Santiago de los Mozos, “una vida ejemplar en una sociedad encanallada”

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Agustín García Simón, durante la entrevista, con un ejemplar de su libro. / F. F.

Agustín García Simón (Montemayor, Valladolid, 1953) es, como decimos en el pie de su artículo mensual en La Tribuna de cuartopoder.es, editor y escritor. Editor reconocido y premiado, con una brillante trayectoria de casi 30 años al frente de la Unidad de Publicaciones de la Junta de Castilla y León,  y escritor de prestigio, tanto por su hasta ahora única incursión en el campo de la historiografía –El ocaso del emperador. Carlos V en Yuste (Nerea, 1995) se ha convertido ya en una obra de referencia– como por su narrativa en la que sobresalen la novela Valcarlos (Tabla Rasa, 2004), premiada con el Miguel Delibes en 2005, y el libro de relatos Cuando leas esta carta, yo habré muerto, editado por Siruela en 2009.

Editor y escritor, por tanto, aunque su primera vocación fue la de periodista, profesión que ejerció unos pocos años en Valladolid y en Madrid. En la capital castellana coincidí con él en El Norte de Castilla, aquel Norte al que acudía casi a diario José Jiménez Lozano y, muy de tarde en tarde, Miguel Delibes. Hemos desempolvado viejos recuerdos de nuestros comienzos en el periodismo esta misma semana, en Madrid, donde nos reunimos para hablar de su última obra, Retrato de un hombre libre. Conversaciones con don Santiago de los Mozos (*), que hace poco más de un mes publicó la editorial sevillana Renacimiento.

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Santiago de los Mozos (Valladolid, 1922-2001), un nombre probablemente desconocido para una gran mayoría de lectores, fue discípulo de Fernando Lázaro Carreter en Salamanca, catedrático de Gramática General y Crítica Literaria en las universidades de Granada y Valladolid, autor de un único libro, La norma castellana del español (Ámbito, 1984), y Premio Castilla y León de Ciencias Sociales y Humanidades en 1992. Cabe añadir en esta apretada síntesis que fue requerido por Francisco Pino para que presentara su poesía completa (Distinto y junto, Junta de Castilla y León, 1990) o que Jorge Guillén, Miguel Delibes y Lázaro Carreter le reclamaron como padrino cuando fueron investidos doctores honoris causa por la Universidad vallisoletana.

Cuando a García Simón se le pregunta por qué él y no otros intelectuales, sin duda con mayor proyección, ha merecido su atención, estalla en un torrente verbal para aclarar que De los Mozos, además de su amigo, era algo más, mucho más, que un insigne catedrático o un excelente filólogo o un extraordinario conferenciante.

“Se trata de una afinidad electiva. Entre don Santiago y yo”, me explica, “había una atracción intelectual mutua, que alimentamos casi todos los viernes durante doce años de tertulia en un café de Valladolid. Tras su muerte, me pareció obligado hacer justicia con un hombre que era de un talento extraordinario y que tuvo muchas dificultades en la vida porque su brillantez y su honradez se dieron de bruces contra una sociedad repugnante, degenerada, encanallada y muy agresiva hacia las personas limpias. Me pareció que dar testimonio de una vida ejemplar puede ser útil para que la gente vea que hay otras alternativa frente al consumo, frente a la horterada general que nos invade, frente al planteamiento de que más allá del dinero y del poder no existe nada, frente a una Cultura –menester imprescindible de la vida, como decía Ortega– que se ha convertido en un adorno más bien repulsivo del que los poderosos echan mano para hacerse fotos. Y frente a todo esto, me pareció que traer aquí, ahora mismo, una vida ejemplar como la de don Santiago, un sabio en el sentido estricto de la palabra, era una necesidad”.

Subraya el autor desde el principio de nuestra conversación las “muchas dificultades” que tuvo De los Mozos, y en el libro aclara que fueron provocadas por una “camarilla” que le hizo la vida imposible en la Universidad de Valladolid. Sin embargo, se oculta la identidad de los responsables. ¿Por qué?, le pregunto.

“A él no le hubiera gustado que aparecieran sus perseguidores, pero son fácilmente reconocibles: son los que controlaban y dirigían el departamento de Lengua y Literatura entonces y hasta hace poco. Era la parte más reaccionaria, políticamente hablando, y más integrista, desde el punto de vista religioso, de la Universidad. Y, efectivamente, le hicieron la vida imposible porque era un hombre brillantísimo, que además no tenía ambición, y porque su sentido del deber era ante estos individuos un espejo en el que se veían deformados, como en los del Callejón del Gato. Para él, que tenía un sentido moral de la vida kantiano, la enseñanza no podía ser un entretenimiento, no podía ser un medio para medrar, sino una profesión que exigía trabajo, preparación, estudio constante, sacrificio… una vida consagrada a los alumnos. Y eso no se lo perdonaba esa camarilla infecta”.

Le hago notar que, según relata en su libro, también sufrió la inquina de otros eximios intelectuales como Alonso Zamora Vicente, a quien no se puede catalogar como reaccionario e integrista. “Efectivamente, de los unos y de los otros también. En una oposición se negó a votar a un candidato propuesto por el ilustre filólogo y ya estuvo marcado para siempre. Y es que el caciquismo de los catedráticos de Universidad es una cosa de unos y de otros”.

Le digo que en el capítulo del libro sobre los intelectuales y la cultura esperaba alguna referencia a escritores vallisoletanos contemporáneos, y le citó a Jorge Guillén, Miguel Delibes, Francisco Umbral o Jiménez Lozano.

García Simón señala que sus conversaciones con De los Mozos “se ajustaban a los intereses de los dos, que coincidían en el mundo de los clásicos, del Renacimiento, de la Ilustración”.

– Pero me ha extrañado, sobre todo, que no haya ni una sola mención a Delibes.

– En el libro no la hay, pero ya que te interesa tanto te diré que don Santiago pensaba que era un gran narrador, y yo pienso que era un gran narrador, lo que ocurre es que yo le decía que la capacidad narrativa de Delibes era fotográfica y que, desde mi punto de vista, no era un escritor en el que las ideas fluyeran con brillantez porque, sencillamente, no las tenía. Él estaba de acuerdo. Por lo demás, fue padrino en el doctorado honoris causa de Delibes.

Inevitablemente hablamos del exdirector de la Real Academia Española y hoy director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, cuya figura es cuestionada por De Los Mozos en varias ocasiones.

García Simón es concluyente al respecto: “En el libro se cuentan anécdotas de García de la Concha que son necesarias para entender la vida cultural española de los últimos años, una vida que no está cimentada en bases sólidas sino en relaciones públicas”.

– O sea, que un buen resumen de lo que pensaba De los Mozos sobre la cultura actual es la frase que él mismo cita de Pedro Salinas: "abundancia, basura y caos".

– Efectivamente. En ello estamos. Es una profecía nítida para lo que estamos viviendo y lo que nos espera.

Un capítulo entero del libro, España y sus particularismos, está dedicado a analizar el fenómeno de los nacionalismos de manera hipercrítica, “casi insultante en el caso del PNV”, le comento.

“No creo que haya insultos. Lo más duro es una cita de Ramos Oliveira que, te recuerdo, fue un destacadísimo militantes del PSOE. Lo que pasa es que don Santiago vivió 10 años en Venezuela, y la colonia vasca de Venezuela, que es muy potente, él la sufrió. Qué quieres que diga este hombre, un ilustrado jacobino, como yo, pues que estos señores representan el ancien régime; es decir, lo anterior a las revoluciones francesa y norteamericana. Estos señores no han entrado en la contemporaneidad, y los fueros son una expresión de privilegio medieval intolerable en una democracia contemporánea.

Con la misma contundencia se descalifica a la derecha y a la izquierda actuales

Sobre los primeros, el autor de Retrato de un hombre libre, sentencia: “La derecha española sigue sin haber pasado por el liberalismo. Se ha quedado en una suerte de integrismo que, adaptado a formas de caciquismo en la edad contemporánea, sigue considerando el Estado un patrimonio suyo. Y mientras no llegue al liberalismo político terminará siendo pasto de intereses groseros en la corruptela. Ahí tenemos el último ejemplo, el caso Bárcenas.

Y al hilo de esta reflexión le pregunto:

Cómo un hombre republicano, agnóstico, laico y racionalista como Santiago de los Mozos puede decir: “Yo creo que, en este momento, lo que necesitamos en España es una derecha civilizada”.

– No dijo eso. Dijo en un momento determinado que, a veces, ante el mal ejemplo de la izquierda, es mejor una derecha civilizada. Y yo estoy totalmente de acuerdo. A mí dame una derecha sueca de hace 30 años, por ejemplo, antes que una izquierda patética.

6 Comments
  1. perniculás says

    Magnífico texto (esta conversación), el que nos ofrece aquí el director de cuartopoder.es. Nuestros políticos e intelectuales deberían leerlo cada mañana, al levantarse, hasta que, no sólo fuesen capaces de recitarlo de memoria en alguno de sus pasajes, sino hasta que lo pusiesen en práctica.
    Comparto lo que dice Agustín G. sobre Miguel Delibes. Hace años pensé algo parecido releyendo a García Márquez, al compararlo con Vargas Llosa. Al primero le faltaban ideas aunque manejaba la pluma como nadie.
    Y sobre lo que explica García Simón sobre la vida cultural, intelectual y política española, estoy al 100% de acuerdo con él. Así no hay manera de seguir adelante… ¿Y qué decir que la alusión a los vascos? Esto mismo pienso yo cuando oigo hablar al Urkullu de turno. ¿Pero qué es eso de los fueros? Tendrían que venir los romanos, los iberos, los neardentales, tal vez, a decirles cuatro cosas. A ver qué es eso de los derechos históricos… Finalmente, sobre la derecha española, yo, que sé mucho menos que el autor, resumo el mismo pensamiento con una frase sencilla: “Es que la derecha todavía cree que España es su finca”. Enhorabuena a periodista y a autor por el trabajo bien hecho.

  2. Llorente says

    De la Concha como paradigma de una cultura basada en las relaciones públicas. Bien tirado esta eso.

  3. Jonatan says

    Bravo por la sensatez y la inteligencia. A ver si se enteran los más posibles y se sacuden la tontería que les aplasta.

  4. Y más says

    Qué acertado lo de De la Concha. ¿Por qué no averiguan la razón última de que el rey le haya concedido el Toisón? Seguro que hay rata encerrada.

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