Rajoy pone fin a 14 años de marianismo con su particular “dedazo”

Había expectación ayer por comprobar si el expresidente del gobierno, Mariano Rajoy, esbozaba al menos un gesto para señalar a su favorito en la carrera por la sucesión en el Congreso del PP. Pero Rajoy no sorprendió. Él mismo acostumbra a decir que “soy previsible” y, como todo el mundo preveía, no quiso utilizar el mismo método por el que él fuera designado presidente del PP, cuando José María Aznar lo designó con un buen “dedazo”.

Lo aventuraban horas antes de iniciarse el Congreso del PP la diputada Celia Villalobos “Rajoy dirá adiós y gracias”, atajando cualquier suspicacia sobre posibles mensajes subliminales del líder saliente, para señalar a su favorito…El propio presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, que igual que Villalobos, llegó con mucha prontitud a la cita, aseguró que Rajoy no se iba a decantar por ninguno de los dos aspirantes en su discurso… “igual que yo”, añadió. En todo caso, la inmensa mayoría de los compromisarios consultados sin cámara ni micrófonos por cuartopoder.es aseguraron que “Rajoy quiere a Soraya y Feijoo a Pablo Casado”. No parece que nadie lo dude.

En cualquier caso, no hubo “dedazo” para señalar a su delfín, pero sí un sonoro dedazo acusador. Rajoy, sin necesidad de mencionarlo, señaló a Aznar y lo acusó, en su último discurso como presidente del partido. Cuando el gallego dijo “Me aparto, pero no me voy. Seré leal”, todo el mundo entendió que aquella afirmación era una acusación, por pasiva, de deslealtad a José María Aznar, quien no ha sido invitado al gran evento popular, quizás por haber dicho no sentirse representado ni cómodo en el PP, entre otras críticas directas a su dirección saliente.

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Hubo más sobreentendidos en el discurso de Rajoy. Los partidarios de Sáenz de Santamaría, por ejemplo, entendieron, claramente, que Rajoy estaba apostando por Soraya cuando hizo su defensa de la gestión del gobierno en Cataluña. Cuando reivindicó como logro de su gobierno el hecho de que Carles Puigdemont no haya sido investido presidente, los partidarios de Soraya creyeron ver una “flor” lanzada por el todavía presidente del PP a la ex vicepresidenta, por la presentación del polémico recurso preventivo que Sáenz de Santamaría llevó ante el Tribunal Constitucional, para impedir esa investidura, como también vieron en toda la larga reivindicación de la gestión del Ejecutiva a Soraya Sáenz de Santamaría. Los de Casado, en cambio, no daban crédito e insistían en la exquisita neutralidad de Rajoy. Todo depende del cristal con que se mire.

La cuestión es que una parte de los 3082 compromisarios ha jurado fidelidad a ambos y que, más allá de la propaganda de las candidaturas y de la pretendida exhibición de apoyos y fuerzas, ninguno de los candidatos tiene la certeza de que saldrá ganador, por mucho que digan.

Públicamente, hablan de integración, pero basta escuchar a los equipos de ambos para saber que esa unidad de la que hablan no va a ser posible ni a corto ni a medio plazo. Y enfrentarse a unas elecciones, como por ejemplo las andaluzas (si finalmente se adelantan a este otoño) , o posteriormente las municipales, autonómicas y europeas con la fractura que se ha abierto en el PP, es una actividad de alto riesgo para cualquier partido. Ni que decir tiene que el PP tiene un camino difícil por delante, como admiten sus propios dirigentes, para recuperar los casi 3 millones de votantes, si nos fijamos en los últimos resultados electorales y los 5´5 millones si atendemos a las últimas encuestas publicadas.

Pero ayer sí fue un día de unidad durante la despedida de Rajoy y del marianismo; incluso de unidad física. Los compromisarios del PP se vieron ayer obligados literalmente casi a amontonarse, no ya en el plenario, donde no hay sitio para todos (el aforo es de poco más de 2000 personas) sino en los pasillos y espacios del hotel elegido a toda prisa para celebrar este Congreso del PP, pero eso no tiene nada que ver con lo que proclaman los aspirantes a liderar el PP. A partir de mañana, el ganador tendrá que enfrentarse a todos estos problemas… probablemente sin la colaboración de buena parte de sus compañeros de partido.