David contra Goliat: Wonder Woman gana la partida a Bankinter

Lucía Martín *

Patricia Suarez,
Patricia Suárez. / asuapedefin.com

Hace algunos años, la madrileña sala de teatro Cuarta Pared tenía en cartel una obra llamada Rebeldías Posibles: en ella, el protagonista, llamado Señor García, se dedicaba a reclamar unos céntimos a una teleoperadora por estar en desacuerdo con las tarifas. Eran unos céntimos, pero eran suyos y García se dedicaba en cuerpo y alma a semejante aventura y no cedía en su empeño, aunque lloviesen chuzos del cielo. Su actuación acababa inspirando a otros y así se iba creando un ejército de Garcías a lo largo y ancho de la sociedad.

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Patricia Suárez podría ser perfectamente el Señor García, de no ser porque su reclamación no ha sido contra una teleoperadora, sino contra un todopoderoso Bankinter, y tampoco se trataba de unos céntimos sino de 13.000 euros. Y ahora, después de seis años, los tribunales le han dado la razón y el banco ha renunciado a recurrir. Pero vayamos a los orígenes de la historia…

La pelea de Patricia contra la entidad financiera empezó en 2008: contrató una hipoteca, junto con su marido, con el banco. Y después empezó la guerra de hipotecas, lo que hizo que Banesto le hiciera una oferta con un interés más bajo: “Me acerqué a Bankinter a pedir que me lo mejorasen, al principio se negaron y luego me ofrecieron este producto, denominado Clip, que se suponía me tendría que proteger frente a la subida de tipos”, comenta Suárez. Podríamos pensar que era un seguro, de hecho muchos de los que lo contrataron lo pensaban, pero en realidad era un swaps de tipos de interés: un derivado sobre tipos. Si los tipos subían, lo que ganaba el cliente compensaba la subida de la letra de la hipoteca, pero si bajaban, el cliente debía pagar al banco la pérdida del derivado. Algo que los clientes, evidentemente, no sabían. “Nunca me dijeron que era un derivado, de hecho, la comercial, porque yo intenté cancelarlo varias veces cuando empezamos a ver la bajada de tipos en EEUU, me dijo que había ventanas de cancelación cada tres meses. Lo cierto es que cuando quise cancelarlo me dijeron que tenía que pagar 8.000 euros para poder hacerlo. Me eché a llorar, literalmente”, explica Suárez. ¿De dónde salía esa cantidad? “El contrato decía que podías cancelarlo a valor de mercado, y eso un minorista no sabe lo que es ni sabe calcularlo”, comenta.

Patricia, que trabajaba como autónoma desde casa, empezó a navegar por Internet durante las noches en busca de información sobre los clips y de repente se percató de que había muchos otros como ella. “Al mismo tiempo, empezamos a buscar abogado, había muy pocos en aquella época expertos en derecho bancario. En 2009 creamos la asociación, Asuapedefin, Asociación de usuarios Afectados por Permutas y Derivados Financieros”, añade.

“Primero acudimos a Ausbanc y a Adicae, pero cuando les dijimos que queríamos ver la demanda jurídica que fuesen a presentar, nos dijeron que no, así que creamos la asociación”, explica, que hoy aglutina a afectados por otros problemas con los bancos, como por ejemplo, las hipotecas multidivisas o las famosas preferentes.

Una de las primeras acciones que llevaron a cabo fue, por ejemplo, reclamar ante el Banco de España, que en un inicio emitió cuatro resoluciones favorables a su causa para posteriormente cambiar de opinión y estimar que los contratos firmados estaban perfectos: “Acudimos entonces a los Tribunales y al Defensor del Pueblo, porque cuando el Banco de España cambia de criterio tiene que justificar el por qué. El Banco de España se lavó las manos, no se puso de parte de los clientes sino de las entidades financieras. No ha cumplido con su función y, además, es una pena que sus resoluciones no sean vinculantes”, cuenta.

Su aventura ha sido toda una odisea judicial aunque, según reconoce, "nunca pensé en tirar la toalla”. Primero impusieron una demanda acumulada con otros afectados, pero el juez les obligó a presentarlas a título individual, lo que resulta más caro y hace que muchas personas bajen los brazos y acaben no reclamando.

Imagen de Wonder Woman en las redes sociales.
Imagen utilizada por Patricia Suárez en las redes sociales. / asuapedefin.com

En 2013, el juzgado de primera instancia número 21 de Madrid desestimó su demanda y absolvió a Bankinter pero Suárez recurrió. Ahora, seis años después, la Audiencia Provincial condena al banco a devolverle 13.000 euros (las cantidades que tuvo que pagar por el Clip), más 1.500 de intereses desde la demanda hasta la sentencia. ¿Cuánto dinero en total podrían estar devolviendo las entidades por este producto? “Hablamos de unos cien particulares con una cantidad media de 15.000 euros, o sea, unos 150.000 euros. Aparte, las pymes, que reclamaban cuantías mayores”, aclara.

La asociación está formada por unas 800 personas. Otro de sus logros, que le han valido a Patricia el apelativo de Wonder Woman (“así es como empezaron a llamarme en los foros de Internet”), es disponer de la mayor base de datos de sentencias judiciales contra bancos en España, no solo de swaps, sino de otros productos como preferentes, cláusulas suelo, bonos de Lehman… “Aunque las sentencias son públicas, nadie las dejaba ver. Cuando empezó a haber sentencias favorables a clientes, empecé a llamar a los abogados, uno a uno, convenciéndoles. Al principio no querían, pero luego se han dado cuenta de que así incluso atraen a más clientes”, explica.

En la web de la asociación se pueden consultar de forma gratuita unas 1.700 sentencias: “Y tengo otras 200 por publicar. Últimamente cada día nos llegan sentencias sobre las preferentes”, finaliza.

Suárez sigue teniendo su hipoteca con Bankinter, “Me cuesta caro cambiar de entidad”. Por ella paga cada año una comisión de mantenimiento de cuenta. “Mando una carta cada año quejándome de dicho coste”. Y es que cuando uno es el señor García, o Wonder Woman, no puede bajar los brazos…

(*) Lucía Martín es periodista.