El ahorrador ha muerto, vivan Bernanke y Goldman Sachs

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El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke. / Wikimedia Commons

El concepto de ahorro remunerado ha dejado de existir en esta maldita crisis que sufrimos y es algo de lo que se está hablando muy poco. Claro, con paro y recesión o estancamiento económico ¿quién piensa en ahorrar? Pues más gente de la que pensamos, que no encuentra dónde colocar su dinero sin riesgo con algo de rendimiento. No hay opciones para eso, salvo comprar algo de deuda soberana española de manera directa.

Pero claro, si a una señora que tiene un pequeño dinero heredado de sus padres se le dice que saque su capital del banco, donde está perdiendo en términos reales y se le ofrecen bonos españoles, seguro que se sentirá todavía más intranquila, a tenor de lo que se escucha sobre nuestro país. Además, no es tan fácil comprar papel del Estado de manera directa.

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El caso es que con los actuales tipos de interés en la Eurozona y EEUU, prácticamente al cero, las hipotecas serán muy baratas (suponiendo que se concedan), pero la remuneración al ahorro es casi intangible. Me refiero para el pequeño y mediano ahorrador, claro, el que tenga millones de euros no tendrá problema en que las entidades financieras les ofrezcan tipos preferenciales a cambio de permanencia larga como cliente. Pero hablar ahora de depósitos como cuentas remuneradas es casi un chiste.

Como lo es también pensar en algún fondo de inversión conservador, que supere ligeramente la inflación y no provoque sustos. Gracias a los señores de la banca de inversión, cuya cabeza visible es Goldman Sachs, tenemos los precios de las materias primas en la estratosfera, por lo que la inflación en España es altísima, a pesar del paupérrimo escenario económico que soportamos.

¿Echamos un ojo a la Bolsa? Tenemos como casi única opción de ahorro a Telefónica, porque ofrece un dividendo mítico, que ronda el 9%… aunque cada dos por tres salen casas de análisis poniendo en duda que sean capaces de mantenerlo. Llevan así años y de momento César Alierta les está cerrando la boca con hechos.

Lo malo es que el gráfico de Telefónica en los últimos dos años también tiene unos altibajos que no cualquier persona tiene fuerza para aguantar. En ese periodo se ha movido entre los 19,90 euros y los 14,8... aunque entre el máximo y el mínimo sólo pasaron tres meses. La Bolsa tiene ahora una volatilidad no apta para gente poco avezada.

De bancos mejor no hablemos, incluidos Santander y BBVA, porque si un día no nos los hunden a cortos (de nuevo los chicos de Goldman, Morgan, etcétera) salta alguna noticia de una fusión, rescate, caída de resultados… que castiga a todos por igual. Por tanto, de todo menos estabilidad.

Y la vivienda está deprimida. ¿Cuánta gente hay entrampada porque compró varios pisos hace uno o dos lustros? “Como inversión, porque como esto no se deprecia nunca…” Ese listado sería interesantísimo y nos mostraría que la voracidad financiera no es sólo cosa de los Goldman. Como bien decía Rockefeller, cuando el capitalismo se hace totalmente popular, se nos echa el cataclismo encima. Recordemos los casos de Terra, en el que la gente compraba porque se lo decía el vecino, o las primeras privatizaciones del PP, en las que todo el mundo compraba porque en semanas doblaba el capital. Cuando Endesa, una de las últimas, empezó cayendo, mucha gente se sintió estafada porque, totalmente deslumbrada por las cifras de vértigo de Argentaria, Repsol y otras, habían pasado por alto que la Bolsa también cae.

Así las cosas, sólo queda ponerse en manos de algún producto financiero garantizado, que asegura que apenas ganarás nada aunque tampoco perderás y que la entidad comercializadora se hará de oro con suculentas comisiones.

Es preciso reconocer que nadie tiene ahora ninguna opción para colocar sus ahorros y olvidarse de ellos unos años para recoger después un retorno que bata a la inflación.

A esto se ha llegado gracias a los bancos centrales, en especial la Reserva Federal que comanda Ben Bernanke que se han dedicado a darle a la máquina de hacer billetes tras la caída de las Torres Gemelas (en aquellos tiempos mandaba Greenspan, pero Bernanke ya estaba en la sombra enredando mucho). ¿Qué nos pensábamos que eran las famosas ‘inyecciones de liquidez’? Fabricar dinero sin más. Y las bajadas artificiales de tipos que tanto nos gustaron en su momento han degenerado en una situación que hace imposible volver a subirlos hasta una cota razonable por la burbuja de deuda que generó.

Todo el mundo se endeudó más allá de sus posibilidades y como ahora suba el precio del dinero digamos al 2,5% en Europa, las consecuencias serían demoníacas. Estamos en un círculo vicioso. Cuando los mercados enfermaron tras la caída de Lehman y las suprime, los bancos centrales reaccionaron como si a un drogadicto con el mono se le da otro chute: se le pasa en el acto y está un tiempo bien… pero la recaída es peor. Nuestras economías están de nuevo con el mono. Y nuestros ahorradores no tienen dónde colocar su dinero para ganar algo sin riesgo.

Bueno, se me ocurre una cosa: comprar acciones de Goldman Sachs. Si no se puede con el enemigo…

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