Pablo Castaño: “Mélenchon es un obstáculo para el crecimiento de Francia Insumisa”

  • Entrevista con el coordinador del libro 'De las calles a las urnas. Nuevos partidos de izquierda en la Europa de la austeridad'

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Pablo Castaño (Badajoz, 1991) es investigador en Ciencia Política y periodista. Se formó en Ciencias Políticas, Derecho y Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y en el Goldsmiths College de Londres. Ha impartido clases de igualdad y política, política española, europea y política comparada en Sciences Po y en la Universitat Autònoma de Barcelona, donde está realizando su doctorado sobre populismo y política feminista.

Colabora como periodista político con medios españoles, franceses y anglosajones como Ctxt, Público, cuartopoder.es, Jacobin y Regards. Recientemente ha coordinado el libro De las calles a las urnas. Nuevos partidos de izquierda en la Europa de la austeridad editado por Akal. Además de Castaño, en el libro participan Pascual Serrano, Catarina Príncipe, Leandros Fischer y George Souvlis, Lewis Basset y Tatiana Laguno.

De las calles a las urnas. Una nueva generación europea veía cómo la crisis económica hacía estragos en sus expectativas de vida y no se veía reflejada en la vieja izquierda y socialdemocracia. ¿Qué características principales comunes se dieron para el surgimiento de nuevos partidos en distintos países?

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"Los partidos socialdemócratas traicionaron a su electorado"

– La crisis financiera y económica iniciada en 2008 y las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea y los gobiernos del continente fueron el factor clave en el surgimiento de estos nuevos partidos o el crecimiento de partidos existentes. Las mal llamadas políticas de austeridad (recortes, desregulación laboral y privatizaciones) agravaron la crisis económica provocada por el sector financiero, convirtiéndola en una crisis social que en Grecia alcanzó proporciones de emergencia humanitaria y también tuvo efectos dramáticos en la vida de la gente en otros países del sur de Europa, como Portugal y España. La crisis económica y la austeridad se sumó a una crisis de la democracia representativa que ya venía de antes, la crisis de unos sistemas políticos europeos que cada vez son más impermeables a las demandas ciudadanas.

Como respuesta a la crisis económica, social y democrática surgieron en toda Europa movilizaciones populares, contra la austeridad y a favor de una profundización democrática, que crearon el terreno propicio para surgimiento de una nueva izquierda. Además, los partidos socialdemócratas de toda Europa traicionaron su programa y a su electorado, aplicando unas medidas de austeridad de corte neoliberal con tanto entusiasmo como los partidos conservadores. Un buen ejemplo de esta traición es el PSOE, que incumplió radicalmente su programa, plegándose pacíficamente a las exigencias de las instituciones europeas y del gobierno de Angela Merkel. El desencanto de buena parte del electorado socialdemócrata con sus partidos de referencia abrió un espacio político que fue parcialmente ocupado por partidos como Podemos, Syriza o Francia Insumisa.

– Antes del “asalto” institucional, vivimos una etapa de grandes movilizaciones sociales en España, el máximo ejemplo fue el movimiento 15M. ¿Hasta qué punto esta tendencia se dio también en otros países europeos?

– En toda Europa se inició un gran ciclo de movilizaciones anti-austeridad y pro-democracia en 2011, que duró hasta 2014 o 2016, dependiendo de los países. Como explica el politólogo Paolo Gerbaudo, este ciclo de movilizaciones europeo formó parte de una oleada de protestas mundial que comenzó con las primaveras árabes y llegó a lugares tan distintos como Brasil (Movimiento Passe Livre por el transporte público) o Turquía (revueltas democráticas contra el gobierno neoliberal y autoritario de Erdogan), que Gerbaudo llama los “movimientos de las plazas”.

Estas movilizaciones tomaron formas distintas en cada país, pero hay elementos comunes, tanto en las demandas (fin de la austeridad y profundización de la democracia) como en los modos de acción (se combinaron formas de protesta tradicionales como huelgas y manifestaciones con ocupaciones masivas y prolongadas de plazas públicas, donde se debatían múltiples temas y se hacían propuestas políticas). Además, en países como España fue más importante la autoorganización popular que el papel de actores más tradicionales como los sindicatos, que sí tuvieron un papel central en países como Francia.

– ¿El surgimiento de alternativas electorales vació las calles?

"Cuando se fundó Podemos, el ciclo de movilización se estaba agotando"

– Me parece una generalización exagerada. En España, cuando se fundó Podemos (en 2014), el ciclo de movilización iniciado el 15M de 2011 ya se estaba agotando, en gran medida por la dificultad de arrancarle cesiones a un gobierno del PP enrocado en su mayoría absoluta a pesar del masivo rechazo popular a sus políticas. En Grecia, sí es probable que la victoria de Syriza tuviese cierto efecto desmovilizador, lo que es lógico, ya que los movimientos sociales esperaban que el gobierno de Tsipras cumpliese sus demandas.

Además, muchos líderes de movimientos sociales acabaron ocupando cargos institucionales a través de nuevos partidos. Sin embargo, sería exagerado decir que de forma general el ascenso electoral de partidos de izquierda ha producido una desmovilización. En Francia, no parece haber una relación de este tipo entre las manifestaciones sindicales o Nuit Debout y el ascenso de Francia Insumisa. En Reino Unido, la elección de Corbyn como líder laborista en 2015 ha producido momentos de movilización popular que no se veían desde hace años, y en 2015 hacía tiempo que el movimiento anti-austeridad británico estaba agotado.

– Zapatero en España; Hollande, Valls, Macron en Francia; PASOK en Grecia… ¿Qué errores comunes tuvo la socialdemocracia?

– Más que errores, más bien la socialdemocracia mostró su verdadero rostro ante la crisis. Cuando tuvo que elegir entre rescatar bancos o paliar el sufrimiento de la gente, eligió lo primero sin dudar. Además, cuando estalló la crisis, los partidos socialdemócratas estaban en el poder en varios países y podían haber cuestionado la estructura institucional de la UE, que constitucionaliza la austeridad como la única política económica posible en un contexto de recesión, a través de la sacrosanta regla del déficit.

La socialdemocracia no cometió errores, sino que actuó según su naturaleza neoliberal. Lo explica muy bien Catarina Príncipe en su capítulo sobre Portugal. De hecho, durante gran parte de los 90, los países europeos más poderosos estuvieron gobernados por partidos socialdemócratas, ellos impulsaron en gran medida la UE neoliberal que sufrimos ahora, en la que la política económica está supeditada a principios radicalmente neoliberales, como la protección de la libre competencia y la reducción del déficit público.

– Sin embargo, el Partido Laborista, la socialdemocracia británica heredada de Tony Blair supo reinventarse. ¿Qué movimientos principales tuvo Jeremy Corbyn para convertirse en una rara avis de la socialdemocracia europea?

– El caso británico es radicalmente distinto del resto, porque su sistema electoral mayoritario hace que los grandes cambios políticos en la izquierda se produzcan tradicionalmente dentro del Partido Laborista (el sistema electoral hace que sea muy difícil que tenga éxito un nuevo partido, mucho más que en España). Como explica Lewis Bassett en su capítulo sobre Corbyn, este consiguió ganar las primarias laboristas en 2015, contra todo pronóstico y gracias a tres fuentes de votantes: activistas anti-austeridad (sobre todo jóvenes que se habían manifestado masivamente contra la subida de tasas universitarias aprobadas por los tories y los liberales en 2011), los sindicatos (que llevan muchos años girando a la izquierda) y el cambio de orientación política de muchos militantes laboristas de siempre, desengañados con la “tercera vía” de Blair, que al final era una forma más de neoliberalismo que respondía más a los intereses de la City que a las necesidades de la mayoría social.

¿Hasta qué punto la figura Corbyn sigue siendo una opción de gobierno y de futuro para la izquierda británica sumida en la crisis del Brexit?

"Si hubiese unas generales pronto, es posible que Corbyn gobernara"

– El Partido Laborista es una pieza fundamental del sistema político británico y como tal ha sufrido el enorme mazazo del Brexit, que ha puesto patas arriba toda la política del Reino Unido. El futuro de los principales partidos (laborista y conservador) del país es tan incierto como el futuro del Brexit, aunque por ahora los conservadores se están llevando la peor parte – no olvidemos que el referéndum fue convocado por el primer ministro tory David Cameron y Theresa May, ahora defensora del Brexit, hizo campaña en su contra –.

El Brexit ha puesto a Corbyn en una situación difícil porque su electorado está dividido sobre este tema: aproximadamente dos tercios de los electores laboristas votaron por quedarse en la UE mientras que el otro tercio votó por el Brexit. Además, muchos de quienes votaron por el Brexit viven en distritos posindustriales en los que Corbyn necesitaría ganar para ganar unas elecciones generales, por lo que no le conviene desencantar a estos electores. En todo caso, el Partido Laborista de Corbyn sigue siendo la única fuerza política británica que defiende un programa creíble y ambicioso para superar la austeridad y promover la transformación ecológica y social de la economía británica, con políticas que tienen un creciente apoyo de electorado. Si hubiese unas elecciones generales pronto, es probable que Corbyn consiguiese la mayoría necesaria para gobernar.

Alexis Tsipras tuvo la capacidad de enfrentarse a la troika mediante un referéndum contra la intervención económica. A pesar de ganar el referéndum, la troika impuso sus postulados económicos sobre Grecia. ¿Qué significó simbólicamente esa derrota material sobre el resto de actores de las nuevas izquierdas europeas? ¿Dejó de ser posible el cambio en la mentalidad de las izquierdas?

"Merkel aplastó a Grecia, constituyó un auténtico crimen"

–La derrota de Grecia frente a la troika no fue solo la derrota de Syriza, sino la del pueblo griego y, como dicen George Souvlis y Leandros Fischer en su capítulo sobre este tema, un duro golpe para todos los europeos que miraban con esperanza a Grecia. Si el gobierno griego hubiese ganado, se habría podido producir un efecto dominó que habría multiplicado la resistencia a la troika en todo el continente, haciendo temblar el dogma de la austeridad. Por eso el gobierno de Merkel y las instituciones europeas aplastaron a Grecia, provocando una crisis humanitaria que constituyó un auténtico crimen y se sigue cobrando víctimas.

La derrota de Syriza dividió a la izquierda anti-austeridad europea entre aquellos que mostraban cierta comprensión ante la situación de chantaje sufrida por el gobierno de Tsipras (fue el caso de Podemos) y quienes rompieron públicamente con el primer ministro griego, como Jean-Luc Mélenchon. Por otro lado, la derrota griega impulsó en parte de la izquierda una reflexión sobre los límites estructurales de la UE, que hacen muy difícil – o más bien imposible – imaginar la superación del neoliberalismo sin reformar profundamente la UE. El Plan B fue un ejemplo de esta reflexión.

Mélenchon apuesta por la hipótesis populista para la izquierda francesa. ¿Qué destacaría  de Francia Insumisa y de este personaje político? ¿Qué aportó al tablero político francés?

"El discurso populista fue fundamental en la remontada de Francia Insumisa"

– El éxito relativo de Francia Insumisa (consiguió casi el 20 por ciento de los votos y estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de 2017) tiene varias explicaciones. Primero, es importante recordar el vacío dejado por el Partido Socialista tras la desastrosa legislatura de François Hollande, un ejemplo de libro de neoliberalización y “pasokificación” de la socialdemocracia tradicional. Mélenchon decidió hacer de su programa ecosocialista, El futuro en común, un eje de la campaña, una decisión infrecuente en la época de la política-espectáculo pero que le dio buenos frutos. Gracias a Mélenchon y Francia Insumisa, la superación de la austeridad y las políticas contra la crisis climática se situaron en el centro de la agenda política francesa.

También fue fundamental en la remontada de FI la adopción de un discurso populista, que le valió críticas feroces de una izquierda radical firmemente anclada en la tradicional oposición izquierda-derecha. La reivindicación de los símbolos nacionales seguramente ayudó a Mélenchon a llegar a sectores más amplios del electorado y el populismo permitió a la FI superar hasta cierto punto las dificultades de la “doble estrategia” de la que habla Catarina Príncipe: la necesidad de atraer a la vez al electorado decepcionado con el giro neoliberal de la socialdemocracia tradicional y a sectores desencantados con el sistema político en general, que en Francia se repartían entre el Frente Nacional y (sobre todo) la abstención.

Francia Insumisa se enfrenta al menos a dos límites ahora. Por un lado, Jean-Luc Mélenchon, un personaje carismático y querido por amplios sectores de la izquierda, es un obstáculo para el crecimiento del partido, ya que su agresividad, su enfrentamiento continuo con los medios de comunicación y su imagen de político tradicional (lleva media vida en política) causan rechazo entre muchos votantes que sí están de acuerdo con el programa ‘insumiso’. Ya es hora de renovar el liderazgo del partido. El otro límite – que está relacionado – es la falta de democracia interna en el partido; Mélenchon dice que Francia Insumisa es una organización “gaseosa”, distinta de los demás partidos. Es cierto que es distinta, pero es aun más vertical que los partidos tradicionales; la cúpula concentra prácticamente todo el poder y muchos militantes han abandonado los grupos locales de Francia Insumisa, desencantados con su falta de influencia en las decisiones que toma el partido-movimiento.

Gobierno a la portuguesa. El gobierno de socialistas, apoyado por comunistas y el Bloco de Esquerdas ha conseguido mejoras sociales frente a la deriva común europea, al mismo tiempo que se mantiene en los dictados económicos de Bruselas. ¿Es un ejemplo para Europa?

"Portugal sigue bajo el régimen de la austeridad"

– El gobierno portugués es un ejemplo de cómo la izquierda anti-austeridad es la única fuerza capaz de obligar a la socialdemocracia a girar a la izquierda y aprobar medidas importantes para aliviar el sufrimiento de la gente (España es otro ejemplo de esto). El gobierno portugués ha dado esperanza al pueblo portugués y ha demostrado que el Bloco puede ser útil, pero tampoco es un ideal. Como explica Catarina Príncipe en su capítulo, Portugal sigue bajo el régimen de la austeridad, si bien con una dureza mucho menor que antes.

El gobierno portugués muestra al mismo tiempo dos cosas contradictorias: que es posible revertir parcialmente las reglas de austeridad dentro de la estructura europea actual y que esta estructura impide el cambio de política económica profundo que necesitan los países europeos; sin transformar profundamente la UE parece muy difícil (si no imposible) poner en marcha las políticas de respuesta ante la crisis climática, redistribución económica, derechos sociales y transformación del sistema productivo que necesita Europa.

– ¿Qué características originales tiene el Bloco de Esquerda con respecto al resto de estos partidos de nuevo cuño?

– La principal diferencia del Bloco respecto a otros partidos es que ya existía desde 1999, mucho antes de la crisis de 2008, y no es un partido nuevo como Podemos o Francia Insumisa, sino que es el resultado de la alianza de partidos de izquierda preexistentes, como Syriza. Esta es seguramente su principal peculiaridad. El giro neoliberal del Partido Socialista portugués durante los 90, junto a la desintegración de la Unión Soviética y la emergencia de nuevos movimientos sociales (el movimiento antiglobalización en particular) abrieron un espacio político que podía ser ocupado por un nuevo partido de izquierda. En este contexto se creó el Bloque de Izquierda, que combinaba el rechazo del estalinismo con una nueva visión sobre cómo relacionarse con los movimientos sociales extraparlamentarios.

El momento clave del Bloco llegó tras las elecciones de 2015, en las que obtuvo más del 10 por ciento de los votos, superando al histórico Partido Socialista (por lo tanto, en Portugal ahora mismo el 20 por ciento de los parlamentarios son anticapitalistas, como destaca Catarina Príncipe). El sorprendente resultado del Bloco y la posición ofensiva que había adoptado al ofrecer al PS un acuerdo colocó al Bloco en el centro de las negociaciones. La dirección del PS entendió que no podía ponerse a negociar con la derecha. Portugal no tiene tradición de gobiernos de gran coalición y para el PS, llegar a un acuerdo como socio minoritario de los partidos conservadores habría supuesto la disolución del pequeño espacio que todavía lo distinguía del centroderecha. Por eso, el PS rechazó el acuerdo propuesto por el partido conservador y pidió a la izquierda apoyo para un gobierno en minoría. El Bloco, el PCP y los Verdes (que siempre van en coalición con los comunistas) se vieron obligados a posicionarse, dando lugar al actual Gobierno.

Para terminar, desde tu experiencia personal, habiendo seguido todos estos años su evolución, y desde lo que se expone en el libro. ¿Qué ha cambiado en Podemos? ¿Cómo valoras su evolución?

"Cada vez está menos claro el modelo alternativo de sociedad de Podemos"

– Es muy difícil resumir la evolución de un partido en pocas palabras, pero creo que se pueden identificar dos tendencias relacionadas: la oligarquización (concentración del poder) y la moderación programática. Podemos nació con la promesa de ser un nuevo tipo de partido, que trasladaría al terreno electoral el discurso y las propuestas participativas del 15M; el primer Podemos prometía ser una organización en la que unas bases ampliadas (los inscritos) tendrían mucho poder para definir el programa del partido y elegir a sus líderes. Esta promesa se diluyó enseguida; el diseño organizativo de Vistalegre I produjo una rápida concentración del poder en la cúpula, creando un partido que aplasta y expulsa a la disidencia en lugar de integrarla,  haciendo cada vez menos eficaces los mecanismos de democratización y control del poder (como primarias y comisiones de garantías) y decepcionando a miles de militantes. Además, la marginación de las corrientes críticas y el debilitamiento de los mecanismos de participación han empobrecido los debates programáticos dentro de la organización. Por ejemplo, la renta básica figuraba en el primer programa de Podemos, pero fue eliminada de los siguientes pese a la presión de miles de militantes por mantenerla. Al margen de que esta deba ser una propuesta central o no, es un buen ejemplo de cómo la oligarquización a menudo produce un empobrecimiento o moderación programática.

Al mismo tiempo, la aritmética parlamentaria llevó a Podemos a entrar enseguida en negociaciones con el PSOE en todas las escalas territoriales, lo que le llevó a rebajar sus propuestas programáticas y su discurso anti-élite (populista). Esto es normal hasta cierto punto, ya que estamos en un sistema parlamentario y Podemos fue creado para tener un impacto concreto en la vida de la gente, para lo que las negociaciones son imprescindibles. El problema no ha sido negociar con el PSOE y, respecto a la rebaja de la ambición transformadora de Podemos, se podría discutir caso por caso (es imposible alcanzar un acuerdo con un partido neoliberal como el PSOE sin hacer cesiones). El problema ha sido más bien que cada vez está menos claro el modelo de sociedad alternativo que propone Podemos, más allá de mejorar el programa socialdemócrata del PSOE. A veces parece que el programa de Podemos es dedicar más millones a las políticas sociales que propone Pedro Sánchez, sin ofrecer una alternativa global al proyecto socialdemócrata descafeinado del PSOE, que a pesar del lavado de cara del sanchismo sigue siendo neoliberal. De hecho, en algunos temas como las políticas contra la crisis climática, las propuestas del PSOE tienen una apariencia más sólida y creíble que las de Podemos y esto es grave – sobre todo porque sabemos que el PSOE no tiene la capacidad real de aplicar estas propuestas, debido a sus estrechos lazos con el oligopolio eléctrico y otros sectores empresariales que se opondrán a una transición ecológica ambiciosa.

Si quiere seguir siendo un actor fundamental para el cambio político en España, Podemos debería revertir ambas tendencias: la centralización del poder en pocas manos y la falta de un programa claro, ambicioso y creíble que sea autónomo de eventuales negociaciones con otros partidos. Este programa no puede ser inmutable; debería ir evolucionando, para lo que la dirección del partido tiene que ser lo más permeable posible a las propuestas de sus bases, las distintas corrientes de Podemos, otros partidos similares y de los movimientos sociales.

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