Un poeta en tierra de cabreros

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Luis_Cernuda_50_aniversario_muerte
Cernuda, en una imagen sin fechar. / Ed. Keshev Leshira

Que haga 50 años que murió un poeta no es noticia ni para acoger un par de líneas en un papel o dejarse los ojos en una pantalla. Que haga 50 años que murió un poeta sólo le importa a algún alma noble o friqui; o quizás a otro poeta.

Aunque puede que sí, si el poeta se llama Luis Cernuda –para muchos, junto con García Lorca, el más interesante de su generación- y se organizan actos en su memoria en los ateneos de Madrid y Sevilla. Además, se lanza a las librerías un libro en el que contribuyen escritores de varios países.

Para titular el libro se ha elegido dos versos que el poeta escribió cuando asesinaron a su amigo Federico:  Leve es la parte de la vida que, como dioses, rescatan los poetas (Ediciones de la Revista Aurea, 2013). En él firman Antonio Gamoneda, José Manuel Caballero Bonald, la Nobel Herta Müller, el francés Yves Bonnefoy, Juan Gelman, Almudena Guzmán… También se incluyen textos inéditos del poeta sevillano, así como algunas fotografías nunca vistas antes por el común.

Pero, lo importante es que este homenaje valga de recuerdo que caliente el alma de los que reposan donde habita el olvido, por parafrasear a Cernuda y aprovechando que se acaba de recordar a los muertos.

De Cernuda me gustan los ecos románticos de sus versos, la fluida deglución de sus monstruos poéticos, por él mismo sancionados: Hölderlin, Heine, los metafísicos ingleses. Cavafis. No elige mala compañía considerando que parte, por su lugar de cuna, con la presencia de Góngora y Gustavo Adolfo Bécquer en su viaje.

Ahora que no hay tiempo suficiente en un día, ni en una vida, para detenerse en páginas de versos, resulta revolucionario hacerlo en las que dejó escritas el autor de Desolación de la quimera poco antes de dejar este mundo. Lo chocante es encontrarlos en esta página que enlazo donde parecen importar los deportes por encima de todo.

Ha dicho Mario Vargas Llosa que leer en una pantalla parece algo plano, sin relieve,  como si se echara en falta el tacto del papel y los surcos de tinta de las palabras, capaces de acompasar mejor el ritmo de la lectura, pero, ¡qué ventaja encontrar con un cliqueo un poema de esta envergadura en una página donde se habla de fúmbol! El lujo de la tecnología, sin duda.

No me imagino cómo será leer poesía cuando sólo pueda hacerse en una tableta pero no creo que haya pérdida de sensibilidad si quien la lee está a lo que está, aunque todavía los más románticos sigan prefiriendo el papel y la tinta en él impresa. Como dicen los editores más prestigiosos, el papel seguirá siendo un objeto de deseo para los más exquisitos.

Pero es sorprendente que en el siglo XXI haya poetas capaces de desplazarse a Sevilla para leer ante la casa del admirado Cernuda unos versos con los que respirar el mismo aire juntos, aunque sólo sea unos minutos.

La muerte trágica de García Lorca eclipsó al sevillano que encontró muchas veces en sus compatriotas más amargura que contento, hasta el punto de describir a España como una tierra de cabreros; y de sentirse solo, como un naipe suelto cuya baraja se ha perdido.

Sin embargo, no ha dejado de tener fieles seguidores en la intimidad del silencio y de la luz sobre las páginas de un libro. De eso se trata al fin y al cabo.


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2 Comments
  1. me says

    Cernuda habría sido desgraciado en cualquier país. Fue a parar al peor de ellos al final de su vida. Tremenda desolación en “Nocturno Yanqui”

    http://tinyurl.com/n3vo5ug

  2. estrella says

    Para saber la influencia que Bécquer tuvo en Cernuda y lo mucho que lo admiraba, hay que leer su ensayo: “Bécquer y el Romanticismo español”. Lo mejor que se ha escrito sobre Bécquer.

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