Profesionales agradecidos

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Valeriano Gómez atiende a los periodistas el pasado jueves durante unas jornadas de debate del PSOE de Jaén. / José Manuel Pedrosa (Efe)

“Rectificar es de sabios, y de necios tener que hacerlo a diario”. Vale, de acuerdo, no le falta  algo de razón el ex presidente González. El Gobierno del partido al que pertenece Dios (el partido del Ser Supremo que cuando está en el planeta Tierra nos regaña a todos y en su tiempo profano ejerce de consejero de Gas Natural) no ha pilotado con mano firme el coche de la economía. El Ejecutivo de Rodríguez Zapatero a menudo ha resbalado por el arcén pensando que circulaba por la carretera y todos los que íbamos dentro del vehículo nos hemos pegado unos cuantos sustos y en los últimos tiempos alguna buena galleta (o varias). Pero la crueldad de Felipe con sus compañeros más jóvenes del PSOE tiene muy mala pinta ideológica y mucho resentimiento generacional (con los rivales políticos no ha tenido tanta saña) y, sobre todo, resulta muy infantil en su altiva soberbia por la desmemoria que acredita el ilustre abogado sevillano de la misma ofensa que le infirió Manuel Fraga allá por los años 80, cuando González regía los destinos de España. “Sólo aciertan cuando rectifican”, dicen que le dijo don Manuel al señor González y a sus entonces compañeros de Gobierno. Zapatero es otra cosa, su perfil le aproxima al pensador clásico que se atiene a la línea tradicional: “rectificar es de sabios”. Lacónico y sin más desmesuras intempestivas, como ha demostrado confortando y dando ánimos a sus propios ministros cuando han tomado mal la curva para regresar después de un trompo a la senda correcta. Dicho esto, las malas formas de González no invalidan su crítica de fondo: el Gobierno de Zapatero ha sido una veleta al albur de todos los vientos. Aunque de ciertas rectificaciones debemos alegrarnos. Al menos ha corregido algunas de sus arbitrariedades más irracionales.

En mayo les hablé de la insólita decisión de Valeriano Gómez, ministro de Trabajo, de suspender el cobro de su pensión de la Seguridad Social a los profesionales (médicos, abogados…) que se jubilen por edad de las empresas para las que han trabajado por cuenta ajena y que decidan continuar ejerciendo la profesión por cuenta propia sin necesidad –por falta de obligación legal- de causar alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) y pagar sus cuotas. Bueno, pues de lo dicho, nada de nada. Don Valeriano es un sabio –un cerebro muy rápido ad maiorem gloriam del torbellino de la veleta– y ha rectificado sin dar tiempo a la llegada del otoño. El lector puede comprobarlo mediante la lectura de la Ley 27/2011, de 1 de agosto, de Actualización, Adecuación y Modernización del Sistema de la Seguridad Social. Como la Ley es más larga que Pau Gasol, bastará consultar su Disposición adicional trigésimo séptima. Esta vuelta al sentido común tiene su origen en una enmienda al Proyecto de Ley presentada por CIU en el Congreso de los Diputados, apoyada por los demás grupos parlamentarios. 

Para los profesionales liberales existe, asimismo, otro precepto interesante en dicha Ley, en este caso de naturaleza fiscal. Vean, por favor, su Disposición adicional cuadragésima sexta, relativa al IRPF. Les beneficiará en todo caso, ya determinen sus rendimientos por la modalidad normal del método de estimación directa o lo hagan por la modalidad simplificada. Verificarán en cualquier caso que el límite máximo de 4.500 euros anuales fijado por el artículo 30.2.1ª de la Ley del IRPF (Ley 35/2006) ha sido superado en lo que respecta a la cuantía del gasto deducible por los pagos de aportaciones y cuotas de contratos de seguros concertados con mutualidades de previsión por profesionales no integrados en el RETA, en la parte que tenga por objeto la cobertura de contingencias atendidas por dicho régimen de la Seguridad Social. En efecto, dicha Disposición ha elevado hasta el 50% de la cotización máxima por contingencias comunes al régimen de autónomos la cuantía máxima deducible. Lo que la sitúa actualmente en la cantidad de 5.775 euros anuales. Es anómalo que una ley laboral modifique disposiciones tributarias. Y más anómalo todavía que lo haga sin una derogación expresa. Sin embargo, estamos acostumbrados a vivir con inseguridad en una selva jurídica. Y peores cosas hemos visto.

1 Comment
  1. celine says

    Muy buena imagen la del arcén y los resbalones de la autopista, Bornstein. Sigue usted en forma.

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