Hollande, ese objeto de deseo

Alfredo Pérez Rubalcaba, ayer, en la presentación de la iniciativa 'Economistas frente a la crisis'. / Ballesteros (Efe)

Muchas y de distinto linaje son las expectativas que ha levantado en tan solo unas semanas, a este lado del Pirineo, François Hollande, el candidato del socialismo francés que pugnará con Nicolas Sarkozy por la presidencia de la República. Es posible que ni él mismo sepa que el asunto de su victoria -y con ella el cambio en la política de ajuste de caballo con la que llevan años machacándonos Merkel y Sarkozy-, ha conseguido colarse incluso en las sobremesas de sus vecinos del sur, durante unos segundos, eso sí, para anestesiar las pesadumbres patrias en territorio Champions.

No hay acto organizado por la izquierda o sus aledaños en el que el nombre de Hollande no eclipse casi todo lo demás. Ayer, durante la presentación de la Asociación de Economistas frente a la crisis, Alfredo Pérez Rubalcaba reconocía que "Francia está de moda ... Es uno de los pocos temas en los que [gobierno y oposición] estamos de acuerdo... Aunque no lo reconocerán públicamente, Hollande es algo así como el 'oscuro deseo' de la derecha española".

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Rubalcaba tiene claro que a Rajoy no le vendría mal que alguien, aunque fuera socialista -incluso francés-, le aflojara los cordones del objetivo de déficit del 3% comprometido para 2013, un objetivo que, sencillamente, "no podemos cumplir", dijo Rubalcaba.

En el acto había intervenido antes el representante especial de Hollande, Arnaud Montebourg, que lo primero que hizo fue recordar a la concurrida sala que en Francia ya llevan dos años con este debate, al que parece que otros acabamos de llegar. Montebourg dijo algunas de esas cosas que da gusto oír y que, quizás, no hubiera venido mal oír un poco más, y con más convicción, en la campaña de Rubalcaba en las pasadas generales. Dijo, por ejemplo, que una de las batallas políticas de Hollande en la carrera hacia el Elíseo es hacer que "el sistema financiero asuma su responsabilidad en la crisis para que no la paguen los ciudadanos", y eso incluiría una tasa de transacciones financieras, banca pública y presionar a los paraísos fiscales para intentar repatriar capitales que contribuyan a la salida de la crisis. Esto, que lo sepa el señor Montebourug, ya se lo llevamos escuchando aquí hace algún tiempo a los sindicatos y a Izquierda Unida.

Dijo también que las medidas anticrisis agravan el problema de la deuda pública, que los sectores más liberales quieren aprovechar la situación para acabar con el estado de bienestar y que la raíz del conflicto es fundamentalmente "ideológica".  En esto, y en lo demás, todo el mundo parecía estar de acuerdo, incluso los que no llevaban el pinganillo de la traducción del francés.

La presentación en sociedad de Economistas frente a la crisis se celebró en la nueva sede del Colegio de Arquitectos, que quita el hipo, y concentró a un montón de los que, de momento, salen en los telediarios y a otro buen puñado de los que no salen ni en los telediarios ni en ningún sitio. Por allí se pasó Cándido Méndez y socialistas como Ramón Jáuregui, Rafael Simancas, Carme Chacón, José Andrés Torres Mora o Valeriano Gómez, además del diputado de IU Gaspar Llamazares y una nutrida representación de las dirección sindicales de CCOO y UGT.

La asociación, según Jorge Fabra, uno de sus promotores, surge  de "un impulso moral" con el objetivo de "recuperar la palabra" en un contexto en el que son los economistas del otro lado los únicos que cuentan con presencia y voz pública. Trabajo tienen.