El pan de los pobres

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Un judio ultra ortodoxo transporta varias tortas de pan ázimo, (shmura matzah, nombre judio), durane los preparativos de la Pascua judia en una panaderia de Kfar Habad, a las afueras de Tel Aviv (Israel), el lunes pasado. / Oliver Weiken (Efe)

Ma Nishtaná…: “¿qué diferencia hay entre esta noche y todas las demás?” Con esta pregunta –pronunciada por el miembro más joven de la familia- dará comienzo la cena de Pesaj (la Pascua judía) el 18 de abril. En el calendario hebreo, el día 15 del mes de Nisán. Los mayores de la casa le responderán leyendo la Hagadá, el relato de la salida del pueblo de la tierra de Egipto como hombres libres. Celebrando todos los años la festividad de Pesaj, los judíos no olvidan que durante mucho tiempo fueron esclavos. Pesaj es sinónimo de liberación. De todo poder ajeno que nos somete a su arbitrariedad. Pero también significa la liberación de otras formas de esclavitud.

Halajmá aniá…: “Éste es el pan de la pobreza que comieron nuestros padres en la tierra de Egipto”. Son las primeras palabras de la Hagadá y se refieren a la matzá, el pan sin levadura que los egipcios entregaban a sus esclavos, el único alimento que recibían y les permitía sobrevivir. También el que luego comieron como fugitivos, pobres pero ansiosos de libertad. La libertad da un nuevo sabor a las cosas más humildes. Como la matzá que envuelve el maror, unas hierbas amargas untadas en jaroset, una pasta de frutas molidas, como la manzana y la nuez. El jaroset semeja un lodo de barro y arcilla, los dos materiales para la fabricación de ladrillos, el símbolo de los trabajos forzados. ¿Por qué, año tras año, se sigue recordando tanto oprobio con alegría y esperanza en el futuro?

Quizás porque nos ayuda a comprender que los principales enemigos de nuestra felicidad (y de la de los demás) somos nosotros mismos. Compartiendo el cordero pascual en el mes de Nisán nos rebelamos contra la opresión exterior, pues el cordero era un ídolo egipcio. Pero la institución del jametz es su contrapunto como renuncia a la fuerza ilegítima, a la soberbia y a la violencia.  Jametz es la masa de cereal fermentado que, mezclada con agua, se infla y agranda con la simple temperatura del ambiente. Sólo hay que concederle un poco de tiempo a nuestro orgullo para que comience su hinchazón. Antes de Pesaj debemos desprendernos de todo el jametz que guardemos en casa. No le pasará nada a nuestro ego si durante una semana nos olvidamos de él.

Los ocho días de Pesaj son el mejor antídoto para las tentaciones del advenedizo. El recuerdo del sufrimiento histórico que evocamos en Pesaj no nos imbuye de ningún grado de resentimiento, odio o deseo de venganza. La memoria de las penurias del pasado, de las injusticias a las que fuimos sometidos, y su traslado actual al cumplimiento de unas reglas dietéticas, tiene un doble valor instrumental, el del testimonio y el de su posterior proyección social. Con una sola finalidad: como fuimos testigos en primera persona (ya que los padecimos en carne propia) de los daños que nos infligieron los poderosos o la mala fortuna, evitemos esas penurias a los que ahora las sufren. El libro de Shemot (Éxodo) dice: “Amaréis al extranjero pues extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto”.


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3 Comments
  1. Aguila says

    Muy buen articulo Don Felix, es bueno siempre conocer la cultura de distintos pueblos. En cierta medida todos somos extranjeros.

  2. Eleazar says

    Jaj Pesaj Sameaj Sr Bornstein

  3. J Mos says

    En una sociedad donde tanto se habla de gastronomía, del placer de comer, se agardece leer un artículo donde cada comida, cada bocado, es un simbolo, un recuerdo. Y ademas un recordar la condición de pobreza y esclavitud año tras año. Y es que es el eterno recordar quienes somos, adonde vamos y de donde venimos por medio de una fiesta, sus tradiciones y sus comidas.

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