UBS y Timothy Geithner vuelven a avergonzar al ciudadano medio mundial

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Jean-Claude Trichet, a la izquierda, conversa con el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, durante el encuentro con el Comité Monetario y Financiero Internacional, en Washington, el pasado sábado. / Jim Lo Scalzo (Efe)

La semana pasada hemos asistido de nuevo a dos acontecimientos que merecen la pena poner sobre la mesa, porque resulta increible que continúen ocurriendo cosas así. La UBS, banco que tuvo que ser intervenido poco tiempo después de la caída de Lehman y Bear Stearns, reveló un nuevo y espectacular agujero en sus cuentas, gracias a un operador suicida que se pasó operando con derivados. Y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, alertó de una cadena de “quiebras en cascada” en Europa.

Empezando por esto último, no se sabe ya si provoca indignación o directamente una carcajada irónica. ¿Cascada de quiebras? ¿Cuáles, las de Lehman, Bear Stearns, AIG, Freddie Mac, Morgan Stanley, Merrill Lynch...? Resulta doblemente hiriente que pronuncie esto quien se ha negado sistemáticamente a reformar el sistema financiero y que, además, ha debido evitar la suspensión de pagos de su país... la principal economía del mundo.

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Por su lado, UBS ha revelado un nuevo pufo de 1.600 millones de euros, causado por otro sagaz broker que enredó con derivados más allá de toda cautela razonable. Ahora, se pagará el pato, como Jerome Kerviel en Societé Générale, aunque no le faltaba razón al joven operador cuando decía que él sólo hacía lo que le habían enseñado en la firma. Hacía lo que hacían todos y nadie se extrañaba por eso.

Conviene insistir de nuevo en que UBS ya fue uno de los bancos europeos que se derrumbó como un castillo de naipes cuando estalló la crisis financiera al otro lado del Atlántico. Todas las firmas europeas que tenían un modelo anglosajón, con gran peso de su banca de negocios y sus posiciones propias; casi siempre en contra de los productos financieros que vendían a sus clientes, de los que, por otro lado, eran su banca privada, demostraron ser gigantes con pies de barro. Cayeron RBS, Fortis, UBS...

Pero no se hizo nada serio. No se parcelaron esos bancos, vendiéndolos por partes, para que no pudieran volver a hacer de las suyas, impidiendo que sus gestores volvieran a estar al frente de entidades financieras. Se les reanimó a todos para que volvieran a su actividad normal y enormemente lucrativa, aunque al mundo, mientras tanto, le ha ido fatal. A la sociedad no la ha rescatado nadie.

Lo ocurrido es una falta de respeto absoluta al mundo. Es cierto que en esta crisis hemos participado todos. Mucha gente se ha comprado el piso que no ha debido y se ha endeudado por encima de lo razonable. Pero la sociedad está pagando duro. El paro, la incertidumbre y la angustia son nuestro pan de cada día, mientras vemos que los ejecutivos bancarios causantes de la zozobra continúan a su antojo.

En España, sin ir más lejos, siguen todos esos ejecutivos y consejero de las cajas de ahorros, que se fusionan a dedo, como si de ahí fuera a surgir una entidad maravillosa por generación espontánea. Ahí está, por ejemplo, esa CAM, sin ir más lejos, que “nadie quiere ni regalada”, según comentaba en un pequeño encuentro un ejecutivo de primera línea del sector.

Europa debe plantearse un modelo sostenible, basado en la clase media y el respeto a su sociedad. Hay que meter un tijeretazo serio a nuestro sistema financiero pero, desde luego, no es de EE UU de donde tienen que llegar las soluciones. Más bien lo contrario: de ahí nos ha llegado un modelo de sistema financiero que ha corrompido los cimientos de la sociedad.

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