"No tenemos nada que agradecer al Estado español", dice la hija de un superviviente de Mauthausen

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Silvia Dinhof-Cueto. / S. D-C.

Silvia Dinhof-Cueto prometió a su padre que mientras ella viva ondeará la bandera republicana en el campo de exterminio nazi de Mauthausen (Austria), donde murieron cinco mil españoles. Su padre, Víctor Cueto, nacido en Ceceda (Asturias) en 1918, sobrevivió a aquel infierno porque un nazi lo sacó de la cantera y lo mandó a trabajar en una huerta; comía algún tubérculo a escondidas; pesaba 39 kilos el día de la liberación, hace ahora 70 años. Se quedó a vivir en Austria y falleció en Lenzing en 1990. Ella ha cumplido su palabra, aunque no le ha resultado fácil porque después de tantos años de desprecio y olvido del Estado español, es como si el símbolo que recuerda que aquellos españoles que lucharon y murieron por la libertad eran republicanos, molestase a alguien. En conversación telefónica con cuartopoder, a Silvia, que preside la Asociación Conmemorativa de los Republicanos Españoles en Austria, le parece «muy bien» que acudan dos ministros del Gobierno a rendir homenaje a los «héroes» de Mauthausen, y pide que «no les falten al respeto» arriando la bandera republicana.

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Todo un gesto por parte del Gobierno del PP –le digo.

Me parece muy bien que vengan dos ministros al homenaje en referencia al titular de Exteriores, José Manuel García Margallo, y al de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, y estoy muy contenta con su presencia y la de muchos amigos de España. Aunque no me corresponde a mí decirlo, sería conveniente que respetaran la programación de los familiares de las víctimas, porque han cambiado ya tres veces la hora del acto. La última información que he recibido es que se celebrará el día 10 a las 10 de la mañana. Estaremos allí un poco antes.

Por segunda vez en diez años acuden miembros del Gobierno español (el presidente José Luis Rodríguez Zapatero fue el primer gobernante en rendirles homenaje en 2005) y la experiencia indica que puede haber conflicto con la bandera republicana.

Nunca hemos tenido el reconocimiento legal de las autoridades españoles, y siempre hemos sido los familiares quienes rendimos homenaje a nuestros seres queridos asesinados y supervivientes de los campos. Todos los años, el Día de la Madre, 3 de mayo, coincidiendo con la liberación, hemos ido las hijas e hijos, las viudas, los nietos y nietas a rendirles homenaje, aparte de acudir al acto oficial. Recuerdo a mi padre, a Ana, de 84 años, que iba con su compañero, y a otros ya fallecidos que no aceptaban otra bandera que la republicana. Luego algunos entendieron que también debía ondear la constitucional y lo aceptamos. Después hemos visto que quitaban la republicana y la hemos vuelto a poner. Yo sé cuánto les duele esa acción injusta y arbitraria.

«Si al jefe del Estado, el rey,
se le antoja
pedir perdón
a las víctimas, estaría bien
» 

¿Cuántos supervivientes quedan en Austria?

Ya no queda ninguno con vida. Mi padre murió en 1990 y el último que quedaba, Frank, falleció en 2001. El también dijo que mientras viviera ondearía la bandera republicana, y al año siguiente faltaba, la quitaron.

Quiere decirse que el ministro de Asuntos Exteriores no tiene a ningún español con nacionalidad austriaca al que condecorar.

Así es.

¿Por qué ese empeño con la bandera? ¿Puede explicarlo a las nuevas generaciones que acaso no comprendan ese afecto simbólico?

Por respeto a la verdad histórica. Los que lucharon y murieron por la libertad eran republicanos. Franco les quitó la nacionalidad española. Yo nací apátrida, y si no hubiese sido por los estadounidenses que dijeron: «No nos movemos de aquí hasta que no se resuelva la cuestión de la nacionalidad de los supervivientes», no habría podido adquirir la nacionalidad austriaca.

Bueno, ahora, a raíz de una interpelación de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), el Gobierno se ha comprometido a reconocerles jurídicamente y a considerarles como víctimas del franquismo.

Hasta que no lo vea, no lo creo. Ya hace diez años dijeron algo parecido y no han hecho nada. Salvo dos o tres embajadores que se han portado bien, no tenemos nada que agradecer al Estado español.

¿Cree que debería ir el jefe del Estado a rendir homenaje a las víctimas?

Lo que me gustaría es que España fuera una República, que es lo lógico y lo democrático. No me gustan las monarquías, ni la española ni la británica, ninguna. Pero si al jefe del Estado, al Rey, se le antoja pedir perdón, estaría bien; fueron víctimas del Estado español (franquista) y no han tenido el reconocimiento jurídico como tales víctimas. Por el contrario, los gobiernos españoles han cambiado las leyes para impedir que se haga justicia y se persiga a los culpables.

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Víctor Cueto. / S. D-C.

Silvia y David Moyano, superviviente de Mauthausen, encabezaron en 2008 la petición de extradicción a Estados Unidos de cuatro carniceros de las SS residentes en aquel país para que fueran juzgados por crímenes de lesa humanidad por la Audiencia Nacional española, pero lo más que consiguieron fue el procesamiento de tres. Con ellos firmaban la petición Jesús de Cos Borbolla, cuyo padre, Donato de Cos Gutiérrez, fue hecho prisionero en Dunkerque y exterminado en Gusen; Concha Ramírez Naranjo, cuyo marido, Gabriel Torralba, estuvo internado en Auschwitz y fue trasladado posteriormente al campo de concentración de Flossenbürg, donde fue liberado por las tropas estadounidenses; Aurore Gutiérrez, cuyo abuelo Agustín Puente Lavin y dos tíos, Marcos y Francisco Puente Izaguirre, fueron exterminados en Sachsenhausen, en cuya enfermería permaneció el líder de la UGT, Francisco Largo Caballero, desde el 31 de julio de 1943 hasta el 24 de abril de 1945, una semana antes de que el campo fuera liberado por una unidad militar polaca.

El padre de Silvia, Víctor, tenía 21 años cuando cruzó los Pirineos junto con los miles de republicanos derrotados por las tropas de Franco con la ayuda de Hitler y de Mussolini. Enseguida se alistó en las compañías de trabajo para fortificar la defensa francesa contra los nazis, la fracasada línea Maginot, y fue trasladado en un tren a un stalag en Alemania, un campo de concentración con unos barracones infectos, donde permaneció hasta que, en septiembre de 1940, Franco dio el visto bueno a Hitler para que exterminara a los españoles y éste ordenó deportarlos a Mauthausen, uno de los campos más duros, al que iban a parar los «enemigos políticos incorregibles del Reich». Tras la liberación, Victor se quedó en localidad austriaca de Lenzing, donde reside su hija, que nunca podrá olvidar la primera visita que, siendo niña, hizo con su padre a Mauthausen, ni el lugar, una sombría esquina, donde los perros dóberman, adiestrados como vigilantes, descuartizaban a los presos más díscolos que les echaban los carceleros nazis para alimentarlos. «Era una esquina terrible», recuerda.

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