La apostasía como protesta contra la Iglesia tras el rechazo a la ley del aborto en Argentina

  • Algunos desconocen la parroquia donde fueron bautizados mientras que, según algunos testimonios, a veces el párroco se niega a entregarla u organiza una cita en persona para intentar disuadir al apóstata

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A principios de mes, el Senado argentino rechazaba, por 38 votos a 31 y tras una importante campaña de grupos católicos y de la propia Iglesia en el país, despenalizar el aborto. Días después, decenas de argentinos y argentinas partidarios de la reforma de la ley del aborto se han congregado en al menos dos ocasiones en plazas y calles para afirmar que la Iglesia “no les representa” y que están en contra de “su accionar político”. “Lo he hecho por coherencia”, afirma a cuartopoder.es Martina, una joven de Buenos Aires que participó en un evento de apostasía colectiva frente a notario la semana pasada. En solidaridad, algunos colectivos, especialmente los grupos feministas, han llamado en redes a imitar las campañas de “apostasía colectiva” en España. Sin embargo, no hay datos oficiales de cuántos finalmente han decidido apostatar: la Iglesia no está obligada a hacer públicos los registros del número real de fieles, y aunque el proceso no es imposible, algunos de los que se embarcan en él advierten de “los trámites, las esperas y los intentos de disuasión” de la Iglesia católica.

“En Argentina ahora, con el movimiento para la legalización del aborto, han subido mucho las visitas a la página”, explica el promotor de la web apostatar.org, Juan Vera, una web que da consejos prácticos sobre cómo apostatar en España y recoge testimonios de apóstatas. El proceso es factible y se produce de forma “bastante natural” en toda España -“dependiendo de la disposición de cada diócesis”, puntualiza-, pero laborioso: además de compulsar ante notario el DNI, es también necesario localizar la partida de bautismo. Éste es el paso que más problemas puede acarrear, pues algunos desconocen la parroquia donde fueron bautizados mientras que, según algunos testimonios, a veces el párroco se niega a entregarla u organiza una cita en persona para intentar disuadir al apóstata.

“A mí me recomendaron que no dijera que quería mi partida de bautismo para apostatar. Dije que la quería para apuntarme a una ONG y no tuve problema”, cuenta Covadonga, que ahora forma parte de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL). El precio del trámite varía dependiendo de las parroquias, pero está en torno a los 8 euros.

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A los documentos certificados hay que añadir un documento explicando los motivos y la voluntad de apostatar. Algunas webs y portales como Europa Laica o el propio AMAL ofrecen un modelo que, una vez firmado, hay que enviar al obispado o arzobispado. En este punto, los distintos testimonios varían: “Hay algunas diócesis que tienen el proceso muy automatizado”, explica Vera, mientras que otras, como es el caso de Fernando (nombre ficticio), se toman su tiempo. “Tuve que llamar varias veces porque pasaban las semanas y no recibía contestación. Luego me llegó un formulario para rellenar con algunas preguntas y donde me advertían de las consecuencias prácticas de salir de la Iglesia”. Tras unas semanas y alguna llamada de teléfono, Fernando recibió por fin la carta del Obispado confirmando que su apostasía había sido anotada en libro de bautismo, y bromea que la tiene "enmarcada” en su casa.

Pero no siempre queda un registro. Según cuenta el presidente de AMAL, Luis Vega, él ha apostatado “varias veces”. “La segunda vez que apostaté fue para comprobar si lo habían anotado en la partida de bautismo, si me habían quitado de sus registros. No había nada apuntado”.

“Creemos que apostatar debería ser un proceso civil. Como ir a una ventanilla, hablar con un funcionario y darse de baja de una organización de la que ya no quieres ser parte”. Así podría ser si los archivos de la Iglesia estuvieran sujetos a la Ley Europea de Protección de Datos. “La Iglesia se escuda en que no tiene registros públicos para que no se le aplique”. En esta línea se pronunció el Tribunal Supremo con una sentencia en 2008 en la que estableció que los libros bautismales y partidas de bautismo no pueden modificarse voluntariamente: “(Se sostuvo que) los documentos de la Iglesia son documentos históricos, por lo que no pueden ser destruidos. Lo más que pueden es añadir un apunte”, detalla Vega.

Sin registro público, los datos disponibles son del CIS. En 2018, el 66,9% de los encuestados se definió católico, aunque de ese porcentaje sólo el 13,9% se considera practicante y acude a actos religiosos “casi todos los domingos y festivos”. La cifra total de cristianos ha bajado 10,4 puntos porcentuales en los últimos 12 años. El 26,4% de la población se define como atea o no creyente. Los matrimonios religiosos también están a la baja: apenas el 22% del total de enlaces es por la Iglesia. Como contraste: según el Anuario Pontificio de 2017, en España hay más de 43 millones de bautizados.

“Nadie cuestiona la cifra que da la Iglesia de sus seguidores”, apunta Luis Vega, que añade que “la utiliza como fórmula de presión” en la política española. Sin embargo, advierten tanto el presidente de AMAL como el organizador de “apostatar.org”, señalando uno de los mitos más extendidos entre los apóstatas, “el hecho de apostatar no afecta económicamente a la Iglesia”. AMAL calcula que la Iglesia recibe cerca de 12.000 millones de euros en los presupuestos del Estado (cálculos de 2016) fruto de las ventajas acordadas en el concordato firmado entre España y el Vaticano, y la llamada “casilla de la Iglesia” apenas conlleva 300 millones.

“Yo lo hice por coherencia interna. No quería tener nada que ver con la institución que es la Iglesia Católica”, explica Vera. Una idea análoga a la que atrajo a Martina a la celebración de la “apostasía colectiva” en Buenos Aires.

En España, AMAL ha organizado actividades similares: hace unos meses concluyó su tercera campaña de apostasías colectivas, que congregó ante notario a 80 personas. A la vuelta de las vacaciones, entregarán el documento notarial ante la Conferencia Episcopal y el Ministerio de Justicia, y comenzarán una nueva campaña en octubre-noviembre. Otras organizaciones feministas están organizando apostasías colectivas para Navidad.

Aunque el rechazo del Senado argentino a la legalización del aborto ha avivado el debate sobre la apostasía, Vega admite el número de apóstatas es probablemente inferior a aquellos que se consideran ateos en España. “Muchos no apostatan porque no se cuestionan el tema, especialmente los jóvenes. Simplemente no son practicantes ni van a misa”.

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