ENTREVISTA al poeta, ensayista y traductor que acaba de publicar por vez primera en español el primer diccionario sobre Irlanda

Antonio Rivero Taravillo: "En literatura, Irlanda no tiene parangón"

JUAN ÁNGEL JURISTO | Publicado:

Antonio Rivero Taravillo
El escritor melillense Antonio Rivero Taravillo. / Youtube

Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) es un conocido poeta, ensayista y traductor que vive desde hace tiempo en Sevilla. Como ensayista escribió una biografía sobre Luís Cernuda cuyo primer tomo fue galardonado con el prestigioso Premio Comillas. Como poeta se le deben libros como El bosque sin regreso, su poemario más reciente, amén de novelas como Los fantasmas de Yeats. Ha traducido con buena fortuna a Yeats, Flann O ´Brien, Kate O´Brien, Jamie O´Neill… todos ellos irlandeses.

En busca de la isla esmeralda. Diccionario sentimental de la cultura irlandesa, que ha publicado Fórcola Ediciones, es el último libro de Antonio Rivero Taravillo. Se trata del primer diccionario en español, y sin parangón en inglés, donde se aborda el conjunto de la vida irlandesa, desde los orígenes legendarios con Cuchulain hasta las recientes mafias que deterioran el clima de ciudades como Dublín. Con el autor hemos mantenido esta entrevista sobre su libro donde sólo hemos hablado de Irlanda. ¿Para qué más?

— Corríjame pero creo que es éste el primer diccionario sobre Irlanda en español…

“Es un diccionario de autor hecho para el disfrute; no tanto para la consulta como para la lectura”

— En honor a la verdad, y si miento san Patricio me dará con el báculo, hubo uno hace unas décadas, pero era, por decirlo así, una obra académica. Éste es un diccionario de autor que se permite caprichos, algunas libertades. Está hecho no para la información, que también, sino para el disfrute; no tanto para la consulta como para la lectura. Plagiándole el título a Brendan Behan, todo un personaje que goza por derecho propio de un par de páginas en el libro, éste se podría llamar igualmente Mi isla.

— ¿Cómo y cuándo llegó a interesarse tanto por la cultura irlandesa hasta el punto de que parece ser su segunda tierra?

— Acaso por rebeldía, y no me refiero solo a los rebeldes irlandeses en su lucha por la libertad del país, sino al medio en el que me movía en mi juventud: yo nunca he escuchado música pop, me causaba rechazo todo lo comercial; de modo que al descubrir la riqueza extraordinaria de la música irlandesa (y las otras de los países célticos, como la bretona o la escocesa) fui profundizando en ese mundo. De ahí pasé al estudio de la lengua irlandesa y de la tradición gaélica, y a la frecuentación de la literatura del país en sus dos lenguas. Lógicamente, he viajado numerosas veces al país, que he recorrido de punta a punta. Es, más que un interés, una devoción. Curiosamente, a lo largo del tiempo he comprobado que es algo que sacude y contagia a muchos. De modo que este largo prospecto, si no cura la dolencia como una medicina, tiene un efecto homeopático.

— Me llama la atención que siendo andaluz se sienta tan fascinado por la isla verde, pero después de leer el apartado Ulises y la adscripción sevillana, ya no me parece tan curioso. ¿Podría abundar en estas relaciones?

“Es ya un lugar común afirmar que los irlandeses y los españoles son muy parecidos”

— Es ya un lugar común afirmar que los irlandeses y los españoles son muy parecidos. Y de hecho, hay infinidad de similitudes. En Sevilla, las celebraciones del Bloomsday cuajaron, con insospechado respaldo de la Diputación, antes que en cualquier otra parte de España. En esa entrada a la que se refiere hago un repaso (un tanto forzado, que para eso es literatura) de coincidencias entre Dublín y Sevilla, mi ciudad. El Bloomsday, la celebración del día en que transcurre la acción de Ulises, la novela de Joyce, se celebró por primera vez en 1954 en la capital de Irlanda. Conozco bien lo que allí sucedió porque uno de los protagonistas es uno de mis autores de cabecera, al que he traducido en varias ocasiones: el genial Flann O’Brien.

— Siempre ha traducido a gran cantidad de escritores irlandeses. Casi diría que hace verdad ese aserto de que salvo Shakespeare y Milton, el 90 por ciento de los genios británicos son irlandeses…

— En la literatura, la riqueza de Irlanda no tiene parangón habida cuenta de lo poco poblada que está la isla. Muchos de los grandes autores irlandeses que tuvieron pasaporte británico disponen de entrada en el diccionario: Wilde, Yeats, Beckett, Shaw, Heaney… A éste, de la provincia del Úlster, le incomodaba que lo incluyeran entre los poetas británicos y siempre, sin fanatismo pero apegado al terreno de la realidad (era hijo de labrador), se reivindicó irlandés.

— Hay algo precioso en el libro y se trata de las digresiones personales, como cuando se refiere a los espantosos pubs irlandeses que proliferan por el mundo, por no hablar de la entrada de U2 como “Ese grupo famoso”. Cosas así acercan el libro a una emotividad muy bien llevada y que acercan al lector a una comprensión mayor del asunto, ¿no cree?

En busca de la Isla Esmeralda tiene mucho de relato oral, algo en lo que los irlandeses son consumados maestros desde hace dos mil años”

— Me halaga que piense eso. En busca de la Isla Esmeralda tiene una marcada impronta personal y mucho de relato oral, algo en lo que los irlandeses son consumados maestros desde hace dos mil años. De modo que claro que hay digresiones, como las hay, por ejemplo, en obras mucho más importantes que ésta: el Quijote o La vida y opiniones de Tristram Shandy, de un autor, Laurence Sterne, que, barramos para casa, nació en el condado de Tipperary. En cuanto a lo de U2, sirve para ilustrar una tendencia muy irlandesa también, la del humor. Se coge un taxi en el aeropuerto de Dublín y antes de haber llegado a Drumcondra, a las afueras de la ciudad, el taxista ya ha bromeado una o dos veces (alguna más si hay atasco).

Antonio Rivero Taravillo
Portada de ‘En busca de la isla esmeralda. Diccionario sentimental de la cultura irlandesa’. / Fórcola Ediciones

— Hay debates inevitables como el de las traducciones de Joyce al español. ¿Qué le parece lo de Marcelo Ucelay con Finnegans Wake? Se lo digo porque me resulta más fácil el original que una versión que está en lunfardo…

— Estamos de acuerdo. Me quito el sombrero ante ella, pero me cuesta trabajo ponerme las gafas de cerca para leerla. Se trata de un benemérito esfuerzo cuya lectura no llega a compensar. Sirve para hacerse una idea de cómo funciona el texto de Joyce, pero mejor conseguir una edición anotada y abrirse paso por el original. Sin llegar a ese extremo, disponemos de varias traducciones de Ulises al español, que aunque son legibles quedan irremediablemente lejos de la potencia verbal, de la manipulación lingüística de Joyce, que solo es plenamente accesible en su obra más realista, la maravillosa colección de relatos de Dublineses, que se cierra con esa obra maestra que “tradujo” inmejorablemente al idioma del cine John Huston.

— Las entradas sobre escritura y música son muy pertinentes por el desconocimiento que existe entre nosotros sobre la antigua cultura irlandesa, por cierto vinculada a España más de lo que se cree..

— Es que Irlanda es una potencia mundial en ambas cosas. En lo primero tiene una tradición ininterrumpida que va mucho más allá de la época en la que llegaron los ingleses. La literatura en lengua irlandesa es portentosa, y he tratado de acercarla al lector desde el conocimiento que tengo de ella, pero también desde el entusiasmo. En cuanto a la bellísima música, he querido subrayar su riqueza, más allá de las animadas piezas de baile que a uno le vienen inmediatamente a la cabeza. El lector descubrirá que, según su mitología (que la tienen propia y esto no es algo que se pueda decir de todos los pueblos), los irlandeses proceden en parte de España. A lo largo del libro se van repasando muchos lazos históricos, religioso y culturales.

— Hay entradas curiosas como las connotaciones entre el Sinn Féin y los movimientos nacionalistas catalanes, y otras divertidas como las referentes a la comida. ¿De qué manera estructuró las entradas del diccionario?

“Si el libro se usa solo para consulta se corre el riesgo de que lo más interesante quede sin leer”

— Hice primero una lista de entradas, que fui redactando en relativo orden. Pero surgieron bastantes que no se me habían ocurrido al principio, y no pocas se desgajaron de otras. Si el libro se usa solo para la consulta, se corre el riesgo de que mucho de lo más interesante quede sin leer: en lo imprevisto e inexplorado creo que hay muchas recompensas. Por cierto, que hasta donde yo sé no hay una obra similar en lengua inglesa que aúne entradas sobre historia, música, literatura, cine…

— Usted ha escrito una hermosa biografía de Luis Cernuda. ¿Tiene pensado biografiar a algún irlandés? ¿Yeats, a quien ha traducido?

— La verdad es que no descarto escribir algún día la vida de Yeats. Hay ya varias biografías excelentes, que creo haber leído todas mientras preparaba la traducción de su Poesía reunida, pero estaría bien hacer una para el lector que no es ni irlandés ni anglosajón y, en consecuencia, se le escapan algunas claves. Lo que sí he publicado este mismo año es una novela, Los fantasmas de Yeats, en la que recreo, desde la ficción, la visita de Yeats a Sevilla en 1927 justo antes de los actos de homenaje a Góngora en los que participó, mire por donde, Cernuda junto con otros miembros de la Generación.

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