña. Integrante de Ahora Madrid, no repetirá en las listas al Ayuntamiento para las próximas elecciones municipales de mayo. Ve con preocupación el que no se haya conseguido una única candidatura de unidad de las izquierdas al PSOE, pero asegura que el objetivo estará en la cooperación de los dos proyectos que, previsiblemente, se presenten a las próximas elecciones. Su colectivo, M129, hará campaña por ambas candidaturas, previsiblemente: Más Madrid y la que conforman IU, Anticapitalistas y La Bancada.

— En su libro pone en valor la red de apoyos que estuvieron a su lado en los días de la crisis de los tuits.

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"Es imposible pensar la legislatura sin las comunidades que nos han sostenido"

— El libro debería hacerse más cargo de lo que supuso esa red de apoyo. Hay una preocupación por escapar del morbo en el libro, por no contar una historia a través del espectáculo interno, pero era necesario situar cómo pasó. Esa red, para mí ya existía pero era invisible, me mantenía durante esos días aislado y protegido, iban haciendo cosas que yo he ido descubriendo después, como quedarse la noche sin dormir preparando comunicados. Hubo una red de amigos, compañeros, pareja y familia que se ha estructurado en torno a protegernos.

Hablo en plural porque es imposible pensar esta legislatura solo desde los concejales y no desde las comunidades que los han sostenido. Esas comunidades son espacios de cuidados que te ayudan en el trabajo concreto, te llevan a cenar o al cine o te dicen que bajes un poco, que estás un poco tonto. Hay otro momento en el libro en el que cuento que durante el proceso judicial tuvimos una serie de reuniones y yo hablaba del juicio en plural, tenía que ver con ese elemento comunitario, esas comunidades políticas que nos han salvado la vida.

— ¿No está hecha la política para el ciudadano común?

— Somos ciudadanos comunes que hemos estado haciendo política durante cuatro años. Es imposible pensar la política ya sin esta irrupción. Eso tiene un carácter irreversible, tendrá momentos más expansivos y de cierre. Otra cosa es cómo la política opera sobre esas personas comunes. El espacio institucional y la cultura política es de escasez, donde hay mucho poder pero escaso en la manera de gestionarlo y esto hace que la cooperación sea más difícil.

Esto se ve en la distancia que, estando en la institución, se toma con respecto a lo social; cómo el pleno tiene que ver más con la teatralización del hecho político que con lo que yo creo que es la política y las relaciones sociales; tiene que ver con la diferenciación entre los concejales que tenemos visibilidad y los equipos que parecen que no existen pero son claves… Todo esto opera, pero sobre esto se aprende. Se desarrollan estrategias colectivas. Lo que sería un error sería decir que es complicado que las personas comunes estén en la institución y, por ello, dejar a los de siempre que sigan haciendo la política.

— ¿Hasta qué punto ha dificultado el establishment mediático madrileño la acción de gobierno de Ahora Madrid estos cuatro años?

"La estrategia mediática conservadora ha generado la idea de esto era un caos"

— Es distinto si lo medimos desde la acción de gobierno o desde el caso concreto de los tuits. En el libro, intento explicar que durante las 72 horas que duró el proceso de los tuits, no creo que hubiera una conspiración, un poder que intentara desestabilizar el gobierno a través de mí, sino más bien una serie de periodistas sintiéndose agraviados por esos tuits y que suspendieron su función periodística y funcionaron en clave de ciudadano enfadado.

Por otro lado, está el cómo se construye un relato de un gobierno. Teníamos claro antes de entrar que tener el gobierno no es tener el poder, el gobierno solo es una parte. Un vaivén al que se somete al gobierno es qué tipo de relato se hace sobre lo que el gobierno hace. En ese sentido, la estrategia mediática más conservadora ha intentado algo que les ha salido mal, generar la idea de que esto era un caos. Lo malo es que, como no es un caos, se les ha convertido esta idea en algo difícil de sostener. Han ido virando y han dejado de hablar de esto como un caos y operar sobre la decepción y pasiones tristes. Una estrategia más inteligente, pero en ese quiebre se les han visto las costuras.

También hay que entender que los medios de comunicación están sometidos a niveles de precariedad muy fuertes, eso hace que la gente que trabaja tenga poco tiempo para dedicar a algo concreto. Esta falta de tiempo del periodista hace que el mensaje de la política llegue sin mucho filtro a la ciudadanía, cuando los medios de comunicación deben filtrar lo que dice la clase política y eso solo se puede hacer en unas condiciones de trabajo decentes. Si no, el relato de la política tiene más facilidad de intervenir en la ciudadanía a través de los medios que el hecho de que haya una especie de poder mediático.

En otras esferas, el poder mediático ha operado de manera evidente, como en el caso de Unidos Podemos en el Parlamento. Por no hablar de cómo se ha creado la lógica de medios de comunicación en clave de guerrillas de algunos medios cuya información, en muchas ocasiones, tiene poco que ver con la verdad y se dirigen a unos sectores de población que cada vez están más enfadados.

— ¿Cómo ha influido el concepto de Madrid como corte, la corte en la que están presentes todos los poderes fácticos a nivel estatal?

"Se ha conseguido establecer una dinámica propia de Madrid ciudad"

— Tengo la sensación de que estar en un lugar que concentra la práctica totalidad de poderes del Estado desde el punto de vista institucional, hace que la acción política municipal tenga una especie de vuelo sobre la nacional, algo que diría que no pasa tanto en otros lugares. También, hay otra dificultad que hemos sido capaces de capear, desencajar el municipio del eje país-comunidad autónoma-municipio. Se ha conseguido establecer una dinámica propia de Madrid ciudad, que es un sujeto separado, con 21 distritos, que tiene una dinámica propia con su singularidad. Especialmente, cuando el PP tenía los gobiernos de Estado, Comunidad y Ayuntamiento, esta diferenciación no se daba.

La dimensión monárquica se inscribe en la misma estructura municipal, la figura de los alcaldes tienen una liturgia propia, su bastón de mando, su medalla, son regentes de la ciudad. Desde el punto de vista jurídico, me impresionó que lo primero que se hace es que la persona que ha sido investida firma sus primeros decretos para delegar competencias. Es decir, en el primer momento tiene todo el poder y va dejándolo en otras manos. Es una estructura totalmente vertical y, en un primer momento, otorga en una sola persona toda la concentración. Es una especie de padre de los lugares. Es una institución paradógica, la que más posibilidades tiene de cercanía y comunicación con la ciudadanía, pero por otro lado tiene esta liturgia que parece del medievo.

— Hablaba de la capacidad de generar relatos de los medios de comunicación. Quizás el ejemplo más palpable es la cuestión catalana, las diferencias de relato de aquí y allí.

"Se da la sensación de que cualquier idea puede cambiarlo todo"

— Hay una parte al final del libro que se llama El país estrecho, donde intento responderme a la pregunta de por qué hay una crisis con la libertad de expresión. La respuesta es que no es tanto porque hay una deriva autoritaria, que la hay, sino que esta deriva autoritaria surge por una crisis de consensos. Como no existen los consensos sociales suficientemente fuertes en este momento a ninguna de las escalas (derechos, territorial, forma del Estado…), se genera una fragilidad que da la sensación de que cualquier idea puede cambiarlo todo. En un momento en el que los consensos están aceptados, se permite que revoloteen ideas de transformación porque el consenso se ve fuerte.

Ahora vivimos una sensación de un poder débil y que opta por un atrincheramiento. El Estado está lo suficientemente articulado para que con una minoría electoral puedas gobernar al conjunto de la sociedad, en el sentido administrativo. Entonces, en esa crisis de consensos se produce como una especie de paranoia con las ideas. Esto es por diferentes modelos de relatos. En el libro hablo de entusiasmos tristes, pasiones muy cargadas y aceleradas. Tengo la sensación de que con Catalunya vivimos un conflicto donde los relatos han tomado un papel mucho más grande que las acciones.

Habiendo visto poco del juicio del procés, uno tiene la sensación de que, dependiendo de los emisores los relatos, no tienen nada que ver, pero también una preponderancia de un juicio sobre unos hechos que son materiales basado en cuestiones que son culturales: opiniones, tuits, formas de relacionarse, ideas… Entiendo que hay un modelo que hay que revisar, se supone que un posible delito está vinculado a hechos materiales, no a su relato. El hecho de que en un juicio se citen tuits o artículos habla de que el relato está teniendo un papel muy grande. Es evidente que el relato tiene un papel fundamental también en el procés. Cuando en el juicio se habla de hacer o no efectiva la DUI, me remite a una lógica que tiene más que ver con un relato que con un hecho material, en este caso un cambio de gobierno, la independencia.

— ¿Cuáles considera que son los límites del humor y la libertad de expresión? 

"La libertad de expresión y el humor deben tender a no tener límites"

— En el libro hablo poco de humor, me di cuenta a posteriori. Creo que la libertad de expresión y el humor deben tender a no tener límites. En el libro establezco una distinción, el derecho a decir algo no exime de las consecuencias de haberlo dicho. Es decir, creo que una defensa de la libertad de expresión que implique que nadie te puede cuestionar lo que estás diciendo es una mala defensa de la libertad de expresión. Cuando se dice una idea, es para intervenir en un determinado espacio, en las ideas de los demás y relacionarse con ellas, no para que la gente te deje en paz. La otra parte tiene que intervenir. Cuando se dice algo, hay que hacerse cargo de sus consecuencias.

Tampoco puede tomarse como algo muy grave todo lo que se lee, hay una sobredimensión de la importancia de las redes. Un tuit, un libro o un artículo no van a cambiar el mundo. Hoy, quien le da importancia y poder a los discursos no es el emisor, sino los receptores, que reflexionan sobre qué es tolerable o no es tolerable.

— Brevemente, ¿qué logros, qué balance hace de esta legislatura en el Ayuntamiento?

— Primer logro, que la cuestión de medio ambiente se entienda como una cuestión de salud pública, por lo que tenemos, desde los poderes públicos, la obligación de combatir la contaminación y el cambio climático. Esto implica determinadas capas, no solo la movilidad. Otro elemento importante, haber sido capaces de aumentar la capacidad inversora del Ayuntamiento fuertemente en relación a la legislatura anterior y sentar las bases para que en el futuro esta crezca. Por otro lado, haber abierto una institución a la ciudadanía, que estaba cerrada, fomentando métodos de participación, de transparencia y de empoderamiento ciudadano. En cuarto lugar, haber asumido el pensamiento feminista como algo que tiene que atravesar toda la institución.

— ¿Entiende que, de cara a las municipales de mayo, puedan presentarse dos candidaturas surgidas de Ahora Madrid?

"Que no haya confluencia me preocupa en lo político y duele en lo personal"

— La entiendo, aunque me duela. El experimiento político de la confluencia es el más interesante de la traducción del 15-M a las instituciones, por tanto, el que no haya confluencia me preocupa en lo político y me duele en lo personal. Lo vivo como un fracaso también propio de no haber sido capaces de reeditarla.

No me creo que lo que estemos viviendo sea una pelea de egos, creo que hay diferencias políticas y puede tener utilidad que se expresen y se midan en el campo electoral. Eso nos lleva mis compañeros y a mí, en un contexto en el que se ve esta divergencia, a entender que debemos echar una mano a que estas herramientas lleguen lo más lejos posible. Creemos que la hegemonía no opera de manera exclusiva, sino en interdependencia, la única manera es avanzar en la cooperación. Esta es la postura que con mayor coherencia podemos encarnar.

Un tercer elemento que habría que pensar es cómo todas estas dinámicas de polarización dificultan la construcción de herramientas que he echado de menos esta legislatura que tienen que ver con el afuera institucional, el pensar un municipalismo que se dota de herramientas institucionales, pero también sociales.

— Algunas críticas extendidas a Manuela Carmena es su personalismo en su acción de gobierno. ¿Cree que ha sido así? ¿Cómo lo valora?

"La confluencia estaba pensada para funcionar como una máquina electoral"

— Si queremos hacer un análisis político del ciclo, tenemos que escapar de esas lecturas de bueno y malo, y pensar qué dispositivos pueden permitir dos cosas. En primer lugar, un gobierno tiene una capacidad ejecutiva de una manera más unilateral, sometido a unos ritmos que no puedes obviar. En segundo lugar, creo que la confluencia estaba pensada en funcionar como una máquina de guerra electoral muy interesante, pero mucho menos pensada en traducir esos términos en la construcción de un espacio de una organización política.

Esa construcción de una organización podía no ser el objetivo de todo el mundo y eso podía dificultar que se produzcan ese tipo de espacios. Si no tienes de manera consensuada organismos colectivos que reconozcan todas las partes para avanzar, la lógica institucional se va a imponer, sea Carmena o quien sea. El desafío es gordo, si simplemente ignoras esa estructura, te puedes ver ante muchas dificultades para gobernar. Yo intento ser lo más democrático posible, pero en los años en los que he estado en la Junta de Distrito, mi capacidad para rendir cuentas es limitada por una dificultad de cómo se estructura el propio trabajo político.

— La novedad de estas elecciones será la llegada de la ultraderecha. ¿Cómo cree que puede afectar esto a la campaña?

"Centrarse en la extrema derecha hace el juego al PSOE del voto útil"

— Creo que la campaña electoral tendrá que ver con los modelos de ciudad y la defensa de los logros conquistados, más que con una lógica de enfrentamiento con la extrema derecha. La extrema derecha está operando como una avanzadilla cultural para transformar las posiciones del resto de fuerzas conservadoras y le está saliendo bastante bien. Es decir, está ensanchando su campo político a costa de la debilidad política de quien forma parte de ese bloque reaccionario. También es cierto que el problema de Andalucía no fue solo ese, fue una desafección de voto de un amplio campo que no votó al bloque reaccionario, pero no votó. El bloque reaccionario no creció tanto con los números en la mano. Por tanto, enfocar a quien está operando en el interior de un bloque para crecer parece empequeñecer tu propuesta política.

Por otro lado, no vas a poder evitar su entrada, el problema político no está ahora, estará cuando la extrema derecha esté sentada en el Congreso, en los parlamentos autonómicos, en los plenos municipales y, ojo, en las juntas de distrito, a pie de calle. Ese será el problema que habrá que actualizar después de las elecciones.

En tercer lugar, en la medida en el que vivimos en un mundo plagado de señales, en realidad centrarse en la extrema derecha le hace el juego a una lógica que el PSOE está entendiendo de construir un voto útil. Si te enfocas a la extrema derecha, emites señales de que tiene posibilidades de ganar. Creo que la extrema derecha intentará por todos los medios durante la campaña que les miremos, creo que hay que hacer como en 2015, mirar a la ciudadanía y a sus problemas que tienen que ver con la desigualdad, el machismo, el cambio climático, la precariedad… Ahí hay filones que tienen más fuerza que si Vox entra con tres o veinte representantes.