La cesión en Galicia abre un nuevo escenario para Podemos y las confluencias

Eduardo Ocaña *

Xulio Ferreiro, alcalde de A Coruña y uno de los líderes de En Marea, junto a Pablo Iglesias, Secretario general de Podemos en un mitín el año pasado. / Efe
Xulio Ferreiro, alcalde de A Coruña y uno de los líderes de En Marea, junto a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, en un mitín el año pasado. / Efe

A pocos minutos para la medianoche del viernes y al límite de las negociaciones, Pablo Iglesias anunció a través de Twitter el acuerdo con En Marea por el que concurrirían juntos a las elecciones gallegas del 25S, “sea cual sea la fórmula”, lo que en la práctica significaba que la fórmula no sería la coalición electoral, posición defendida por el partido morado en Galicia y por parte de la dirección estatal a través de Carolina Bescansa y Pablo Echenique en las propias negociaciones. Podemos acudirá bajo el paraguas de un partido instrumental por primera vez a unas elecciones autonómicas.

Publicidad

Tras llevar la situación al límite, con amagos de ruptura hasta el último momento, fue el líder de Podemos, alejado del foco de la actualidad política en los últimos tiempos y que no se había pronunciado durante los largos días de negociaciones, el encargado de anunciar el desbloqueo de la situación y la cesión por su parte a través de las redes sociales. Gesto que Xulio Ferreiro, alcalde de A Coruña  y uno de los principales promotores del proceso de En Marea, no tardó en alabar por su “generosidad y altura de miras”. Pasada ya la medianoche y sin detalles sobre el acuerdo alcanzado entre las direcciones de las formaciones, los principales líderes políticos a la izquierda del PSOE celebraron en redes sociales el pacto alcanzado por las cúpulas, que abre un escenario inédito en las relaciones entre Podemos y sus socios territoriales y que, esta vez, va más allá de una cuestión de siglas o de una mera elección sobre una forma jurídica sin más trasfondo.

La nueva situación choca con la directriz aprobada hace casi dos años en la Asamblea ciudadana de Vistalegre, en la que el partido apostó por presentarse con “marca propia” en las autonómicas y municipales a través de “candidaturas ciudadanas”, siempre y cuando, matizaron, “no fueran un traje nuevo o una sopa de siglas de lo viejo”. Mucho ha pasado desde aquel octubre de 2014. Procesos como el de la confluencia en Cataluña fueron desvirtuando lo que significaba concurrir con una marca propia y, por otro lado, la potencia demostrada por los procesos ciudadanos municipalistas ha ido poniendo en evidencia un nuevo equilibrio entre el partido de Pablo Iglesias y sus socios periféricos relanzados por estos procesos.

En el caso de Galicia, se puso de manifiesto tras las elecciones municipales de 2015 con la victoria al PP en las ciudades de A Coruña, Santiago y Ferrol por candidaturas de mareas municipales sin una presencia efectiva de Podemos, al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en el Ayuntamiento de Madrid. Conviene recordar que estas candidaturas han ido acogiendo en según qué lugares a unos y otros actores “viejos” o no necesariamente tan nuevos como Podemos: es el caso de Anova y Esquerda Unida (la federación de IU en Galicia).

Por otro lado, tampoco ha ayudado la recurrente crisis interna dentro del partido morado en Galicia, que viene de lejos y que el pasado abril dividió literalmente en dos al Consejo Ciudadanos Autonómico, tras la destitución desde Madrid del secretario general Breogán Rioboó. La actual secretaria, Carmen Santos, se impuso por apenas 50 votos, aunque más adelante quedó en minoría en el órgano autonómico ante el sector crítico: los miembros de la otra candidatura, encabezada Ángela Rodríguez, que la acusaban de oponerse a concurrir junto a las confluencias.

Tras acudir con relativo éxito a las generales del 20D y con algo menos a las del 26J en coalición con los integrantes de las mareas municipales, Esquerda Unida y Anova en la candidatura En Marea al Congreso de los Diputados, Podemos tenía difícil defender la opción de acudir en solitario a las elecciones gallegas. Las  encuestas señalaban en el mismo sentido, poniendo a En Marea muy por delante de ellos en caso de presentarse por separado. Ante esta situación, la dirección gallega de Carmen Santos optó por consultar a sus bases sobre si ir en “alianza” (en la que ganó el sí con el 75%) y defender la fórmula de la coalición, es decir, acudir juntos sin entrar en proceso de primarias con En Marea y negociando el encaje de las candidaturas y la persona para encabezarla en una lista única. Ésta era la opción mejor vista desde Madrid por el secretario de Organización estatal, Pablo Echenique, y la Responsable de Análisis político, Carolina Bescansa, quien la defendió abiertamente, respaldando la posición de la secretaria gallega.

Del otro lado, los integrantes de la nueva marea nacida el pasado 30 de julio en Vigo, con los alcaldes gallegos “del cambio” a la cabeza junto a Esquerda Unida y Anova, dejaron claro desde ese mismo día que su propuesta era la de abrir un proceso de primarias en el que medir sus fuerzas con los morados. E invitaban a que Podemos se sumara en “igualdad de condiciones” al resto de partidos que forman En Marea, entrando a formar parte de su partido instrumental y renunciando, por tanto, a una relación de tipo bilateral con ellos, como proponía Podemos con la coalición.

La “generosidad” de Pablo Iglesias y de Podemos se traduce en aceptar la fórmula del partido instrumental, rechazada hasta ahora, abriendo el camino para que Podemos renuncie a su “marca propia” en procesos autonómicos. Este hecho contrasta con lo ocurrido paralelamente en el caso de la confluencia para las elecciones vascas, que se celebrarán en la misma fecha que las gallegas. Allí, sin hacer apenas ruido, Podemos Euskadi ha alcanzado un acuerdo con Ezker Anitza (federación de IU en el País Vasco) y Equo para acudir en forma de coalición y con la candidata propuesta por Podemos Euskadi, Pilar Zabala, como persona de consenso para encabezar la lista. El nombre acordado por la confluencia es Elkarrekin Podemos, reeditando el nombre “Unidos Podemos” usado en las últimas generales, pero con la primera palabra en euskera.

El nuevo escenario abierto en Galicia revela un panorama en el que es difícilmente evitable que Podemos pueda mantener el liderazgo electoral frente a sus potenciales aliados en algunos territorios. Ahora bien, se ha visto que el juego de equilibrios dependerá de la capacidad de negociación entre la dirección de Podemos y los distintos liderazgos territoriales de sus socios. Especialmente en aquellos lugares donde han sido los movimientos municipalistas desligados del partido morado, como también sucede en Cataluña, los que capitalizaron los resultados en los comicios municipales del 24 de mayo de 2015, un año después de la irrupción de Podemos en las elecciones europeas.

(*) Eduardo Ocaña es periodista.