“Azuzan a los pobres contra los más pobres”: una caravana contra la xenofobia italiana

Desde hace dos años, la Caravana Abriendo Fronteras, formada por más de un centenar de organizaciones sociales, aprovecha el verano para visitar los puntos calientes de las fronteras, esas líneas donde se violan los Derechos Humanos mientras muchos europeos miran para otro lado. En 2016 unos 300 activistas marcharon a Grecia, en 2017 viajaron a Melilla, y este año se desplazarán hasta Italia. El objetivo es denunciar la situación de las personas migrantes y tejer redes con los movimientos sociales de los países. Defender, compartir y aprender. El próximo 13 de julio partirán de Salt (Girona) hasta llegar a Sicilia y Calabria. Por el camino, desmontan algunas de las creencias que circulan estos días sobre la migración.

Los miembros de la caravana han publicado un manifiesto en el que contra-argumentan las premisas xenófobas que recorren Europa. Advierten de que hay "políticas que contribuyen a generar inestabilidad política, gobiernos fallidos, conflictos bélicos y hambrunas a las que se suman sequías y otras catástrofes climáticas", en los países de origen. No se puede entender el fenómeno migratorio sin estos datos.

Aunque ahora Italia sea la que protagoniza titulares por la "xenofobia" de su Ejecutivo, los activistas advierten de que es una tendencia creciente en Europa, ya sea por acción o por omisión. Países como Hungría, Eslovaquia, Chequia y Polonia ya están aplicando políticas "represivas" durante los últimos meses. "Se trata la acogida con amarillismo y sensacionalismo. Azuzan a los pobres contra los más pobres", reflexiona Darío Unai, otro de los activistas que hará la ruta hacia Italia este año. Creen que hay una descontextualización del relato que se está haciendo sobre migración, ignorando la situación de los países de origen y agitando el discurso catastrofista.

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Por eso, la Caravana Abriendo Fronteras alerta en el manifiesto de la estrategia europea, basada en externalizar fronteras y ceder la responsabilidad a terceros países: "Queremos denunciar los acuerdos de retorno y readmisión con terceros países que no respetan los Derechos Humanos. Ninguna persona debe ser enviada a un país en el que puede sufrir tortura, persecución o amenazas a su vida", denuncia este documento. También alertan del "negocio de las fronteras" que pertenece a "un grupo reducido de empresas que acapara la mayoría de las licitaciones públicas".

La xenofobia de Salvini y las redes de solidaridad

El destino se decidió el pasado enero. Por tanto, aún Italia no había abandonado a su suerte al barco Aquarius y el ministro del Interior, Matteo Salvini, no había cogido su cartera. Sin embargo, estos activistas ya estaban alarmados por el acuerdo entre Libia e Italia que firmaron en febrero y que impedía a los migrantes salir del país. "En Libia no respetan los Derechos Humanos. Están documentados casos de esclavitud, agresiones sexuales, etc. ", explica Mónica Hidalgo, miembro de la Caravana. El tiempo les ha dado la razón. Ahora, el ministro de Interior italiano presume de xenofobia y racismo abiertamente, ya sea por negar el auxilio a los barcos, como por proponer hacer un censo de personas gitanas. "Ahora Italia es un país xenófobo y racista, capaz de dejar a cientos de personas a la deriva", remata la activista.

Pero Italia no es el Gobierno italiano. Para los miembros de la Caravana será especialmente importante mostrar ese contrapoder que forman las organizaciones sociales que trabajan con migrantes y que amortiguan los golpes de las políticas racistas contra la población."Otro de los objetivos será crear redes allí con otros colectivos. El año pasado, en Melilla estuvimos trabajando con personas que conocen la realidad de los menores no acompañados y de los Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI)", comenta Hildalgo, que asegura que en Italia hay un activismo fuerte y una red de apoyo de organizaciones e individuales.

Sin embargo, el propósito de armar una caravana que recorra las fronteras europeas es lanzar el mensaje de que la migración es un asunto que trasciende a los estados, tal y como explica la activista. "La actuación de Salvini tendría que haber sido condenada por la Unión Europea y haber puesto algún tipo de sanción. Pone en peligro vidas de personas y eso no cuadra con la UE que nos han vendido. La pasividad también tenemos que denunciarla". En el manifiesto, vuelcan sus pretensiones y denuncian la pasividad de la organización: "Ante estos hechos, la misma UE, que disciplinó a Grecia con sus medidas económicas, calla y otorga. Es cómplice de la violación de derechos como el cierre de los puertos italianos al desembarco de personas rescatadas por barcos de ONG en el Mediterráneo".

El documento también recuerda que "Europa está muy lejos de ser el principal destino para personas refugiadas y migrantes", que aterrizan en países más cercanos como Turquía, Pakistán o incluso se mueven en el mismo territorio. Para estos activistas, la alarma social no tiene relación con las cifras.

El centenar de organizaciones han concretado sus peticiones en más de una veintena de reivindicaciones entre las que se encuentran  "la sostenibilidad de la vida y el planeta frente a los intereses del capital y de unos pocos", "vías legales y seguras para las personas en tránsito", que se respete el derecho internacional o la disolución de FRONTEX.  También denuncian la violencia sexual que sufren las mujeres en países en tránsito y acogida, la vulnerabilidad de las personas LGTBI y exigen "que se atienda a las y los menores no acompañados", entre otras muchas cosas.

Un camino lleno de paradas significativas

La caravana tiene como punto de partida el municipio de Salt (Girona), que se caracteriza por una alta tasa de población extranjera. Allí confluirán activistas de toda España para marchar juntos. "Hay muchos migrantes sin papeles que carecen de derecho al voto, lo que provoca que se sobredimensione el resultado de la extrema derecha", explica Darío sobre esta población. Después marcharán a Ventimigli, el bautizado como 'sendero de la muerte' en la frontera franco-italiana, y después cogerán el Ferry en Génova. 

Al llegar a Sicilia aprovecharán para acudir a Catania, donde trabajan barcos de salvamento marítimo, y visitarán un centro de acogida de migrantes. Otra parada significativa será el pueblo de Riace, que el alcalde Domenico Lucano repobló con la llegada de migrantes y refugiados. "A Salvini le preguntaron hace poco por Riace y no tenía nada que decir. Le da rabia porque se demuestra que la acogida puede ser una oportunidad de desarrollo y no un problema", apunta Darío.

El día 22 tienen pensado regresar a España con un montón de propuestas bajo el brazo, después de haber conseguido visibilizar las realidades más duras de las personas que deciden huir de la guerra o el hambre para embarcar hacia una Europa que les cierra la puerta.