Japón tiene que traer cambios de profundidad en lo económico a esta era

Varias personas observan la caída del índice Nikei en un panel electrónico, el pasado lunes, en Tokio. / Everett Kennedy Brown (Efe)

Ya he dicho muchas veces que lo malo de esta crisis es que todo está cambiando dramáticamente... para que todo siga igual. Aunque ahora, con la tragedia de Japón, ¿se harán planteamientos de futuro los países presuntamente avanzados o será todo parches de urgencia y a otra cosa una vez más? Porque si lo de parar las centrales es por una temporadita, hasta que se haya olvidado un poco la crisis nipona y depués seguir como antes, pues... Hay un dicho popular que dice que siempre que pasa igual sucede lo mismo.

No digo que haya que acabar de golpe con las centrales nucleares pero en España, concretamente, hace falta un plan energético de una vez, con planteamientos de futuro, consensuado entre las fuerzas políticas, que garantice la inversión y la investigación para con las renovables en lugar del pago de primas con dinero público. Porque, al final, mucha gente que entra en este segmento tan importante como es el de las energías verdes viene a cobrar, no a desarrollar una industria que debe ser capital en el futuro.

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Con las finanzas ocurre lo mismo. Los bancos de negocios que causaron la crisis inflando los mercados de activos tóxicos diseñados por ellos mismos y planearon todas las operaciones que fallaron sin remisión (¿quién sino es el cerebro de genialidades en España como Astroc, Metrovacesa o Colonial?) son ahora quienes dictan las leyes con sus informes. De nuevo están liderando las grandes operaciones. Ahí están, al timón de las finanzas, una vez más. Parecía que la crisis se las llevaba por delante, pero no. Obama lo intentó, pero ha fallado.

Aquí, sin ir más lejos, los bancos de Wall Street están pilotando la reorganización de las cajas de ahorros, a pesar de que estas mismas entidades han sido las que les aconsejaron en el pasado que entraran a degüello en operaciones que no eran para ellas y financiaran a todo tipo de ladrilleros de mal recuerdo ahora. Muchos brokers se apresuraron a emitir informes demoledores contra nuestras cajas. Ahora, ya tienen los mandatos de colocación y cuando llegue el momento de sacarlas a Bolsa dirán que son la octava maravilla del mundo. Al tiempo.

Por desgracia, el proceso de reordenación de nuestras entidades financieras va a realizarse con todos los protagonistas del desaguisado anterior. Porque en las nuevas entidades resultantes continúan todos los antiguos directivos, consejeros y presidentes, excepto un pequeño puñado de gente que ha saltado por los aires. Sin embargo, muchos han defendido sus puestos con uñas y dientes. No han permitido la entrada de sangre nueva.

Si ahora no nos movemos, no sé qué hará falta. A la crisis espectacular y global; a las revueltas globales, se suma un sostenido embate de la naturaleza (Chile, Haití, Japón...) que hace imposible la lucha. Los mercados se han desplomado en los últimos días y sólo con soluciones de emergencia no se logrará nada.

Hay que dar un avance a las estructuras. Purgarlas de corrupción, ofrecer garantías de defensa contra los corruptos, potenciar la investigación sin trabas y de la manera menos interesada posible. Hay que creer de verdad en la sostenibilidad, que pasa, entre otras cosas por que no es de recibo unos bonus espectaculares de unos que han causado tanto quebranto, de la misma manera que no será razonable que nuestras empresas Ibex ganen tantísimo dinero si hay un paro espectacular en España.

Es cierto que cada vez ganan más dinero fuera y menos dentro, pero también que tienen su sede aquí y son compañías españolas. Tienen su parte de responsabilidad social, que debe revertir en avance real de la sociedad.

Para todo esto, hace falta cambio de estructuras y, sobre todo, mecanismos efectivos contra la corrupción. Ojo, la corrupción no es sólo un concejal de urbanismo que se lo lleva crudo. Es todo tipo de mala práctica que reporta un beneficio incorrecto. Ya hemos hablado en el pasado de las subvenciones, por ejemplo.

Tal vez el susto de Japón permita plantearse las cosas con un poco más de seriedad. Y nuestros políticos deben ser capaces de llegar a un pacto con las cosas que de verdad importan. No es digno que una crisis generada por la inflación de activos financieros, diseñada en Wall Street, se tenga que solucionar ahora con proclamas como la bajada de salarios o el recorte de derechos sociales como el cobro de las pensiones.