El fin de la marcha de desempleados caldea el ambiente de huelga general

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Imagen del encuentro de las marchas de parados, que confluyeron ayer en el centro de Madrid. / Ángel Díaz (Efe)

“Tengo la suerte de tener trabajo. Un trabajo de mierda con un sueldo de mierda. Cuantos más parados haya, más mierda será mi trabajo”, dijo ayer en la asamblea de Sol, megáfono en mano, un hombre de Salamanca llegado junto a la columna Noroeste de las marchas de desempleados que culminaban en Madrid sus días de caminar. Un alienígena en una marcha de parados. Un señor con trabajo, contrato y nómina de cuya lucidez estaría orgulloso cualquier neoliberal de los que reducen todo a factores productivos, incluida la mano de obra, es decir, las personas.

Pero el factor productivo llamado trabajadores se revuelve. Ayer fue la culminación de las marchas de desempleados iniciadas algunas hace un mes con dirección Madrid, los centenares de caminantes de la columna de Barcelona, la del noroeste, la Plataforma de desempleados del Bajo Aragón, la columna de Andalucía, a los que se unieron en la capital alrededor de 3.000 personas. Ayer confluyeron en Madrid la Marcha de Parados, la Marcha Popular Indignada y la Marcha por la Dignidad. Columnas de personas que habían caminado durante días desde Galicia, Asturias, Valladolid, León, Salamanca, Ávila, Soria, Barcelona, Granada o Jaén confluían en la capital para convertirse en un nuevo ariete para las conciencias. Llegaron, se concentraron frente al Ministerio de Trabajo, comieron en el Paseo del Prado tras escuchar a la Solfónica del 15M e iniciaron, con una hora de retraso sobre lo inicialmente previsto, la manifestación entre el Paseo del Prado y la  Puerta del Sol.

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El final no dejó el sabor de boca del jueves. “Hay seis millones de parados y la mayoría no se mueve", intervino en la asamblea uno de los desempleados preguntándose cuánta gente había allí. Y cierto es que la calle no se vio ayer desbordada. Nada que ver con la dificultad de caminar en la manifestación convocada el pasado jueves, en la que se estima que se concentraron en Madrid unas 100.000 personas. Nada que ver con el andamiaje que habían levantado en plena Puerta del Sol los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, dos días antes ni su equipo de megafonía. El final de la que quería ser la “Marcha de los 40 millones”, apoyada por el movimiento 15M y el sindicato CGT, fue una asamblea de desahogo en la que se permitió que la gente se alargase en sus intervenciones sin casi recurrir al giro de manos que indica que alguien se está repitiendo o está dando ideas que ya sabe todo el mundo. Pero sirvió para que volviese a sonar la necesidad de convocar una huelga general y constatar que es una de las medidas más aplaudidas por el movimiento indignado en particular y por los manifestantes en general, sobre todo cuando se habla de que sea indefinida.

Un paso más que sirve para caldear un mes de agosto que se promete movido de cara a esa huelga general prevista para finales de septiembre y en el que es probable que se irán conociendo más detalles del referéndum que pretenden convocar los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, sobre las medidas que no estaban en el programa electoral del Gobierno. Viene un agosto movido preludio de un otoño más movido aún. Y el Ejecutivo de Mariano Rajoy, con la prima por encima de los 600 puntos básicos porque el mercado ve cada vez más negativo el futuro que le espera a este país  por los ajustes, sigue sin escuchar.

1 Comment
  1. cirio says

    Tenemos lo que nos merecemos. A islandia tendríamos que copiar.

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