Toxo, Rajoy, Méndez, la foto de los 3.500 millones

De izquierda a derecha, Igancio Fernández Toxo, Mariano Rajoy y Cándido Méndez durante la presentación en Moncloa de la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven. / lamoncloa.gob.es

El plan de choque ya está aquí, ¡y con foto oficial en La Moncloa!, una de esas fotos vacías y perversas cuando el muñeco de en medio no era Rajoy, cuando la piñata llevaba el careto de Zapatero. Pues eso, que el plan de choque ya está aquí y que el casi medio millón de jóvenes que sufren el rodillazo del desempleo pronto escucharán las trompetas que llaman al emprendimiento, a los minijobs, al salario basura y al empleo sin derechos, pero empleo al fin y al cabo.

¿Y cómo va a conseguir el Gobierno todas esas cosas? Con la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013-2016, que son cien medidas que, como los mandamientos, se resumen en quince. Y no son quince medidas cualesquiera, no, son quince medidas de choque, como los autos de las ferias. Rajoy ha cogido el desfibrilador y va a empezar a aplicarlo sobre el tórax de los jóvenes, que, por cierto, lo tienen hecho polvo no se sabe si de fumar o de gritar en las calles, o de las dos cosas.

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Hagamos un pequeño repaso sobre los ingredientes de este nuevo bálsamo de Fierabrás que ayer presentó en sociedad el presidente del Gobierno. En el bloque de las medidas relacionadas con la Educación, Formación y Mejora de la Empleabilidad, las de choque-choque son dos que, leídas en su literalidad, suenan a documento antiguo y ya comprometido otras veces antes. Bueno, son estas: extender los programas formativos dirigidos a la obtención de certificados de profesionalidad y compromiso de contratación, y desarrollo de estímulos para obtener el título de Educación Secundaria Obligatoria. O sea, el choque total.

Otro grupo de iniciativas se agrupa bajo el epígrafe Fomento del Autoempleo y el Emprendimiento, el cielo en la tierra del individualismo liberal: yo frente al mundo, y que se atrevan a quitármelo. En este capítulo las medidas se centran en facilitar las cosas a aquellos que se decidan por ser su propio jefe fundamentalmente mediante la reducción de las cuotas sociales durante los primeros meses de su actividad (tarifa plana de 50 euros durante seis meses para las nuevas altas de jóvenes autónomos a la Seguridad Social, compatibilización durante nueve meses de la prestación por desempleo con el inicio de una actividad por cuenta propia, ampliación hasta el 100% de las posibilidades de aplicación de la capitalización por desempleo o la puesta en marcha de microcréditos, esto último dicho así, sin detallar más). Este refrescante paquete de medidas, que inexplicablemente no recoge subvenciones para el blanqueo de los piños, tiene un problema: por muy emprendedor que sea uno, será difícil hacer negocio mientras ahí fuera no haya gente con posibilidades de comprar lo que yo quiero vender.

Otros apartados, como el encabezado con el simpático título Saber emprender, que el Gobierno llena de contenido con esta explicación (creación de oficinas de referencia en los Servicios Públicos de Empleo especializadas en el asesoramiento del emprendedor) o la puesta en marcha de un portal único de empleo, tampoco parece, por muy de choque que sean, que vayan a aportarnos resultados en el corto plazo.

Se plantean también cuestiones digamos que, cuando menos, exóticas, propias del mundo feliz ese que, por lo visto, no nos ha tocado vivir, como el llamado contrato generaciones –es de justicia reconocer el esfuerzo del departamento de marketing del Gobierno- que plantea que los jóvenes que contraten de forma indefinida a desempleados de larga duración mayores de 45 años –con el objeto se supone de beneficiarse de su experiencia- tendrán una reducción de la cuota de la empresa a la Seguridad Social por contingencias comunes del 100% durante el primer año, como en el Mago de Oz (sin hache y sin martillo, claro).

CCOO y UGT han venido advirtiendo, desde hace semanas, que este conjunto de medidas de muy limitado alcance no servirá para corregir las abrumadoras cifras de desempleo juvenil, que solo revertirán en el caso de que el Gobierno abandone su obsesión por el déficit y los ajustes y ponga en marcha políticas de estímulo al crecimiento; que solo revertirán si se desanda la tortuosa senda emprendida con la reforma laboral, si se deja de recortar en Educación…

Y entonces, ¿por qué han participado Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo en el guateque organizado esta mañana en Moncloa junto a lo mejor del Gobierno y a los dirigentes de la patronal? Sobre este asunto los sindicatos dicen tres cosas: que lo que se presentó ayer no fue un acuerdo porque los sindicatos no han acordado nada, que lo han hecho como gesto de buena voluntad para que el Gobierno recupere la senda del diálogo social y abandone la de los decretazos y, fundamentalmente, que lo han hecho porque el Ejecutivo ha puesto sobre la mesa 3.500 millones para fomentar el empleo de los jóvenes en los próximos cuatro años. En este sentido subrayan que, tal y como están las cosas, que el Gobierno no solo no se lleve el tapete, el cenicero y los garbanzos que hacen de amarracos en la partida, sino que encima ponga algo de dinero encima de la mesa para empezar a abordar tan dramático asunto,  por insuficiente que parezca, es, cuando menos, una novedad… Y es que debemos venir de muy atrás… De muy lejos.