Lo de Marta Domínguez también afecta a la prima de riesgo, ya que es un síntoma de país desnortado

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Marta Domínguez, el 22 de diciembre del año pasado, cuando acudió a declarar al juzgado de Madrid que ahora ha archivado las actuaciones. / Ballesteros (Efe)

Imagino que Zapatero y Rubalcaba estarán que trinan con la Operación Galgo y todo lo que se ha hecho con Marta Domínguez, nuestra mejor atleta de todos los tiempos, heroína épica para todo un país... y simpatizante del PP, hasta el punto de haber sido concejal de deportes en Palencia.

Nuestro presidente ya sabe lo que es el coste imagen. Ha sufrido en sus carnes (que son las nuestras) lo que significa presentar un plan de estabilidad en Bruselas y retirarlo. O lo que cuesta que un secretario de estado de Hacienda diga que se van a bajar los sueldos de los funcionarios y al día siguiente salga su jefa, la ministra de Economía, totalmente ofuscada a desmentirle, tras la furibunda orden de la vicepresidenta primera.

Ahí se nos fue la prima de riesgo a la estratosfera (hoy vuelve a estar por encima de los 220 puntos básicos, después de que en semanas precedentes mejorara por debajo de los 180) e irrumpieron todos los bajistas sobre las compañías españolas. Y por eso, precisamente por eso, comenzaron a gestarse los malintencionados rumores sobre nuestro inminente rescate. La Bolsa se hundía y el secretario de estado Campa se tuvo que ir a la carrera de road show por las principales plazas internacionales, ya que el Tesoro tenía problemas para colocar nuestra deuda.

Zapatero aprendió con sangre, que es como entra la letra -dicen-, que a los mercados no se les puede vacilar. Con los celebérrimos mercados dando la espalda no hay salida posible de la crisis. La imagen de seriedad y solvencia es básica y no sólo para lo económico. Lo es para el país y su sociedad.

Recuerdo que cuando vimos a Marta salir poco menos que esposada de las dependencias policiales, donde pasó una noche después de que le intervinieran su domicilio, pensé, en medio de mi chasco morrocotudo, que la operación estaría aprobada directamente por Rubalcaba (o el mismísimo Zapatero) y daba por hecho que las pruebas serían unas evidencias tan absolutamente irrefutables que no habría lugar a hacer la vista más mínimamente gorda con nuestra mejor atleta, ejemplo para los niños y orgullo de un país.

El asunto me sorprendía, claro, porque también daba por hecho que Domínguez no sería tan tonta como para pringarse con una trama tan fea y burda, aunque ahí está ese Madoff, que al final símplemente daba el timo de la estampita en versión zona alta de Manhattan, mientras hacía creer a todos que era el mayor gurú financiero de todos los tiempos.

Y me acuerdo de cómo en algunos corrillos de periodistas, la palentina no suscitaba la menor simpatía después de detención. “Si no ha salido ningún compañero a defenderla es que está pringada y desde hace tiempo”, comentaban. Yo esperaba las pruebas irrefutables que no han aparecido y temía su descalificación de por vida, la retirada de premios, incluso la prisión... Pues al parecer se archiva el caso.

Entonces, ¿nos hemos vuelto locos? O sea, tenemos pocos problemas y nos pegamos un tiro en un pie. Como en la comunidad internacional nos miran con buenos ojos en materia deportiva, encima vamos con un quijotismo mal entendido y echamos porquería sobre nuestra hoja de servicios más brillante.

Rubalcaba debería haber estado al tanto de la operación y haber dado el visto bueno sólo cuando las evidencias fueran la misma Biblia en verso. Pero no. Ahí está, incluso, ese Eufemiano Fuentes que periódicamente sale en los papeles y en todo tipo de operaciones y al que no le pueden probar nada. Nuestra Justicia da la impresión de que intenta pillarle en un renuncio pero que siempre es más listo él. Como el Equipo A, que siempre conseguía escaparse in extremis. ¿Es esto serio?

La detención de Marta Domínguez nos ha hecho mucho daño como país. Un despropósito monumental, aunque con una etiqueta tan española, por desgracia... sólo nosotros parecemos capaces de semejantes dislates. Lo poco que nos funciona, que es el deporte, lo enmaraña nuestra Justicia. La imagen de pandereta y chanchullo en los foros internacionales, corregida y aumentada.

Esto no es sino un síntoma más del desvertebramiento y la falta de rumbo que tiene este país y no hablo de Gobiernos; hablo de políticos y también de sociedad civil. Evidentemente, no hago un alegato a favor del dopaje ni muchísimo menos, sino de una postura común para recuperarnos de la crisis y una profesionalización al máximo en todos los ámbitos de las instituciones, ya sean públicas o privadas.

Espero que rueden cabezas con esta locura de la Operación Galgo, porque ha hecho mucho daño al país. A un país al que todavía le queda mucho por caminar para salir del decrecimiento, al que su Tesoro le cuesta colocar la deuda un montón y que tiene casi cinco millones de parados. La chapuza, al igual que la corrupción, debe quedar desterrada o no saldremos del pozo.

3 Comments
  1. Rocamadour says

    Sonrojante. El artículo, quiero decir. ¿Seguro que esto es cuartopoder.es? Pues vaya, sí, eso dice mi navegador…

  2. Aguila says

    Politiqueria y muestra de un sistema destructivo y persecutorio, viejas faltas que acabaron con una Guerra Civil.

  3. Sr. Mercados says

    Hola, soy el señor Mercados. Les escribo para decirles que pueden estar tranquilos.

    Lo de Marta Domínguez me la pela.

    Saludos,
    Sr. Mercados

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